El hombre que se cansó de esperar

Martín Merlini aguarda por su reemplazo en la presidencia del Consorcio del puerto desde el 11 de diciembre. Le avisó al Directorio que se va a fin de mes. En realidad no puede hacer abandono del cargo pero deja al descubierto el desinterés de Kiciloff por los intereses portuarios.

domingo 19 de abril, 2020

Si no se equivocó en la cuenta, al miércoles pasado había sumado 125 días. Ese es el tiempo que Martin Merlini esperaba, en vano, que el gobernador Axel Kiciloff firme el decreto correspondiente para designar al nuevo presidente del Consorcio Regional Portuario de Mar del Plata.

Ante representantes del Directorio a los que no veía, todos juntos y sentados en el salón de reuniones del primer piso, desde el mes de enero pasado, anunció lo que alguno ya imaginaba o conocía de contactos previos. “Me voy del puerto. El 30 (de abril) es mi último día”.

El mensaje a su Club de Amigos -les entregó una plaqueta recordatoria a casi todos cuando a fin del año pasado trazó su balance de gestión- pareció que tenía otro propósito. Emitir una señal hacia La Plata, donde Axel parece preocupado por resolver lo urgente: en principio no esta contagiado - una buena- de una agenda dominada por el covid-19.

“Cuestiones personales”, aducen en el entorno del Presidente del Consorcio para explicar la fecha de vencimiento a una gestión que debería haber terminado el 10 de diciembre con la asunción de la nueva gestión. Pero por estatuto, Merlini no puede abandonar el cargo hasta que la Provincia nombre a su reemplazante. Por eso esas cuestiones "personales" no aparecieron hasta ya entrado el otoño.

Claro que al principio se esperanzó con que la luna de miel entre Montenegro y Raverta lo bendiga con la sortija de la continuidad. Pero lo del Ushuaia terminó de evaporar las mínimas chances que tenía. Le dio giro a un barco que si bien no es desconocido en Mar del Plata porque viene a repararse en invierno, traía turistas de una zona foco de contagio. Un mensaje contradictorio con el del Intendente, que rechazaba turistas por canales nacionales y redes sociales.

Eso de ilusionarse con la continuidad no es atributo propio de Merlini. Lo mismo le pasó a Jorge Hidalgo, el presidente en soledad del Consorcio en al última porción del mandato de Scioli, quien se mantuvo en el cargo ese verano del 2016 a la espera que germine un pacto entre su padrino “Manino” Iriart y Maxi Abad que, en el puerto, nunca se cristalizó.

Merlini no puede abandonar el cargo incluso más allá del 30 de abril. Pero se cansó de esperar. Entiende que para una “transición ordenada” hubo casi 180 días en los cuales desde Provincia pocas veces levantaron el teléfono.

“Es tiempo de grandes decisiones en el puerto de Mar del Plata, pero el partidismo los supera”, reconoce un analista de la vida portuaria, atento a este tiempo de incertidumbre. “Si Merlini hubiera sido exitoso lo hubieran rajado al toque. Como no lo es, lo dejan”, remató.

Augusto Costa, el ministro de la Producción, y de quien dependen los puertos bonaerenses, estuvo en diciembre en el Consorcio, post suba de retenciones para poner la cara ante los empresarios de la pesca. Nunca más volvió. Sí a la ciudad, claro; en febrero hizo pasarela de verano en La Perla, definió como "excelente" la temporada en la ciudad. Para el futuro portuario, solo ambigüedades.

Que "necesitamos un plan portuario integral, para generar más empleo; que estamos viendo varias líneas..." dijo Costa para no decir nada. A esa altura, la cadena fresquera ya había expulsado a más de 350 trabajadores. Ni una palabra de eso, obvio.

Lo que sí hizo Costa en este tiempo fue designar a Juan Cruz Lucero como autoridad portuaria provincial. Nombró a un basquetbolista (Federico Susbieles) al frente del Consorcio de Bahía Blanca
pero el casillero de Mar del Plata sigue en blanco. O mejor dicho, con Merlini mirando por la ventana

Lucero hace 15 días se comunicó con Merlini por detalles del plan sanitario preventivo por el coronavirus, pero tampoco ha visitado la terminal marítima desde que asumió. Parece ocupado en otras cosas: como recorrer mercados minoristas controlando precios de la canasta básica. Así lo deja ver en sus redes sociales.

Mientras tanto el puerto marplatense es un enorme colador. Merlini dijo que habían hecho 3200 controles sanitarios pero los muelles reina la anarquía. Cuando no se amontonan decenas de tripulantes en el puesto sanitario a la entrada al muelle 10, esta cerrado y cualquiera entra sin revisación alguna. O zarpan barcos a cuyas tripulaciones el único control al que las someten es pedirle la fotocopia de la libreta para justificar el embarque. Si el covid-19 circularía por Mar del Plata ya en el puerto nos hubiésemos enterado.

“No tengo idea quién me reemplaza”, le dice Merlini a los ansiosos por conocer a la nueva autoridad. Los que creen conocerlo sostienen que sigue siendo Gabriel Felizia el hombre asignado para tomar las riendas que deja el agente marítimo.

Hernán Chale por lo pronto avala esa teoría. El dirigente de los trabajadores de Aduana se ha reunido con Felizia a quien conoce de la militancia política. Si bien era radical bajo el ala de Chucho Paez, su paso por la Secretaría del bloque kirchnerista en el Concejo Deliberante y la adopción de Raverta, lo transforman en un compañero más.

Chale forma parte del Directorio y sería el encargado de persuadir al futuro Presidente de la conveniencia de mantener la actual formación del cuerpo de asesores. No es el único. Fuentes portuarias sostienen que Pablo Trueba, el delfín de Juan Novero en el SIMAPE, y también miembro del Club de Amigos del Directorio, es otro de los que ha participado del operativo "permanencia"

Merlini será recordado como el presidente que dragó con fondos propios durante dos años seguidos, pero también por haber nombrado a un Gerente General sin secundario completo, por haber perdido el certificado del código PBIP en las terminales 2 y 3 por falencias que costaron 1,5 millones de pesos comprar e instalar.

Fue el Presidente de una gestión que recuperó el predio de los silos pero fracasó en la licitación internacional para conformar una terminal multipropósito. El que tiene más de 80 millones de pesos en un plazo fijo, el que promovió la capacitación en oficios pero también el que anunció en noviembre del 2017 un plan de remoción de buques inactivos en el muelle 2 para recuperar 110 metros operativos, pero que a la fecha no liberó uno solo.

El puerto necesita espacio en sus muelles interiores, volver a dragarse en este 2020, definir el servicio de vigilancia, el de contenedores de basura para la flota, y atender el tendal que la cuarentana dejó en el Paseo Comercial.

Pero fundamentalmente, requiere de un gobierno provincial que jerarquice su rol, defina si se conforma con un puerto pesquero para una industria que hace mucho dejó de generar nuevo empleo y solo se evapora,, si se abre a inversiones privadas para sumar servicios e infraestructura, o su intrascendencia en el mapa portuario provincial seguirá siendo su marca de identidad.

Que Axel todavía no haya designado al reemplazante de Merlini, hoy domingo, 19 de abril, 130 días después de haber asumido funciones, ya es toda una carta de presentación que no invita al optimismo.

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