La libertad que supimos conseguir

Por Fernando Poó

miércoles 27 de noviembre, 2019

“Quien quiere ser alguien compra un Ferrari,

quién ya es alguien tiene un Lamborghini”

Frank Sintra

 

“He elegido a los automóviles como símbolo

de extrema libertad para el hombre.”

   Enzo Ferrari

 

Suele suceder que cuando alguien compra un auto recibe felicitaciones de sus familiares, de sus amigos, y hasta de sus vecinos. Es un hecho social y cultural significativo. ¿Por qué se felicita a alguien por comprar un auto y no otro tipo de objetos? ¿Qué dice un auto de su dueño? ¿El automóvil es un indicador de perseverancia, esfuerzo y éxito? ¿Un auto es solamente un vehículo? Estas preguntas son importantes para entender algunos de los motivos que nos impulsan a utilizar automóviles aun cuando podríamos recurrir a formas de movilidad más eficientes y amigables con el ambiente.

Durante mucho tiempo las explicaciones sobre el uso de los automóviles se enfocaron principalmente en su utilidad como medio de transporte. Entre ellas pueden mencionarse la rapidez, la flexibilidad y la conveniencia. Sin embargo, las frases de Frank Sinatra y de Enzo Ferrari que encabezan esta columna sugieren que los autos no se utilizan solamente por razones utilitarias. La forma en que las personas hablan de los autos indica que también existen motivaciones simbólicas y afectivas. El auto puede ser un símbolo de estatus o de pertenencia social, una forma de expresar la personalidad, o de experimentar placer. Entonces no es raro que nuestro ser en el mundo y nuestra libertad sean el reflejo del auto que supimos conseguir.

Desde hace un tiempo los psicólogos interesados en temas de movilidad comenzaron a estudiar los factores afectivos y simbólicos que pueden explicar el uso de automóviles. Los hallazgos señalan que tienen un peso tanto o más importante que su utilidad como medio de transporte. Sin embargo, cuando a las personas se les pregunta directamente por sus motivaciones para utilizar un auto tienden a no reconocerlo. La situación cambia cuando las preguntas son ambiguas. En ese caso, los factores afectivos surgen como el principal motivo para hacerlo. Cuando los conductores relacionan su vehículo con sentimientos de independencia e identidad personal, estan menos inclinados a dejar de usarlo. Algo parecido pasa cuando las personas se sienten emocionalmente apegadas a su automóvil. En ese caso, manejan más a menudo y evalúan de forma más negativa las políticas destinadas a reducir su uso, comparados con quienes no tienen sentimientos especiales hacia él. Cuando los individuos consideran que el automóvil mejora su calidad de vida, o simplemente cuando gustan de ellos, es muy probable que compren uno. Algo similar pasa con quienes conducen a menudo, ya que tienden a evaluarlos de manera positiva. Tal vez más preocupante es que al comparar el uso del auto con el uso del transporte público el auto queda mejor posicionado en aspectos utilitarios, simbólicos y afectivos, aun entre conductores ocasionales.

Entender las motivaciones que llevan a las personas a utilizar sus automóviles puede orientarnos  hacia el desarrollo de alternativas de movilidad más sustentables. En la actualidad, el vehículo privado tiene numerosos impactos negativos sobre el ambiente, entre los que se destaca la liberación de CO2 a la atmósfera, uno de los gases que más contribuye al calentamiento global. La prevalencia del auto como medio de transporte impacta sobre el uso del espacio público, y colabora con un diseño urbano que aumenta progresivamente nuestra dependencia del vehículo motorizado individual. El gusto por la ironía nos lleva a preguntarnos si la libertad que suponia Enzo Ferrari es la misma que San Martín imaginaba cuando dijo “seamos libres y lo demás no importa nada”.

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