COVID-19: una buena nutrición es beneficiosa para el sistema inmunológico

Una alimentación sana y equilibrada refuerza las defensas y da respuesta al organismo para distintas enfermedades: el coronavirus, no es la excepción. La Lic. Carolina Cordingley nos enseña sobre qué alimentos debemos elegir en esta cuestión.

sábado 18 de julio, 2020

El COVID-19 es un virus nuevo y aún no existe la suficiente cantidad de información ni evidencia para realizar recomendaciones nutricionales específicas en base a éste, sin embargo es bueno recordar algunas cuestiones relacionadas a la alimentación que influyen en el estado de salud y en el sistema inmunológico.

Las recomendaciones nutricionales que pueden hacerse ante esta situación son las mismas que hacemos a diario a los pacientes. Promover una alimentación y estilo de vida saludable, hará que nuestro organismo se encuentre en mejores condiciones para enfrentar, por ejemplo, una enfermedad como ésta.

Existen ciertos alimentos que aumentan o mejoran las defensas inmunológicas por su alto contenido en antioxidantes, y que deberíamos procurar ingerir a diario.

Los antioxidantes, que los habrán escuchado nombrar más de una vez, son moléculas que previenen la oxidación o el daño celular generado por sustancias toxicas llamadas radicales libres, que lo que provocan es la destrucción de las células. Lo que hacen entonces, es proteger a las células, evitando su daño; de ahí su importancia en la función inmunológica y consiguiente prevención en la aparición de enfermedades.

A modo informativo, por un lado hay antioxidantes que nuestro propio organismo produce y se denominan antioxidantes enzimáticos y por otro lado los antioxidantes no enzimáticos (como vitaminas y minerales), los cuales adquirimos con la alimentación. Existen alimentos con grandes cantidades de antioxidantes, que al incorporarlos a nuestra alimentación diaria, mejorarán nuestra respuesta inmune.

Les hago entonces, un breve repaso por los antioxidantes que podemos ingerir con la alimentación y los alimentos que los aportan:

Vitaminas:

Vitamina E: frutos secos (avellanas, almendras, maní, nueces), legumbres, aceites (girasol, maíz, oliva), coco.

Vitamina C: frutas (cítricos, kiwi, frutilla), vegetales frescos y crudos (tomate, repollo, morrón, espinaca), vegetales cocidos (brócoli, coliflor, repollitos de Bruselas). Es importante saber que esta vitamina es muy lábil al calor/cocción, por tal motivo es bueno consumir los vegetales y las frutas crudas, para conservar su contenido.

Vitamina A: como tal se encuentra en alimentos de origen animal (leche fortificada, quesos, pescados grasos, hígado, huevos), mientras que en los vegetales se encuentra en forma de pro vitamina A, los llamados carotenos (zapallo, zanahoria, batata, morrón rojo, acelga, espinaca, brócoli, mandarina, naranja). Esta vitamina se destruye muy fácilmente con la luz, con la temperatura elevada y con los utensilios de cocina de hierro o cobre.

Vitamina D: lácteos (leche fortificada, quesos, yogurt), pescados grasos, yema de huevo, germen de trigo, palta. De todas maneras la mejor forma de obtener esta vitamina es mediante la exposición solar, se recomienda entonces exponerse al sol sin protector solar de 10 a 15 minutos en verano y 30 minutos en invierno entre las 10:00 y las 16:00 hs.

Minerales:

Zinc: frutos secos (nueces, almendras, maní), huevos, cereales integrales, germen de trigo y el grupo de las carnes.

Hierro: alimentos de origen animal como carne vacuna, hígado, leche; y de origen vegetal como legumbres y cereales fortificados.

Selenio: pollo, pescados y mariscos, carne vacuna, germen de trigo y cereales integrales.

Manganeso: frutos secos, cereales integrales, semillas de girasol y de sésamo, salvado y germen de trigo, yema de huevo, legumbres y verduras de hoja verde.

Cobre: mariscos, granos enteros, legumbres, frutos secos, papas y vísceras.

Además podemos sumar, a las vitaminas y minerales: los ácidos grasos omega 3 que tienen una función antiinflamatoria ante determinadas infecciones de tipo virales (los encontramos en pescados de mar, semillas de chía y de lino, y aceites); y los probióticos, que son bacterias que se encuentran en el intestino de forma simbiótica y tienen como función mejorar la salud del organismo mediante el fortalecimiento del sistema inmune (yogurt, kéfir, leches fermentadas).

Como verán, una amplia cantidad de alimentos son los que se han nombrado como beneficiosos para optimizar el funcionamiento del sistema inmune y la respuesta de éste ante procesos de enfermedad, lo que refuerza aún más el concepto de una alimentación sana, equilibrada y variada.
Además de la alimentación equilibrada es importante tener buenos hábitos de vida como la práctica regular de ejercicio físico, evitar el tabaquismo y el estrés, y mantener un peso adecuado.

Para conocer cuáles son las cantidades que cada uno debe ingerir de los alimentos nombrados, se recomienda que consulten a profesionales que nos dedicamos al diseño de planes de alimentación personalizados.

Es fundamental, entonces, una alimentación y estilo de vida saludables para reducir la susceptibilidad y las complicaciones a largo plazo que ciertas enfermedades pueden provocar.

*Por Lic. Carolina Cordingley
Nutricionista (MP:2060)
@lic_cordingley 

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.

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