Macroeconomía de una Recesión Atípica

Por Roberto Manuel Ortea

lunes 13 de abril, 2020

El mundo se encamina a la recesión mas importante desde 2008, en ese sentido el impacto negativo de la pandemia mundial del coronovirus provocará en el PBI mundial una retracción durante 2020 de entre un 1% y un 3% según las estimaciones realizadas por los principales bancos de inversión. Si bien, y dado que nos encontramos en medio de la ocurrencia del shock, es muy difícil hacer previsiones sobre el grado de la caída del PBI mundial, es indudable que el impacto será altamente negativo en los negocios, y sus consecuencias perdurables.

En línea con lo anterior, y de acuerdo con un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, América Latina sufrirá una fuerte caída de su producto, en particular los países del Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay exceptuado Brasil) caerán entre el 3,1% y 6,7%, que sumado a la recesión de dos años en la que se encuentra la Argentina, nos pone en una situación de alta fragilidad para administrar la crisis.

Nos enfrentamos a una situación atípica, un shock externo al ciclo de los negocios que impactará negativamente en la oferta de bienes y servicios, producto de las cuarentenas adoptadas por los diferentes países para cortar la cadena de contagios; pero también ocurrirá una baja importante en la demanda agregada, tanto local como mundial, por la perdidas de ingresos consecuencia del quebranto de infinidad de empresas, así como un efecto derrame inverso sobre los cuentapropistas, profesionales independientes y la economía informal.

Las consecuencias mas importantes implicarán una baja significativa en la propensión a ahorrar del conjunto de la sociedad, así como un cambio estructural por la perdida de capital empresario por la destrucción generalizadas de empresas, con la consiguiente destrucción de empleo. Ambas situaciones, hacen prever que la vuelta senda del crecimiento económico mundial será lenta y tortuoso.

Bajo estos escenarios de la economía mundial, los gobiernos nacionales han comenzado planes de salvataje de sus economías según sus posibilidades. Los objetivos mínimos de esos programas deberían ser: a) reducir la posibilidad de que aumenten los costos, económicos y sociales, debido al cierre parcial forzoso de la economía; b) apoyar a los bancos para que puedan seguir funcionando y ayudar a la economía; c) ayudar a las empresas para que mantengan a los trabajadores en nómina y escapen a la liquidación y d) compensar a los hogares que pierdan ingresos, especialmente a los pobres y vulnerables. Ello demandará esfuerzos fiscales sin precedentes, y el punto central será la capacidad de gobiernos nacionales para financiar crecientes déficits fiscales en los próximos años.

A su vez, el margen de maniobra de los Gobiernos estará limitado a la posibilidad de financiar esos déficits. En termino generales, y debido al shock de oferta, no habrá margen para elevar impuestos a las empresas, porque las pondría, aun más, al borde del colapso. Tampoco hay posibilidad de aumentar impuestos personales de carácter distributivos, puesto que, en conjunto con la baja de la propensión a ahorrar, implicaría retraer aún más el ahorra nacional, que será imprescindible para la financiación de nuevo capital para la salida de la crisis. Eliminado la posibilidad de aumentar impuestos, la política fiscal expansiva necesaria puede venir de tres fuentes, a) la redistribución de partidas en el presupuesto nacional; b) el endeudamiento externo y c) la utilización de una política monetaria expansiva.

Veamos las posibilidades de utilizar los instrumentos mencionados en la Argentina, así de cuales podrían ser sus consecuencias de corto y mediano plazo. El primer problema que enfrenta la Argentina es que a la fecha no se ha presentado en el Congreso Nacional ni siquiera el proyecto de presupuesto para el año 2020, lo que impide dimensionar cuales son las áreas que podrían sufrir recortes con el fin de financiar la ampliación de las actividades de salud pública necesarias para enfrentar la pandemia, así como el rescate de empresas en problemas, y la compensación de ingresos a los hogares que se vean afectados por la crisis económica.

La opción del endeudamiento también se encuentra bloqueada en la actualidad. Aquí hay motivos de carácter general, dado que los inversores institucionales han producido un “vuelo a la calidad” de sus posiciones financieras en los últimos meses, lo que se tradujo con una salida de capitales de la región de U$S 15.000 Millones solo durante marzo, y con el consiguiente aumento del riesgo país de América Latina, el cual se duplico desde principios de año. Pero la Argentina, a su vez, tiene particularidades especiales que le impiden acceder al mercado de deuda internacional, ya que se encuentra en plena renegociación de la deuda externa, y ha declarado en default selectivo para su deuda en dólares de legislación local. Por ambas circunstancias, regionales y locales, la Argentina tiene cerrados los mercados de crédito internacional en el corto plazo.

Queda claro entonces que la única posibilidad a mano para el Gobierno Nacional es la política monetaria expansiva. De hecho durante el mes de marzo pasado la base monetaria duplico el ritmo de crecimiento anual respecto al mes inmediato anterior (véase gráfico), lo que represento una creación de $ 575.000 M (+33% en un solo mes), de los cuales $ 205.000 fueron girados por el Banco Central al Tesoro Nacional, y el resto fueron liberados al sistema financiero para la dinamización del crédito, de lo cual los bancos comerciales solo dispusieron en forma efectiva el 20% en créditos a las PYMES a tasa subsidiada.

La emisión monetaria en el contexto descripto claramente obedece a las extraordinarias circunstancias, pero a su vez, hace palpable la necesidad de la transitoriedad de la medida, así como su focalización y efectividad. El ritmo de emisión como el planteada (+ 30% mensual, +80% anual) es insostenible en el mediano plazo, lo que podría presionar fuertemente la cotización del dólar, acelerar drásticamente la inflación (con el solo contrapeso de la baja de la demanda que habrá en los próximos meses), y deteriorar los ya críticos indicadores sociales del País, sobre todo los niveles de pobreza e indigencia.

La Argentina vive una situación económica critica, con matices locales, regionales y mundiales, y su solución debe transformase en una política integral del Estado, para ello sería necesario una discusión conjunta de todos los actores políticos del País mediante la creación de un consejo de expertos, similar al sanitario, que piense rápidamente las mejores salidas para una economía que entrara rápidamente en una situación extrema.

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