Algunos conceptos olvidados en la pandemia

Por Gustavo Blanco

jueves 28 de mayo, 2020

Al momento de escribir estas líneas se han reportado más de 5,4 millones de casos de covid-19 en todo el mundo, así como al menos 346.000 muertes, según la OMS, en Argentina el total de casos es de 13.228, de los cuales 492 fallecieron. Actualmente el foco más importante se encuentra en la región del AMBA, que es la zona urbana común que conforma la CABA junto a 40 municipios de la Provincia de Buenos Aires lindantes con una población de casi 17.000.000 de habitantes.

En nuestro municipio afortunadamente y gracias a las medidas de contención tomadas oportunamente por el Intendente Montenegro, pocos son los casos denunciados e internados.

Sin embargo cierto grado de incertidumbre asoma en la comunidad médica y no médica dada la escasa cantidad de testeos realizados, solo alrededor de 1000 en más de 60 días y estrictamente abonados a casos sospechosos y contactos estrechos contactados por teléfono sin reparar en otras formas comunes de presentación las cuales solo un médico puede clasificar.

La pandemia ha alcanzado y afectado rápidamente a todos los continentes y países de todo el mundo. Las medidas adoptadas para reducir la rápida propagación del virus SARS-CoV-2 han extendido el impacto de la pandemia en los sistemas de salud, las economías y la sociedad en todo el mundo.
No existe tratamiento para COVID-19 y una vacuna no estará disponible en menos de 18 meses (en un escenario optimista). Las prácticas no farmacológicas como cubrirse la boca y la nariz al toser / estornudar, lavarse las manos con frecuencia y mantener la distancia a más de metro y medio por llamarlo de alguna manera más elegante entre las personas solo pueden retrasar la propagación del virus y mitigar la carga de la enfermedad. Las estrategias de "distanciamiento social" incluyen el cierre de instituciones educativas y lugares de trabajo, cancelación de reuniones masivas, aislamiento de casos sospechosos o confirmados, cuarentena de personas en contacto con casos confirmados, recomendaciones de quedarse en casa e incluso cuarentena obligatoria en algunas ciudades y zonas residenciales.

Estas y otras medidas se han implementado especialmente para proteger a las poblaciones de mayor riesgo: los ancianos y las personas con patologías en las cuales la infección por el Covid 19 puede resultar con peor pronóstico como lo son los afectados de enfermedades oncológicas, hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares entre otras.
Las intervenciones gubernamentales han apuntado sobre todo, como se debe en primer lugar a la protección de la salud física.

Quisiera hacer un análisis de algunas conductas y situaciones que si bien son de probada eficacia para impedir la propagación del virus encierran en sí mismo situaciones que no son tenidas en cuenta o son olvidadas. Ellas son el distanciamiento social, la inadecuada comunicación, la vulnerabilidad social y el estado de bienestar.

En primer lugar el distanciamiento social ,que reitero es una medida de probada eficacia, puede sin embargo disminuir el bienestar no solo de aquellos que se cree que son miembros de poblaciones en riesgo sino que puede reducir el bienestar de cualquier persona que experimente confinamiento, incluso en pequeños grados, y de toda la comunidad en general, dada la grave situación planteada por esta pandemia de hecho algunos expertos han recomendado cambiar el término "distanciamiento social" a otros más amigables y además tiene un límite de tolerancia.
Un estudio realizado durante la epidemia en enero entre más de 17 000 usuarios de Weibo, una de las redes sociales más populares en China, encontró diferencias en la expresión de emociones entre sus usuarios a partir de las cuales pueden extraerse inferencias sobre los estados psicológicos de los usuarios. Ya en un período de dos semanas de distanciamiento social, el número de publicaciones que hablaban de depresión, ansiedad e indignación aumentó, mientras que la expresión de emociones positivas disminuyó significativamente.
La interacción social todavía puede tener lugar utilizando Internet, teléfonos móviles y otros dispositivos tecnológicos. En tiempos difíciles, debe destacarse el valor del capital social, en lugar de ser descuidado.

