El ojo del observador

Por Fernando Poó

domingo 16 de agosto, 2020

Nos interesa conocer las causas de los choques porque queremos prevenirlos, y si no podemos hacerlo, pretendemos, al menos, que sus consecuencias sean tan leves como sea posible. Pero, ¿alcanza conocer las causas para generar estrategias preventivas efectivas? Antes de responder a esta pregunta daré un pequeño rodeo. Comenzaré señalando una dificultad: las causas de los choques no son directamente observables. Por lo tanto, generamos estrategias de investigación para deducirlas una vez que sucedieron. Tal como afirma David Shinar, un especialista en Psicología del Tránsito, al igual que la belleza, las causas de los choques están en el ojo del observador. Es decir que la forma en que los estudiemos influirá en los aspectos que destaquemos, en los que quedarán invisibles y en las conclusiones que derivemos. Existen tres métodos principales para estudiar las causas de los choques vinculadas al comportamiento humano, los análisis post-accidente, los estudios naturalistas, y los estudios epidemiológicos.

Los análisis post-accidente brindan información sobre las frecuencias de varios factores asociados con los choques, pero no sobre su riesgo relativo. Conocer el riesgo relativo requiere, además, estudiar a la población que no se expuso a siniestros, registrar la frecuencia en la que en ambos grupos aparece un mismo comportamiento, y calcular la diferencia entre ellos. De no hacerlo podríamos caer en errores como afirmar que usar calzado es una causa inevitable en un choque, ya que casi todos los conductores usan algún tipo de calzado.

Los estudios naturalistas se basan generalmente en filmaciones realizadas en el interior de los vehículos. Registran y analizan el comportamiento de los conductores, eso incluye los momentos previos al choque. La principal ventaja de estos estudios es que también registran los comportamientos cuando no derivan en siniestros. En consecuencia, además de la frecuencia de eventos asociados con los choques brindan información sobre su riesgo relativo. Es decir, permiten comparar las veces que el mismo tipo de comportamiento se vincula con un choque y las veces que no. Sin embargo, tienen algunas debilidades entre las que se cuentan no poder registrar aspectos inobservables como la fatiga o la inatención, o no poder discriminar con exactitud algunos comportamientos. Un ejemplo de este último caso es la medición de las distracciones a través del movimiento ocular. Es habitual que se defina como distracción a cualquier movimiento ocular que implique “quitar los ojos del camino”. Sin embargo, en muchas ocasiones eso puede ser necesarios para conducir con seguridad y no al revés.

Los estudios epidemiológicos son la tercera clase de métodos utilizados para conocer las causas de los choques. Este tipo de investigaciones se focaliza en factores que se consideran riesgosos y prevalentes en la población bajo estudio, por ejemplo, conductores profesionales. Estos trabajos suelen ser “libres de teoría” ya que no persiguen un enfoque causa-efecto, sino evaluar la presencia elevada de ciertos factores en los choques en comparación con el tránsito en general. El principal problema de estos estudios es que en algunas ocasiones pueden llevar a resultados difíciles de interpretar. Por ejemplo, una investigación realizada hace algunos años concluyó que el único color de autos que se asociaba con el riesgo de chocar era el marrón, aunque levemente. Obviamente, resulta muy difícil dar una explicación razonable para este hallazgo.

Las investigaciones que utilizan cualquiera de las tres metodologías señaladas generan información sobre los factores que se relacionan con los choques, pero dicen muy poco sobre la forma de evitarlos. Su función preventiva no pasa de ser una buena fuente de hipótesis acerca de las medidas que podrían llegar a funcionar. Para saber qué acciones son efectivas necesitamos estudios que trabajen directamente sobre los factores que modifican las condiciones que dan lugar a los choques. El cambio de enfoque implica pasar de trabajar sobre por qué ocurren los siniestros a trabajar sobre cómo ocurren. Además, incluye integrar en el análisis los factores vehiculares y ambientales, ambos a menudo subestimados por los estudios sobre las causas comportamentales de los siniestros. No está de más decir que todas las estrategias de investigación tienen sus limitaciones. Contar con el mejor conocimiento posible será el resultado de utilizar diferentes estrategias de investigación y analizar las consistencias e inconsistencias de nuestros resultados.

Fuente: Shinar, D. (2019). Crash causes, countermeasures, and safety policy implications. Accident Analysis and Prevention, 125, 224-231.

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.

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