Plan desguace: las dudas de un plan en punto muerto

Se anunció en noviembre 2017. Se extraerían una docena de buques inactivos para recuperar 110 metros operativos de muelle. Acordaron con Armada cortarlos en el varadero de la Base pero debieron flexibilizarlo y ni así lo pudieron usar. En el desguace interviene una empresa del conurbano que llegó de la mano de Merlini. Residuos cancerígenos sin tratamiento.

domingo 7 de junio, 2020

Por Roberto Garrone

En marzo del año pasado la Armada Argentina firmó un convenio con el Ministerio de la Producción bonaerense mediante el cual cedió por 40 meses el uso del varadero de la Base Naval Mar del Plata para que, luego de un plan de obras de puesta en valor a cargo del Consorcio Portuario, se pudiera poner en marcha el plan de desguace anunciado por Martin Merlini en noviembre del 2017 para recuperar 110 metros de espacio operativo en el muelle 2, que a esa fecha lucía ayuno de logros tangibles.

Es junio del 2020 y la situación en el varadero y en la sección 4ta y 5ta donde florece el cementerio flotante de barcos abandonados está tan empantanada como en ese entonces. Todavía el Chiarpesca 57, Chiarpesca 59 y el Mar Azúl, los tres cascos que tienen el plan de desguace aprobado por Prefectura, siguen aguardando que la Armada ceda el varadero para poder ser desguazados.

Esos tres buques ya han sido limpiados y desmantelados por Lusejo SA, la empresa que llegó del conurbano bonaerense al puerto Mar del Plata de la mano del ex Presidente del Consorcio Portuario y, listado en mano de los empresas con barcos inactivos, salió a visitar a sus dueños para ofrecerle sus servicios a cambio de varios millones de pesos.

Tras el cambio de mando en el sillón principal del Consorcio, Gabriel Felizia se encontró con un enorme desaguisado al que esta tratando de poner bajo control. No hay un hilo conductor en todo el proyecto. Lusejo le juntó la cabeza a los armadores y logró que les cedan los barcos. Solimeno por ejemplo le pagó 3,5 millones de pesos en el 2018 para quitarse de encima la responsabilidad del “Magritte”. Y le resta pagar otra suma similar por el Polarborg.

Lo propio hizo Moscuzza por el Mar Azúl, Caputo por el “San Pablo”, “Mellino II” y “María Luisa”. Ese barco se hundió en noviembre del año pasado. Lusejo dice que ya estaba limpio de hidrocarburos, pero otras fuentes con acceso al plan de trabajo del chatarrero de Quilmes, aseguran que apenas se lo había alivianado de algunos mamparos. El barco sigue hundido en el mismo lugar hace 8 meses.

Por otro lado está el acuerdo entre la Armada y el Ministerio de la Producción por el uso del varadero, que todavía está dando vueltas. Merlini dijo que habían invertido casi 8 millones de pesos para llevar la luz, cambiar el alambrado y poner la estructura del cabrestante, el guinche que sube los barcos hasta ponerlos en seco para ser cortados. Ahora en cercanías al nuevo Presidente aseguran que lo invertido no llega a la mitad de esa cifra.

El acuerdo establecía obligaciones que el Consorcio no podía cumplir como el cambio de varales y poner un cabrestante nuevo. Gabriel Attis, jefe de la Armada quería que se cumpla con lo pactado y Merlini hablaba de pequeños contratiempos burocráticos.

“No queremos terminar dando explicaciones en la Justicia”, dijeron ambos una vez que me los encontré en una botadura en Contessi. Merlini no sabía lo que firmaba?. Siempre relativizó los riesgos y perdió la certificación del código PBIP.

Antes que se vaya, Merlini acordó con la Armada una adenda del convenio para poder flexibilizarlo. Cambiar los varales tiene un costo de 50 millones de pesos. Todavía están viendo si en la Base los autorizan a cambiar de lugar los varales más dañados y reemplazarlos por los de la parte superior.
El cabrestante lo donó Lusejo. Lo sacó del buque San Pablo, lo acondicionó y lo puso a disposición. Lusejo dijo que valía 60 mil dólares, pero otras fuentes consultadas aseguran que apenas 10 mil. La obra para fijarlo tuvo algunas deficiencias que demoraron la colocación. Se hizo la prueba de tiro en diciembre y el resultado fue positivo.

Pero en los últimos días asomaron nuevas pistas de la absoluta falta de controles del plan de limpieza que encabeza Lusejo. Los Chiarpesca y el Mar Azul tienen asbesto, un material altamente contaminante que se usa como aislante. Hay estudios científicos que lo muestran como un elemento que produce cáncer y ya no se utiliza en las nuevas construcciones navales.

Walter Carmona, apoderado de “Lusejo” y uno de los actores principales en toda esta historia del desembarco de la firma a Mar del Plata, asegura que la empresa autorizada para transportar ese tipo de residuos peligrosos es Mar del Plata Transervice.

Pero dicha firma no aparece como autorizada por la OPDS para transportar residuos categoría Y36 como el asbesto. Tampoco queda claro quién lo extrajo y dónde lo arrojaron. Mismas fuentes reservadas aseguran que fueron los propios empleados de Lusejo y terminó en el predio de disposición final de residuos, camuflado en bolsas de consorcio.

Al tratarse de un residuo peligroso, su extracción de los buques, transporte y tratamiento final requiere de la emisión de certificados para conocer los actores que intervinieron en todas las etapas del proceso. Los certificados que acrediten el adecuado tratamiento quedan en poder de los armadores y la Prefectura.

En esta historia nadie tiene certificados. “Ellos (por Lusejo) dicen que en estos barcos no sacaron asbestos”, aclaran en el Consorcio. En Prefectura tampoco pueden exhibir certificados porque no tienen tampoco.
A partir que se hicieran públicas estas irregularidades, desde Lusejo revelaron que partir de enero 2020 la empresa encargada del tratamiento de agua y sistemas de efluentes es Geo Assist SRL En la inscripción ante Prefectura la nota señala que es “operador in situ de asbestos”, aunque sin aclarar número de habilitación.

Geo Assist SRL se domicilia en General Dehesa 3033 de CABA. Este cronista ingresó a www.geoassist.com.ar y asoma como una web en formación. En el teléfono que figura como contacto no atendió nadie a la mañana, al mediodía ni a la tarde

El objetivo de Merlini era remover una docena de barcos inactivos. Cuando intervino la Armada para ceder un varadero que parece que nunca entregará, sumaron un par de remolcadores de la Base Naval y hasta a la Draga Mendoza, propiedad del estado nacional, anotaron en la lista. Lusejo tendría 16 barcos cuyos armadores cedieron los derechos para limpiar, descontaminar y convertir en chatarra.

Más allá que hasta ahora solo limpió menos de la mitad y cobró varios millones. Dónde arrojó Lusejo el asbesto cancerígeno que extrajo de los Chiarpesca y Mar Azúl. Quién controla a Lusejo. Cuándo comenzará por fin el plan de desguace.

Preguntas que por ahora no tienen respuesta mientras el puerto sigue con problemas de espacio operativo porque áreas vitales como las del muelle 2 sigue ocupada de chatarra flotante

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