Murió de coronavirus el maestro de actores y director Agustín Alezzo

Falleció a los 84 años, luego de sufrir Covid-19. Fue uno de los grandes referentes de la escena teatral argentina.

Por Redacción

jueves 9 de julio, 2020

Actor, director y por sobre todo maestro de actuación, Agustín Alezzo​ fue uno de los grandes referentes del teatro nacional. Murió este jueves a los 84 años, luego de estar internado más de un mes, por un cuadro de coronavirus.

A lo largo de su extensa carrera Alezzo dirigió más de 70 obras, entre ellas Las brujas de Salem, con Alfredo Alcón y Leonor Manso; Yo soy mi propia mujer, con Julio Chávez; Romance de lobos, también con Alcón; Master Class, con Norma Aleandro; El jardín de los cerezos con María Rosa Gallo y Roberto Carnaghi, y Jettarore!, de Gregorio de Laferrere.

Formador de grandes actores y actrices, Alezzo es sinónimo de prestigio y entre quienes pasaron por su escuela están Julio Chávez, Jorge Marrale, Alicia Bruzzo, Muriel Santa Ana, Leonardo Sbaraglia, Paola Krum, Oscar Martínez​, y muchos más.

Nacido el 15 de agosto de 1935, su primer contacto con el teatro fue a los tres años, de la mano de su madre que lo llevó a ver una obra. Como se trataba de un texto para adultos, ella creyó que el pequeño Agustín no iba a entender nada. Sin embargo, al pequeño Agustín esa experiencia dejó una huella que lo marcaría por siempre.

"Me impresionó mucho y me quedaron imágenes de ese espectáculo. Quedé totalmente fascinado con eso", aseguró muchos años después.

Educado por curas franceses, Alezzo no llegó a conocer a su padre, que murió muy joven, dos meses antes de que él naciera. Por eso fue criado por su madre y por su padrinos, que fueron quienes le inculcaron su amor por el teatro. Siguiendo los mandatos familiares, estudió Derecho durante tres años pero abandonó para ser actor.

En 1972 dejó la actuación para dedicarse a la dirección y a la docencia teatral. "Dirigir es una tarea extraordinaria porque significa crear un mundo en el escenario y dar clases significa seguir el crecimiento de una persona, que es algo también extraordinario", decía.

Y contaba el orgullo que le daba ver brillar a quienes habían pasado por su escuela siendo apenas adolescentes. "A Leonardo Sbaraglia lo conozco desde que tenía 14 años. Lo fui siguiendo durante toda su vida. También la vi crecer a Emilia Mazer, y a Julio Chávez, que era muy jovencito cuando empezó conmigo", recordaba.

Él, maestro por excelencia, fue alumno de Lee Strasberg y discípulo de Hedy Crilla, a quien siempre aludía como su gran referente.​ En los '50, participó del Nuevo Teatro de Alejandra Boero y Pedro Asquin, también integró el Grupo Juan Cristóbal, junto a Carlos Gandolfo, y fue parte del teatro La Máscara en los '60.

Alezzo fue uno de los que introdujo el famoso método Stanislavski en el teatro argentino. "Stanislavski no inventó nada. Él observó a los grandes actores de su época para ver qué pasaba con ellos. La diferencia estaba esencialmente en que vivían las situaciones. El método no es racional porque su punto de partida es la sensibilidad. Hubo actores que siempre lo hicieron, más allá de Stanislavski. Los grandes actores siempre han sido así", explicaba.

Por eso también aclaraba que su manera de enseñar era simplemente la de acompañar. "No tengo una técnica. Acompaño un aprendizaje, observo las dificultades e intento enseñarles que sean orgánicos en escena, que no sean falsos. Que no se dejen ganar por la exhibición frente a los demás. El actor sólo cuenta con un instrumento que es su cuerpo y con su compañero, en algunos casos. Es en eso donde debe centrar su atención". Según Alezzo, la clave de una buena actuación es que el actor o la actriz se mueva en la escena como en la vida.

Motivado por su maestra, Crilla y por su amigo y colega Augusto Fernandes, debutó como director en 1968, con La mentira, de Nathalie Sarraute. Alguna vez recordó, en una entrevista, que nunca pudo recuperar de la tintorería el vestuario de esa obra, que también produjo, porque el dinero de las entradas vendidas no le alcanzó. Sin embargo, tenía el mejor recuerdo de esa obra porque, entre los espectadores, hubo uno de lujo: Jorge Luis Borges.

