Al borde del estallido

La industria pesquera marplatense se resquebraja en los eslabones más débiles y pone en riesgo miles de fuentes de trabajo. Frigoríficos con altos costos laborales no pueden enfrentar un contexto desfavorable donde las retenciones fueron solo la gota que rebalsó el vaso. Habrá respuestas para corregir la ecuación. ¿Llegarán a tiempo?

domingo 19 de enero, 2020

Por Roberto Garrone

Are Pesca bajó la persiana y ya arregló con los 100 trabajadores con los que se vinculaba. En realidad nadie sabe cuántos fueron porque no conocí el nombre de ninguno. Con las gestiones de la Nena Comisso y su socio Diego Cogliandro, el frigorífico se deshizo de un centenar de obreros en un abrir y cerrar de ojos.

Singularidades que regala esta industria pesquera marplatense en pleno verano y con la mayoría del personal de vacaciones. Lo que hubiese sido un escándalo, tapa de diario y nota principal en los portales si ocurría en otro sector productivo/comercial de la ciudad, el colapso pasó casi que desapercibido en medio del romance con las nuevas autoridades y obreros que parecen de segunda.

Ni siquiera la CGT sacó un comunicado. Nadie se solidariza con los trabajadores del pescado. “No visibilizamos la crisis para que los compañeros no se perjudiquen aún más y pierdan el presentismo”, razonan en el SOIP para explicar el porqué del modo avestruz. La cabeza bajo la tierra.

Frigorífico del Sud Este presentó quiebra el año pasado y desfila al borde del precipicio con una deuda en dólares imposible de pagar. Los riesgos de maquillar pérdidas con financiamiento a tasas bajas siempre y cuando el dólar se mantenga en valores razonables. Casi un milagro en es este país péndulo. De la decisión del síndico dependen otros 100 obreros.

Ostramar quiere presentar quiebra y arrastrar a 300 trabajadores entre registrados bajo convenio del 75 y precarizados en cooperativas que en verdad son solo un sello de goma, a un arreglo extrajudicial como el que consiguió Berasategui en Arte Pesca.

En el puerto no hay doble indemnización para nadie. Aunque sea ley. Al sur de Juan B. Justo imperan otras leyes: la de las necesidades urgentes. La de agarrar lo que te den con la esperanza de conseguir otra mesa para cortar en otro lado. Pero la pesca ya no regala futuros promisorios. Solo presentes de penurias.

La idea de descontinuar la actividad en Ostramar, Taturiello y los sellos de goma, la comunicó en las últimas horas Marcela Caputo a un grupo de delegados. Hija de Luis, el armador del Repunte y fundador del Grupo, las cosas no le fueron fáciles desde la muerte de su papá, con una flota obsoleta y desvencijada.

El SOIP por ahora se maneja en los bordes del pantano. Cristina Ledesma no se ha manifestado públicamente pero busca persuadir a las autoridades de la gravedad del problema. Lo que hemos dicho desde esta columna en reiteradas oportunidades. O parecido.

El modelo productivo atado al pescado fresco hoy no tiene rentabilidad, ahogado por costos y conflictividad laboral, presión impositiva extrema, restricción a determinadas especies que conducen a la merluza como único destino. Caída de precios, falta de ventas, mercado interno deprimido… El combo lo completan algunos precios de otro planeta: 240 el kilo de filet de merluza; 320 el de cornalitos y 680 pesos el kilo de rabas. Sí, leyó bien, 680 pesos el kilo de rabas … sí, un delirio.

Hasta acá el más ocupado en evitar un efecto contagio que aceleraría el estallido es Carlos Liberman. Los que tienen un trato cotidiano señalan que el nuevo Subsecretario de Pesca pasa más de 15 horas por día en su despacho revisando números, escalas, guarismos, nomenclaturas, aranceles. Esta claro que se viene una diferenciación de modelos productivos. Incentivar al que da trabajo y suma valor en tierra por sobre el que pesca y reprocesa en alta mar.

No hay espacio para medidas populistas como subsidios para todos, todas y todes como aplicó el gobierno anterior antes de las preliminares PASO y que se fue de la gestión debiendo dos meses. Se requiere de una batería de medidas que atiendan a la flota –puede ser costo de combustible diferenciado- y a los frigoríficos –reducción o baja de retenciones- rebaja en servicios sanitarios, tasas e ingresos brutos- de modo que devuelvan vida a eslabones que hoy están en terapia intensiva, produciendo con costos superiores al precio de venta.

El punto por estas horas es saber si todo lo que se estudia y analiza llegará a tiempo de frenar la hecatombe, de evitar el estallido.

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