En segundo lugar la falta o inadecuada comunicación. Esta situación que estamos viviendo en estos días en nuestra comunidad que generan no solo incertidumbre sino temor. Conceptos tales como caso positivo, negativo, falso positivo, falso negativo, contaminación de la muestra aun en un mismo paciente etc. han dominado las noticias de las últimas dos semanas. La información errónea no solo es inherente a la inexactitud de la información, sino que puede surgir del torrente de información proveniente de no expertos e intereses políticos. La comunicación inadecuada puede conducir aumentar aún más a la incertidumbre que ya de por si produce el novel virus al que estamos expuestos. Este estado de incertidumbre, a menudo en combinación con restricciones de movilidad y aislamiento, aumenta el riesgo de sentimientos de inseguridad, ansiedad y una tensión emocional general, todo lo cual puede afectar nuestra calidad de vida. El miedo que surge del exceso o falta de fiabilidad de la información sobre la enfermedad puede conducir a un comportamiento errático, desencadenar la aparición de trastornos psiquiátricos e incluso aumentar las tasas de suicidio.  La avalancha diaria de información a menudo contradictoria ha llevado a la compra por pánico de suministros que son innecesarios en condiciones de distanciamiento social y a la interpretación errónea de las recomendaciones de atención médica.
La falta de comunicación, por otro lado, también puede crear una falsa sensación de tranquilidad de que “estamos bien” cuando no sabemos si lo estamos. Declaraciones que subestiman la gravedad de la enfermedad como por ejemplo, "es solo una gripe" y minimizan el riesgo de que corran las poblaciones jóvenes por ejemplo, "solo mata a las personas mayores" , podrían haber contribuido en gran medida a la propagación de la enfermedad y su rápida progresión.
La falta de comunicación no se limita solo a las autoridades en la materia, sino que también incumbe a algunos medios, profesionales de la salud, científicos, políticos y formadores de opinión quienes por no tener un eje de conducción están desconectados entre sí generando más y más incertidumbre aun. La producción de evidencia en los países del hemisferio norte lleva tiempo, pero a menudo deben tomarse medidas preventivas en esta parte del mundo antes de que la ciencia pueda dar todas las respuestas como ha ocurrido en nuestro país afortunadamente tomadas por el presidente.

La vulnerabilidad social: el perfil inmune de las poblaciones más vulnerables como los asentamientos y las villas también puede diferir del de las poblaciones que viven en el mismo partido o locallidad pero en condiciones menos vulnerables. Por lo tanto, la respuesta a un nuevo virus y enfermedad puede ser inesperada e incluso más mortal entre los más vulnerables.
Una alta proporción de personas sin hogar, mal alimentadas, sin vacunación etc. tienen además trastornos físicos y mentales crónicos. No se debería dejar de lado la atención de estas personas solo dejando que los servicios de salud se asignen casi exclusivamente a combatir la pandemia de COVID-19. La detección de casos mediante testeos y la prevención del resto de las enfermedades en esta población son primordiales.
Otras poblaciones vulnerables y que además están en la primera línea de la epidemia comprende a los profesionales de la salud (con las tasas más altas de infección) y la seguridad cuya carga de trabajo se ve incrementada por la pandemia, ya que tienen que trabajar con recursos muy limitados. Ellos mismos están altamente expuestos a la infección. Estos factores, además de la frustración de no contar con el respaldo de un sistema de salud sólido y el miedo a infectar a las personas que los rodean, aumentan la prevalencia de síntomas de estrés, depresión y trastornos de ansiedad con consecuencias a largo plazo.
Los adultos mayores, otro grupo muy vulnerable, por supuesto que son el principal grupo objetivo de la mayoría de las políticas de distanciamiento social debido a su alto riesgo de presentar complicaciones por COVID-19, necesitan un apoyo psicosocial más fuerte, porque muchos viven en aislamiento permanente y no tienen redes sociales y tener actividades sociales limitadas.

Por último y para finalizar quiero referirme al concepto de bienestar como un elemento que define el concepto de salud definida esta en los aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Es importante durante el confinamiento ser creativo en la forma en que mantenemos vínculos afectivos y sociales significativos. Las estrategias para hacer esto pueden ser no solo tecnológicas; las poblaciones muy vulnerables, como las personas mayores pueden no tener un amplio acceso a Internet y dispositivos electrónicos que ofrezcan ciertos tipos de apoyo social.
Finalmente, vale la pena considerar que, etimológicamente, la palabra pandemia deriva de pan, todos, y demos, pueblo. Los médicos griegos usaron este término para referirse a lo que afecta a toda la población, y ese es precisamente el mensaje de este artículo. Simplemente a titulo constructivo un llamado a mejorar y definir los nuevos términos de distanciamiento en forma progresiva, mejorar la comunicación siempre veraz por parte de las autoridades, una especial atención a las poblaciones más vulnerables, aumentar en ellas los testeos y colaborar entre todos a un mejor bienestar. Todos compartimos la responsabilidad independiente del estado. 'Tu bienestar es nuestro bienestar’.
Un párrafo aparte merece el cuidado a los comerciantes de pequeños y medianos comercios que mucho están sufriendo no convirtiendo en peatonales de paseo a los circuitos de compras.
Solo a través de la cooperación y la solidaridad se lograrán soluciones a largo plazo para la enfermedad pandémica y sus consecuencias sanitarias y económicas.
Somos una comunidad solidaria y vamos a salir adelante.

 

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Argentina - Coronavirus (COVID-19)

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