Durante unos años, Alezzo vivió en Perú, donde trabajó como actor, y a su regreso enfermó de tuberculosis. "Durante los meses que estuve en cama, escribí una obra de teatro para entretenerme, pero no me gustó nada. Nunca más escribí", declaró.

En la década del '70 también dirigió varias piezas teatrales en un ciclo de televisión; piezas de Henry James, Eugene O'Neill, Carlos Gorostiza, Noel Coward y Pedro Orgambide. Poco más tarde, durante la última Dictura Militar pasó a integrar las nefastas "listas negras" de intelectuales prohibidos.

Entonces, se refugió en su estudio para dar clases y creó el grupo de Repertorio, con el cual realizó decenas de espectáculos. A pesar de todo, Alezzo tomó la decisión de no exiliarse para acompañar a su madre que estaba enferma. "Yo era hijo único, y estar en una lista me daba miedo. Pero mi obligación era quedarme", contó. "El miedo es algo inevitable y si uno se rige por eso, no hace nada. Aún con miedo, hay que hacer las cosas".

Con decenas de premios y reconocimientos, Alezzó también dirigió el Conservatorio Nacional de Arte Dramático y, durante años, su escuela El Duende también funcionó como una sala de teatro independiente, que en 2017 debió cerrar a causa de la crisis económica. Recientemente, debido a la inactividad impuesta por el Gobierno a causa de la pandemia de coronavirus, su escuela también corrió el riesgo de desaparecer. Sin embargo, varios ex alumnos y productores, entre ellos Carlos Rottemberg, se comprometieron a colaborar para evitarlo.

Siempre destacado por su humildad y sencillez, Alezzo se declaraba amante del jazz y de la literatura. En su casa, todas las paredes estaban cubiertas de libros y quienes lo conocían cuentan que no descansaba nunca: no había fines de semana ni vacaciones; que sólo comía para alimentarse y fumaba cigarrillos. Por otra parte, las secuelas de un accidente cerebrovascular le habían dejado un pie inmovilizado.

Su pasión por el teatro lo hizo también un ávido espectador. "Vi de todo. A los grandes intérpretes como Milagros de la Vega y Pedro López Lagar... A él lo vi diez veces en Panorama desde el puente, de Arthur Miller".

Precisamente, Miller junto a Tennessee Williams y otros dramaturgos de habla inglesa como los británicos Joe Orton y Edward Albee, estaban entre sus favoritos. "Jamás montaría una obra fascista o con la que no esté de acuerdo con el tema que toca", decía.

En los '70, fue invitado a los Estados Unidos por el Departamento de Estado, a raíz de su trabajo de dirección de Las brujas de Salem. Y en 1998, también recibió una invitación oficial para ir a Moscú a un evento con quienes trabajaban con el método Stanislavski. De ese viaje, recordaba con entusiasmo su encuentro con el director Peter Brook, uno de los más importantes de la escena contemporánea.

"El teatro me enseñó a vivir, a conocerme mejor", contaba. "Cada obra, cada actor y cada personaje lo enfrenta a uno con mundos que de otra manera no hubiera conocido, con preguntas que no me hubiera planteado haciendo una vida normal".

Con decenas de trabajos realizados tanto en el teatro oficial como en el circuito comercial y en el independiente, para Alezzo el teatro era sólo uno. "Es bueno o malo, sea donde sea. La única diferencia que hay es que en el teatro profesional a usted le pagan. Y en el otro, usted es el que paga", aseguraba.

Por eso, su pasión no diferenciaba entre una platea repleta de público o una con apenas un par de espectadores. "He llegado a hacer obras con menos de diez personas en la sala. Pero nunca lo sentí como un fracaso. Eso sería haber hecho algo que no me gusta. Y siempre hice obras que me gustaban porque, en definitiva, para mí, el teatro siempre es un viaje iniciático".

(Fuente: Clarín)

Comentarios

Argentina - Coronavirus (COVID-19)

Total casos: 87030 - Muertes: 1707 | Mar del Plata Casos activos: 29 - Casos sospechosos: 33 - Muertes: 4