El mensaje del “Federico C”

La reciente botadura del tangonero congelador en gradas de astillero Contessi marca un nuevo hito para la industria naval, pesquera en particular. Demuestra que el proceso de renovación de la flota puede encararse en gradas argentinas, con mano de obra nacional.

domingo 2 de agosto, 2020

Por Roberto Garrone

Tal vez los últimos barcos de ese tamaño que se construyeron en gradas nacionales por obreros navales argentinos hayan sido los 4 Cabos que Astillero SANYM construyó para Alpesca en la Isla Maciel. “Cabo San Juan”, “Cabo San Sebastián”, “Cabo Vírgenes” y Cabo Buen Tiempo”. Todos arrastreros para merluza al fresco, idénticos de 41,60 metros de eslora máxima.

De aquel hito para la industria naval argentina ya pasaron más de 30 años largos. SANYM sufrió en carne propia las políticas neoliberales que aplicó el menemismo que incluyeron el aluvión de buques usados que ingresaron al país y al caladero con permisos ilegales.

Terminó su agonía a principios de este siglo más allá de algún esfuerzo de parte de los 120 trabajadores despedidos por mantenerlo de pie y erigirse en un centro formativo para jóvenes de la isla.

En estos días el sector acaba de dejar otra marca para la historia. Porque por tecnología, equipamiento y diseño, sin dudas que el “Federico C” que Astillero Contessi botó días atrás en su varadero del puerto local, va un paso más allá de los cuatrillizos de SANYM. La pandemia que obligó a una ceremonia íntima y la necesidad de aprovechar la marea extraordinaria que llegó un miércoles a las 20,30 de la tarde, le quitaron relevancia mediática.

Con el “Federico C” Todo fue más grande, voluminoso y con más superficie que la mayoría de las últimas construcciones que había tenido el astillero: barcos costeros, mucho más chicos con destino a Rawson.

La planificación del trabajo hubo que encararla de forma distinta. Un motor que pesa casi 20 toneladas, y que para bajarlo hubo que complementar los puentes grúa…. Hasta el casco se tuvo que sacar en dos partes del amplio galpón y ensamblarlo ya en el varadero.

“Es un proceso en el que todos aprendimos mucho y que demostró la calidad del equipo de trabajo que tenemos”, subrayó Domingo Contessi, presidente del Directorio. “El próximo lo podremos hacer en menos tiempo y será mejor. Es una curva de aprendizaje lógico”, reflexionó el industrial.

El “Federico C” tiene unos centímetros menos que aquellos fresqueros construidos el siglo pasado. Mide 39,95 metros de eslora por un motivo central: ajustarse a la normativa vigente para poder pescar langostino en aguas nacionales.

Requisitos, vale decir, que no respetan algunos barcos como el “José Américo” que también se construyó nuevo, en Armón, Vigo, pero los hicieron de 47 metros. Se redujo al momento de cruzar el Atlántico para su matriculación en Prefectura.

Otros, incluso algunos de esos mismos fresqueros de Alpesca, fueron modificados, achicados, a partir de un artilugio de ingenieros ingeniosos que encontraron la manera de reducir la eslora de arqueo e incorporarlos a la misma pesquería, el paraíso al que todos quieren entrar.

Si Alpesca hubiese descubierto esta letra chica en el reglamento nacional de arqueo, tal vez hubiese podido esquivar la quiebra… Pero esa es otra historia. Convertidos en San Juan B y Pedrito pescan langostino con permiso irrestricto. El “Cabo Vírgenes” está en reparaciones después de haber sido vandalizado en el puerto local y va por el mismo camino de los otros: espera por los tangones.

El “Federico C” es un buque dedicado a la pesca de langostino y cuenta con una capacidad para producir 18 toneladas por día de langostino entero a partir del trabajo a bordo de 32 trabajadores marítimos entre oficiales y personal de planta. Su construcción demandó más de 75 mil horas hombre y todavía restan detalles que se terminarán con el barco en muelle. El buque se incorpora a la flota de la armadora Pesquera Veraz, de la cual Contessi es accionista.

Cuando el buque comenzó a diseñarse la realidad del negocio del langostino era otro, con mejores precios y una demanda sostenida que hoy brilla por su ausencia. “Nuestra industria está desfasada con las crisis de la pesca. Construir un barco es una decisión que se toma dos o tres años antes y en ese momento nadie imaginaba esta crisis, pero no queda otra que confiar en que será pasajera”, subrayó el empresario naval.

La construcción del “Federico C” derribó algunos mitos: que no había capacidad instalada para construir este tipo de barcos, que no había mano de obra calificada, que no hay disponibilidad de astilleros y que construir afuera es menos costoso que en Argentina.

“Los mitos tienen ese problema, están sustentados en la oralidad, en lo que unos dicen y otros repiten, algunos sin saber y otros sabiendo, pero les conviene una industria naval adormecida y seguir apostando a las importaciones de unidades obsoletas, mayoritariamente de Europa, y esperar poder vivir de las reparaciones, un negocio menor para el país”, consideró Walter Castro.

El secretario General del Sindicato de la Actividad Naval en Mar del Plata (SANAM) en un documento que tituló “Mitos y verdades en la industria naval”. “El mito en los últimos cuatro años nos quiso convencer de que nuestro nicho laboral, para la pesca Argentina, era construir embarcaciones de no más de veinte metros, el resto había que comprarlas a España. Hasta viajó el alcalde de Galicia a negociar con el gobierno saliente una baja en el arancelamiento de las construcciones navales españolas”, rememoró el dirigente naval.

Finalmente ese hecho, por suerte, no se consumó y se mantiene la misma carga impositiva. Sí es cierto que no hay muchos astilleros como Contessi, capaces de absorber la demanda que genera la renovación de la flota pesquera. Los privados como SPI y TPA cuentan con proyectos en el corto plazo y nadie confía en Astillero Río Santiago, hasta hace poco reparando viejos contenedores.

El Estado tampoco hace su parte más allá de quién gobierne. Durante el kirchnerismo se mandaron a construir los dos buques de investigación del INIDEP a Vigo e importaron un viejo barco alemán para sumarlo al CONICET.

Con el macrismo fue algo parecido. Mandaron a construir las patrulleras de la Armada a Francia y encargaron a Israel otras cuatro lanchas artilleras para Prefectura. Ahora con Alberto, el Ministerio de Defensa analiza incorporar un barco polar usado, de Australia; en este caso, como apoyo de suministros para las bases antárticas.

Cada uno a su turno, los últimos gobiernos han marginado a una industria que es vital para la multiplicación del empleo y que acaba de demostrar que está en condiciones de responder a los nuevos desafíos, en principio, los de la renovación de flota pesquera.

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.

Comentarios