S.O.S Padres: ¿Cómo hacer que los niños coman frutas y verduras?

La mayoría de las familias encuentran inconvenientes a la hora de incorporar estos alimentos en la dieta de los más chicos de la casa. La Lic. Carolina Cordingley nos brinda herramientas para lograrlo.

sábado 8 de agosto, 2020

La Organización Mundial de la Salud recomienda consumir, como mínimo, 5 porciones diarias (unos 400 gramos), entre frutas y verduras, sin embargo, muchos niños no llegan a concretar ese objetivo. Esta sugerencia del organismo internacional está basado en los beneficios que tienen para la salud estos grupos de alimentos.

Tener buenos hábitos de alimentación en la adultez depende, en gran parte, de los hábitos que hayamos ido adquiriendo a lo largo de la vida desde la denominada “alimentación complementaria” (que se da a partir de los 6 meses de vida); por tal motivo, lo que como padres decidamos hacer en función de la dieta inicial de nuestros hijos, será clave en la selección alimentaria que éstos tengan a futuro.

Como he mencionado, poder tener una alimentación saludable y equilibrada, contribuirá a la prevención de enfermedades crónicas. El consumo regular de frutas y verduras asegura una ingesta de determinados nutrientes como vitaminas, minerales, antioxidantes, fibra y agua, los cuales proporcionarán al niño un correcto crecimiento y desarrollo del organismo.

La carencia de estos alimentos en la dieta de los menores provocará, por el contrario, que el sistema inmunológico se debilite pudiendo provocar en la adultez problemas digestivos, eventos cardiovasculares, obesidad, hipercolesterolemia, diabetes tipo 2, entre otras.

Así como se conocen los beneficios de la ingesta diaria de frutas y verduras, también es sabido que en muchos casos se dificulta su consumo en los más chiquitos de la casa. En base a esta temática se reconocen varios puntos sobre los que se puede trabajar para fomentar y aumentar la ingesta y que me gustaría comentarles.

Los padres tenemos un papel esencial en la educación de nuestros hijos y la educación alimentaria también se enmarca en esta responsabilidad. Algunas de las prácticas que se consideran eficientes como para que los chicos incorporen estos alimentos a su dieta diaria son los siguientes:

- Dar el ejemplo: es fundamental que les mostremos que consumimos variedad de frutas y verduras. Los niños suelen copiar lo que hacemos los padres, por ende, si tenemos la precaución de consumir de forma regular frutas y/o verduras en todas las comidas que hagamos, los niños van a estar ahí observando y lo van a empezar a ver como natural, disminuyendo el rechazo hacia los mismos.

- Hacer partícipes a los niños de la compra y elaboración de alimentos y comidas saludables: ir con ellos a hacer las compras a la verdulería, que vean todas las verduras y frutas que existen, hacerlos interactuar con el vendedor, que sean ellos quienes solicitan la mercadería, y por qué no, los que se la alcancen al comerciante. Una vez en casa con los alimentos comprados, involucrarlos en la higiene, acomodado y posterior elaboración de platos en base a lo adquirido en el la verdulería. Al margen de disfrutar y experimentar en la cocina, los niños también disfrutan el compartir la actividad con sus padres, se sienten grandes.

- No forzar el consumo de estos alimentos, no es recomendable usar el sistema de premios o castigos, dependiendo de si los ingieren o no: algo muy común es que sin darnos cuenta premiamos o castigamos a los chicos en función de si deciden probar/incorporar estos alimentos. Está comprobado que la relación que se genera entre los chicos y los vegetales que son usados de esta forma por los padres, no es del todo satisfactoria y termina siendo hasta contraproducente. Fomentar que prueben nuevas frutas y verduras no es tarea fácil, pero tenemos que ser creativos, inventivos e incentivadores. Una manera de darlos es mezclándolos con alimentos que ya consuman con anterioridad y que les gusten, por ejemplo, incorporar zanahoria o remolacha rallada dentro de la preparación de las hamburguesas caseras; bañar las frutas en chocolate, o presentárselas en un brochette; colocar a las salsas morrón y cebolla cortados muy chiquitos para que no se vean; probar creando pizzas de colores, utilizando vegetales triturados en la elaboración de la masa; o, jugos de colores utilizando combinación de frutas y verduras; o, elaborar tortas, budines o muffins añadiendo a las preparaciones básicas frutas y/o verduras. Estas son algunas de las opciones con las que solemos trabajar en el consultorio, tratando de hacer atractivas las comidas, mediante la incorporación de colores a los platos o preparaciones. Existen infinidad de preparaciones tanto dulces como saladas súper innovadoras y ricas.

- Hacer que la comida sea igual para todos los integrantes de la familia: es de gran ayuda que no haya excepciones en los platos a la hora de comer (excepto alguna patología que así lo requiera), que todos los que se sientan a la misma mesa, coman lo mismo. No acostumbremos a los chicos a que, si no les gusta lo que hay, les vamos a cocinar otra cosa. Si nuestro objetivo es incorporar estos grupos de alimentos a su alimentación diaria, esta práctica sería contraproducente para lograrlo.

- Tomarnos el tiempo para explicarles la importancia del consumo regular y diario de frutas y verduras: así como, por ejemplo, les enseñamos a nuestros hijos cuestiones de aseo personal que deben hacer a diario y la importancia de ellas, lo mismo debemos hacer con estos alimentos. Tomémonos un tiempo para poder explicarles el porqué deben incorporarlos a su alimentación. Podemos hacerlo mediante una charla, como cuando les detallamos la importancia del lavado de manos en relación al coronavirus. Si queremos hablar de situaciones actuales podemos usar esta temática haciendo referencia a la necesidad de comer estos alimentos para poder tener un sistema inmune saludable y cómo esto influye en la mejora de las defensas del organismo. También, podemos hacer algunas actividades con ellos, más didácticas quizás, pero que también llevan más tiempo. La forma que elijamos para hacerlo será la correcta siempre en función de lo mucho que conocemos a nuestros hijos.

Es real que ninguna de las cuestiones anteriormente nombradas, es la receta mágica para que los chicos coman frutas o verduras, pero si tomamos como cotidianas ciertas actitudes en casa, seguramente con el tiempo obtendremos buenos resultados.

No desistamos en querer hacerlo, todos los días es un nuevo día para tratar de hacerles comprender con nuestros actos, la importancia de una alimentación saludable y equilibrada.

La educación de nuestros hijos, en todo sentido, depende de nosotros como padres. Si no contamos con las suficientes ideas o creemos que ya hemos agotado todas las instancias para relacionar la dieta con un correcto crecimiento y desarrollo, pueden acudir a profesionales de la nutrición quienes seguramente les brindarán otros recursos para lograrlo.

Por Lic. Carolina Cordingley
Nutricionista (MP:2060)
@lic_cordingley

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.

Comentarios