Un choque no es un accidente

La lengua no es la envoltura de la palabra sino el pensamiento mismo ~ Miguel de Unamuno

miércoles 22 de enero, 2020

En el año 2001 el British Medical Journal, una de las revistas médicas especializada más antiguas del mundo, publicó un artículo editorial titulado BMJ prohibe los “accidentes”. Los accidentes no son impredecibles (Título original en ingles: BMJ bans “accidents”. Accidents are not unpredictable). Además de argumentar sobre la necesidad de dejar de usar el término accidente, los editores le comunicaban a la comunidad de investigadores que ningún artículo donde fuera usado de forma inapropiada sería considerado para su publicación. De este modo, hacían visible el esfuerzo de más de dos décadas para corregir su uso.

El argumento principal para dejar de utilizar la palabra accidente en seguridad vial es su significado. De acuerdo con su definición se trata de un suceso eventual, generalmente azaroso e impredecible, que altera el orden regular de las cosas, que tiene como resultado algún daño material o personal y que carece de una explicación racional. El término accidente es inespecífico, por eso puede ser usado para referirse a sucesos tan distintos como fallas en plantas nucleares o problemas cerebro-vasculares. Además, el adjetivo accidental se utiliza para calificar aquello que es contingente o que sucede por una causa imprevista. De todo esto resultan dos problemas. El primero, que el término accidente no explica aquello a lo que se refiere (Neira & Bosque, 2001). El segundo, que carece de sentido estudiar las interacciones ambiente-persona-máquina que dan lugar a los eventos que solemos denominar accidentes (Bijur, 1995). En términos prácticos, se deriva la imposibilidad de prevenirlos.

La preocupación por las consecuencias de usar la palabra accidente no es solo una cuestión léxica o técnica. El temor es que su significado sea prevalente en la población general de manera que haga difícil cualquier intento de prevenirlo. Por eso, hace algunos años se realizó una investigación en Estados Unidos para evaluar cómo las personas del público general interpretaban la palabra accidente. Participaron en la investigación 6751 personas. Sólo un tercio de ellas creyó que se trataba de eventos que podían predecirse. Además, la mayoría de los participantes consideró que el comportamiento de los individuos no se relacionaba con participar en un choque. Una posible explicación para estas respuestas es que las personas suelen evaluar los eventos desde una perspectiva individual, y no general. Desde este punto de vista es muy posible observar que la mayoría de los comportamientos de riesgo (propios o ajenos) no derivan en choques. Obviamente, la asociación entre el comportamiento y los choques se vuelve visible cuando la perspectiva de análisis es general, es decir, cuando se recolecta información a nivel poblacional.

La Organización Mundial de la Salud sugiere usar el término choque de tránsito en lugar de la palabra accidente para referirse a una colisión o incidente que involucre al menos a un vehículo con ruedas, que ocurra en un camino público o en un camino privado al cual la población general tiene derecho a acceder. Esta definición incluye a los choques que ocurren entre un vehículo con ruedas y peatones, animales, objetos fijos y vehículos que corren sobre rieles. Cambiar el lenguaje y sus significados es una tarea compleja. En este caso dependerá del compromiso de distintos actores sociales. Los especialistas, los comunicadores sociales, y los funcionarios públicos tienen la responsabilidad de tomar la iniciativa, la sociedad en su conjunto debe actuar. Nuestras palabras son la forma en que entendemos el mundo.

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