Entre la Vida y la Economía, la gente

Por Roberto Manuel Ortea

sábado 28 de marzo, 2020

El mundo enfrenta desde fines de 2019 una situación crítica para la modernidad, desatada por la pandemia CoVid 19, y que traerá consecuencias perdurables tanto económicas como sanitarias; medidas en caídas de producción y perdidas de empleo, así como un costo seguramente elevado en vidas humanas. A raíz de ello, ha comenzado un debate sobre qué priorizar a raíz de la emergencia, una dicotomía aparente entre la salud pública o la economía.

El punto central del problema que enfrentamos lo podríamos ejemplificar como una curva de Phillips que en vez de analizar el trade off existente entre la inflación de salarios y la tasa de desempleo, analiza la aparente contradicción entre la cantidad de infectados (y sus consecuentes muertes) derivados de la pandemia, y el grado y duración de la recesión, que afectará la pérdida de empleos de miles de argentinos. Nos enfrentamos a una disyuntiva entre cantidad de días de la medida sanitaria correcta (el aislamiento social) y cuanta retracción de la producción puede soportar socialmente un país con tasa de pobreza por encima del 35%.

En un trabajo de los economistas Eichenbuam-Rebelo-Trabant, los mismos plantean que: “…En ausencia de vacunas, la única manera de prevenir la propagación de la epidemia es que la población obtenga inmunidad al infectarse y recuperarse. La forma óptima de alcanzar este nivel crítico de inmunidad es aumentar gradualmente las medidas de contención a medida que las infecciones aumentan y relajarlas lentamente a medida que disminuyen las nuevas infecciones…” por eso la optimalidad sanitaria se encuentra en un aislamiento social. Pero, a su vez, la epidemia traerá una fuerte recesión por dos canales de transmisión: “En primer lugar, el virus hace que las personas infectadas sean menos productivas en el trabajo, consecuentemente bajan sus ingresos y consecuentemente su consumo. El comportamiento dinámico del consumo agregado imita la proporción de personas infectadas en la población general. En segundo lugar, el número de muertos causados por la epidemia reduce permanentemente el tamaño de la fuerza de trabajo”

Claramente, la situación planteada por el CoVid 19 no tiene un óptimo social simultáneo entre economía y salud pública. Pero no podemos afirmar que sus intereses sean contradictorios, en atención que si no tomamos la medida sanitaria correcta (aislamiento social preventivo), los términos de la recuperación de la economía serán mas lentos, tanto por falta de consumo como por la reducción de la fuerza la laboral en el proceso productivo.

La Argentina, encuentra este shock mundial entre sus propios problemas, con una estanflación que cumple dos años (y con una década de estancamiento económico), sin crédito interno (en los últimos meses ha empezado una expansión monetaria que se encuentra en sus límites), ni internacional (nos encontramos muy cerca de un default y fuera de los mercados internacionales), por lo cual arranca económica y socialmente por debajo de la media internacional en general, y regional en particular.

El Gobierno Nacional reaccionó rápida y adecuadamente en materia de salud pública, pero su reacción en materia macroeconómica fue lenta, insuficiente y mal orientada. Lenta porque a la fecha ha demorado medidas obvias como la postergación general de impuestos a empresas que, dado a que no están facturando, no podrán pagar. Insuficiente, porque dado el párate productivo obligatorio las medidas impulsadas (aproximadamente 2% del PBI) parecen muy temerosas cuando las primeras estimaciones dan que la caída del producto de Argentina podría alcanzar entre 4% y 5% puntos durante 2020. Por último, esta mal orientada, por shock del coronavirus es básicamente un shock de oferta y la orientación general de las medidas adoptadas por el Gobierno son para apuntalar la demanda. A su vez, las ayudas fueron proyectadas para sectores que habitualmente atiende el Estado, y no fueron incorporados sectores de clase medios de ingresos bajos, que serán los grandes perjudicados de la recesión económica.

El próximo martes vence el primer tramo de la cuarentena obligatoria impuesta por el Presidente ¿Qué podría hacer el Gobierno? Por ejemplo, en una nueva etapa de contención podría pasar de la estrategia de la interdicción horizontal (cuarentena general) a una interdicción vertical (cuarentena focalizada), lo cual implica elevar dramáticamente, y transformarlo en aleatorio el testeo para la detección de los focos de infección, y así poder incorporar, lentamente, al proceso productivo, zonas y actividades hoy declaradas como no esenciales, haciendo menos pronunciada la caída de la actividad.

Pero a su vez, y fundamentalmente, el Gobierno necesita por un lado ser mas agresivo en la política fiscal expansiva para contener la caída de actividad, y por el otro, cambiar radicalmente la orientación de la ayuda, poniendo como objetivo dotar de liquidez necesaria a las empresas PYMES que evite las futuras quiebras, para sostener el empleo y los ingresos de los asalariados. Para ello debería suspender en forma inmediata los aportes patronales por los próximos tres meses a las empresas pequeñas y medianas, suspender el pago de impuestos a las ganancias de profesionales y cuentapropistas por un plazo similar, aumentar la ayuda a monotributistas más allá de lo actualmente anunciado, y otras medidas similares, que eviten que se rompa la cadena de pagos, tanto de empresas como de los individuos.

La restricción presupuestaria obvia de adoptar un paquete fiscal sumamente agresivo como el planteado, y dado que la única posibilidad de cerrar la brecha fiscal será mediante una política monetaria expansiva en un contexto previo donde esa herramienta no sería aconsejable, debería dejarse de lado bajo el criterio que en tiempos excepcionales deben adoptarse medidas excepcionales.

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