Cambios estivales

Por Fernando Poó

martes 14 de enero, 2020

Mar del Plata cambia su fisonomía cada verano, muta a medida que los días se vuelven más largos y la luz del sol impacta perpendicular sobre el hemisferio sur. Se vuelve una ciudad balnearia y el número de habitantes puede llegar a triplicarse. Los horarios pico son otros que los del invierno con su agenda escolar y laboral. El calor marca el ritmo de los viajes y determina las zonas más visitadas. Estos cambios son un desafío para una ciudad que todavía no ha resuelto los problemas de transporte y movilidad para sus residentes. En consecuencia, los visitantes se suman al sistema de tránsito vigente y las calles se llenan de autos. Son tantos que conforman una marea de metal con sus flujos y reflujos. El predominio del auto genera congestiones, demoras, ruidos molestos, dificultades para estacionar y hasta para caminar. Ninguna de esas situaciones podría ser parte de la postal de una vacación soñada, pero las alternativas no se ven en el horizonte. No está de más insistir en que existen otras posibilidades que bien instrumentadas podrían ser atractivos turísticos.

El auge de la bicicleta es un ejemplo de ello por muchas razones. Es el medio de transporte más eficiente en cuanto al uso de energía que ha inventado el hombre. El 98.6% de la energía que se crea pedaleando se transforma en movimiento. Se requieren alrededor de 100 calorías para recorrer unos 5 kilómetros. Si un automóvil fuera igual de eficiente podría recorrer 310 kilómetros con un litro de combustible. La Organización Mundial de la Salud recomienda 150 minutos de actividad física moderada por semana para las personas que tienen entre 18 y 65 años de edad. Pedalear media hora diaria cubre la demanda de actividad física para estar sano. Andar en bicicleta regularmente se asoció a mejoras en problemas coronarios, problemas respiratorios, accidentes cerebro-vasculares, el mal de Alzheimer, la diabetes tipo II, el bajo estado de ánimo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, y los síntomas del mal de Parkinson, entre otros. La Comunidad Económica Europea estimó que cada euro de inversión en infraestructura ciclista  produce un retorno de ocho euros al Estado. En el cálculo se incluyen las mejoras en salud asociadas con la movilidad ciclista.

El uso de bicicletas crece alrededor el mundo. En ciudades de Estados Unidos como Washington, Chicago, Portland, Nueva Orleans, y San Francisco, su uso para viajar al trabajo creció entre el 300 y el 500 % en los últimos 15 años. Paralelamente, las ciudades están restringiendo el acceso de los automóviles a los centros urbanos. El movimiento hacia la recuperación de la bicicleta como medio de transporte urbano es mundial y no solo un capricho de ciudadanos del primer mundo. Jakarta (Indonesia), Hyderabad (India), Johanesburgo (Sudáfrica), Bogotá (Colombia) y Buenos Aires son ciudades con iniciativas que impulsan su uso.

El espíritu de la época tiene como banderas el cuidado del ambiente y la actividad física, mientras tanto, Mar del Plata desaprovecha características que la hacen ideal para el uso de bicicleta. Es una ciudad con pocas pendientes, de calles amplias, y con clima templado. Sin embargo, no existe ningún corredor aeróbico claramente señalizado (aunque en la ciudad se corre un maratón todos los años), y las bicisendas no llegan ni a la categoría de rumor. No existe un servicio de bicicletas públicas. En las vías de acceso a las playas el tránsito colapsa. La mayoría de los balnearios tienen grandes superficies para estacionar autos, pero en muy pocos es posible encontrar bicicleteros. La coordinación entre el transporte activo y el transporte público tampoco existe. No es necesario llegar a los niveles de las ciudades holandesas que compiten año tras año por ser calificadas como mejor ciudad ciclista, pero es importante entender que la movilidad y el transporte también son desarrollo social, economía, y turismo.

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