Ciudades extensas, ciudades compactas, ciudades de 15 minutos

Por Fernando Poó

domingo 2 de agosto, 2020

Muchos de nuestros comportamientos viales son hábitos. Todos compartimos la experiencia de recorrer cotidianamente el mismo camino para ir de un lugar a otro, por ejemplo, de casa al trabajo, o de casa a la escuela. Los hábitos nos permiten realizar actividades rutinarias sin tener que reflexionar a cada momento antes de tomar una decisión. De esa manera podemos dirigir nuestros pensamientos a tareas menos automáticas. A pesar de esta ventaja, andar sin pensar, a veces, también puede ser contraproducente. Veamos un poco por qué.

El ambiente construido o natural tiene un rol muy importante en la conformación de nuestros hábitos. El diseño de las ciudades va a influir en la elección del lugar de residencia, la elección de los medios de transporte, o la forma de acceso a bienes de consumo materiales y culturales. Estos factores también afectarán la salud de las personas. El reconocimiento de esta situación ha generado muchos debates. Uno de ellos es el que se plantea entre dos modelos de ciudades: la extensa o difusa versus la compacta o vertical.

La ciudad extensa se caracteriza por su expansión sobre el territorio, y la fragmentación del uso del suelo que se refleja en la creación de zonas especializadas por actividad. Eso se traduce en la existencia de zonas exclusivamente residenciales, zonas comerciales y de servicios, y zonas destinadas al trabajo y a la industria. Los centros urbanos suelen aglutinar la actividad comercial y de servicios, mientras que una amplia periferia se destina para su uso residencial e industrial. Las ciudades que suelen citarse como ejemplo de forma difusa son las estadounidenses. Un ejemplo por excelencia quizás sea Los Ángeles. Este tipo de ciudades se asocian a ideas de arquitectos modernistas como LeCorbusier, o Frank Lloyd Wright.

Las ciudades extensas enfrentan numerosos problemas urbanísticos, entre los que se destacan el uso irracional de energía y recursos, mal uso del suelo, encarecimiento de los servicios urbanos y empobrecimiento de los vínculos sociales. Mientras más extensa y menos interconectada se encuentra la ciudad mayores son las distancias a recorrer de manera que el uso de medios de transporte motorizados se vuelve preponderante. El excesivo uso de vehículos particulares genera progresivamente la insuficiencia de las vías disponibles, que deriva en congestiones que se resuelven con nueva infraestructura, que rápidamente resulta colapsada. A esto se suma el impacto negativo que el uso de automóviles tiene sobre el ambiente en términos de contaminación del aire, y polución sonora. En las ciudades extensas la eficiencia del transporte público es baja, ya que el crecimiento demográfico y urbano es más rápido que la adecuación de los trayectos recorridos. En consecuencia, el servicio se torna insuficiente rápidamente y los usuarios pueden verse inclinados a utilizar vehículos privados, ya sea por preferencia o por necesidad. Este es un factor que suele estar asociado al uso de la moto como medio de transporte entre las familias de menos recursos. Por otra parte, las grandes distancias y la falta de infraestructura adecuada hacen menos atractiva la movilidad activa.

En el polo opuesto a la ciudad extensa se encuentra el modelo de la ciudad compacta, que se caracteriza por el uso mixto del suelo, una mayor densidad poblacional y una mayor integración entre distintos actores sociales. Los impactos que tiene la forma compacta son la contracara de los que genera la ciudad extensa. La menor ocupación del suelo ayuda a controlar el efecto isla de calor que se produce por el aumento de las temperaturas en las zonas urbanas, y favorece la protección de áreas verdes en los alrededores. En términos de movilidad, la ciudad compacta hace menos necesario el uso del transporte motorizado, genera las condiciones propicias para la movilidad activa, y favorece redes densas de transporte público tornándolo más eficiente. El cambio en las condiciones de movilidad impacta en una menor emisión de gases de efecto invernadero, que se traslada a una mejor calidad del ambiente y en la reducción de los problemas de salud asociados, entre ellos los siniestros viales. Se suele mencionar a ciudades como Madrid o Barcelona como ejemplos de ciudades compactas.

Las ciudades policéntricas pueden ser una solución para las ciudades extensas mediante la incorporación de los principios de las ciudades compactas para lograr su transformación. Se trata de que cada barrio tenga comercios para acceder a alimentos, salud y servicios; zonas administrativas y de gestión pública; áreas verdes para recreación; y centros deportivos y culturales, entre otros. Estas iniciativas buscan desarrollar ciudades de 15 minutos. Es decir, donde todo lo necesario para vivir puede obtenerse en desplazamientos que no superen esa cantidad de tiempo. Ottawa y París son mencionadas como ciudades que se han propuesto estos objetivo.

Podríamos decir que Mar del Plata tiene algunas de todas esas características, aunque tal vez de forma poco planificada. En todo caso, como todas las ciudades, se encuentra en continuo crecimiento y cambio. La planificación urbana es fundamental para que nuestros hábitos no sean la naturalización de condiciones poco saludables. No existen recomendaciones que puedan ser generalizables para todas las ciudades ya que son entes complejos influidos por su historia, geografía y cultura. Sin embargo, parece correcto afirmar que todos los esfuerzos que se hagan para equilibrar su expansión y controlar la ocupación del suelo favorecerán el desarrollo sostenible y mejorarán la calidad de vida de las personas.

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.

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