Monopatines eléctricos

Por Fernando Poó

jueves 30 de enero, 2020

Cada día es más extendida la percepción del tránsito como algo problemático. Forma parte de la conversación cotidiana, se ha convertido en un tema en los medios de comunicación y poco a poco se va incorporando en la agenda de políticas públicas. Es, además, un espacio para la búsqueda de soluciones individuales e innovaciones tecnológicas. Una de las últimas novedades son los monopatines eléctricos. Con la promesa de flexibilidad, eficiencia y bajo impacto ambiental se van extendiendo en el horizonte de la movilidad.

Los monopatines eléctricos son uno más entre varios vehículos que están configurando un cambio en el tipo de energía utilizado en el transporte. Los autos, las motos y las bicicletas eléctricas son parte de ese grupo. No obstante, no son absolutamente novedosos. El motor eléctrico supo competir con el motor de combustión interna en el comienzo de la industria automotriz. Aunque perdió, permaneció en la sombra sin desaparecer. El documental Quién mató al auto eléctrico muestra muy bien parte de esa historia. Tanto la bicicleta como el monopatín combinan vanguardia con historia. En ambos casos, la promesa es viajar con menos esfuerzo, con algo más de velocidad, pero de manera sustentable. No obstante, en el caso del monopatín cabe preguntarse si son seguros y si el sistema de tránsito es adecuado para su uso.

Para ser justos, lo primero que debe decirse es que muchas innovaciones en materia de transporte han generado suspicacia en cuanto a su seguridad. La bicicleta y el auto fueron mirados con sospecha y comenzaron sus días con choques, lesiones y muertes. Las razones de ello eran intrínsecas y también contextuales: los caminos eran adecuados para carruajes tirados por caballos, pocas personas habían visto alguna vez aquellas máquinas novedosas, las normas de circulación no las contemplaban, y no contaban con dispositivos de seguridad adecuados. La semejanza con el monopatín es evidente. En primer lugar en la mayoría de las ciudades de la Argentina el transporte no está segregado. Excepto los peatones, todas las demás formas de moverse usan la misma vía, no importa el porte ni la velocidad del vehículo. La Ley de Tránsito no incluye a los monopatines, algo obvio dada su reciente aparición, aunque algunas jurisdicciones, como Buenos Aires, han reglamentado su uso. Por último, es más probable haber visto un monopatín eléctrico en fotos o en videos que de manera directa.

Si consideramos al vehículo en sí mismo, hay algunos cuidados a tener en cuenta. En primer lugar, los monopatines que están disponibles actualmente no tienen buena amortiguación. Requieren que la calle esté en excelentes condiciones para no perder estabilidad. La velocidad máxima a la que pueden desplazarse es 25 kmts/h. Por ese motivo es recomendable utilizar casco y otros medios de protección como rodilleras o coderas para protegerse en caso de una caída. Como no hay una normativa general que lo establezca, su uso depende de una decisión personal. Aun en jurisdicciones donde es obligatorio, dado que la mayoría de los monopatines son de alquiler (y las compañías no los proveen), es raro que los cascos sean utilizados. En consecuencia, ya se oyen las historias de golpes y lesiones. En materia de movilidad nada es completamente original, y todo se inscribe en una matriz existente. Aunque los cambios son rápidos, hay lecciones que ya deberíamos haber aprendido. Han pasado muchos años desde que los carruajes tirados por caballos dominaban las calles.

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