29 años sin el "Gran Martín": Jorge Bocacci y los recuerdos de Titanes en el Ring

El tango, el catch, Lomas de Zamora, Mar del Plata... Todo está en la memoria del histórico presentador de luchadores.

Por Redacción

jueves 27 de agosto, 2020

Varias horas antes de cada programa, Jorge Bocacci era citado junto a toda una troupe de luchadores en el estudio mayor de Canal 11, ubicado en el barrio porteño de San Cristóbal.

Los viernes a las 21 se encendían las cámaras y él se convertía en maestro de ceremonias. Un papel con el cronograma de combates era todo el guión del que disponía su voz, pero nada en el show de Titanes en el Ring estaba librado al azar.

Detrás del espectáculo había un cerebro y se llamaba Martín Karadagián, de cuya muerte se cumplen este jueves 29 años.

"Él era un apasionado de su ciclo, muy exigente con el horario, la vestimenta, cuidaba todos los detalles, era un gran profesional. Definía a Titanes como un espectáculo deportivo-circense que conllevaba humor y también cultura", describe Bocacci, un locutor de pura cepa que antes de ser entrevistado por Clarín, adelanta: "Yo arranco a hablar y cualquier cosa me consultás".

Aunque pasaron casi tres décadas desde que la muerte de El Gran Martín -como lo presentaba su canción antes de subir al cuadrilátero- cerró la etapa clásica del ciclo, Bocacci parece recordarlo todo. Fechas, direcciones, nombres y anécdotas.

Solo dice no haber registrado una cosa mientras duró el fenómeno: su impacto social, justamente. Es ahora (en realidad, antes de la pandemia), cuando lo reconocen en la calle, que corrobora lo que significó el programa para varias generaciones.

"Fueron 30 años casi consecutivos, de los cuales yo estuve entre el 78 y el 91 (volví también en 1997 y 2000). Martín encontró la llave de lo que le gustaba a la gente, lo que esperaban semana a semana. Ahora, casi 30 años después de que se fue, digo 'qué bárbaro, qué razón tenía'. Qué fuerza tiene el recuerdo", reflexiona.

Nacido en Lomas de Zamora, Bocacci se mudó primero a La Plata para estudiar ingeniería y, ya con su verdadera vocación definida y el título de licenciado en Comunicación, se radicó en Mar del Plata. Volvió a Buenos Aires pura y exclusivamente por pedido de Karadagián.

La vida profesional de Bocacci está divida en dos: el catch y el tango. En ambas, su voz fue el medio. Hace 50 años que conduce un ciclo radial que fue cambiando nombre (Silbando tangos, Bocacci a tango limpio) y emisora pero siempre llevó su sello, el que le valió cinco premios Martín Fierro.

Dice que, cuando alguien se le acerca a saludarlo, un poco pispea a la persona e internamente apuesta si lo vendrá a felicitar por Titanes o por el tango. Casi siempre acierta. A veces es por las dos cosas.

El camino de Bocacci no se cruzó con el de Titanes en los orígenes del ciclo (que arrancó en TV el sábado 3 de marzo de 1962 y pronto se volvió un éxito) sino en su segunda etapa.

"En el verano de 1978 con tres compañeros pusimos una tanguería en Miramar. Un día yo estaba en la playa tomando sol y se me acercan dos mastodontes que resultaron ser el Ancho Rubén Peucelle y José Luis (el "campeón español"). Estaban allí porque actuaban esa tarde con Titanes en el Ring. Nos conocíamos, me preguntan en qué andaba y me dijeron que Martín estaba buscando nuevo maestro de ceremonias, y ellos me habían nombrado", recapitula Bocacci, que por ese entonces creía tener bastante definido el rumbo de su carrera y se sentía cómodo viviendo cerca de la playa.

A los dos emblemáticos luchadores los conocía por una fugaz experiencia previa. "Había sido en el 72, en la Federación de Box. Yo trabajaba en Canal 9 y de boxeo no sabía nada pero fui, presenté las peleas y gustó, aunque me dijeron que pusiera más garra, que transmitiera la idea de lucha. Eran luchadores que venían de estar con Karadagian y habían hecho una troupe independiente con (el productor) Orlando de Benedetti. Mi historia empieza con Lucha Fuerte", detalla.

La nueva oportunidad de presentar catch no encajaba mucho con el proyecto de vida tanguero pero por curiosidad terminó aceptando. Conoció personalmente a Karadagian en su oficina de Callao 449, muy cerca de la plaza del Congreso y ahí recibió el primer golpe, figurativamente hablando: "Fue un impacto muy grande, yo lo venía viendo de chico. Me dijo que me tomaría una prueba, me llevó al gimnasio donde entrenaban los luchadores, en Avenida del Libertador, en Olivos, improvisé algo y quedé".

Las palabras de Martín fueron sin edulcorar: "No sé si vas a ganar mucho pero vas a ser reconocido. Quedás como maestro de ceremonias".

En cuestión de días Bocacci tuvo que mudarse y comenzó con un rol que nunca abandonaría. Para el presentador, uno de los aspectos más importantes del show era lo que Karadagián remarcaba: la combinación de humor y cultura.

"Yo estaba con él cuando lo decía en las conferencias de prensa en los pueblo donde hacíamos giras y los periodistas se sorprendían. '¿Cultura?'. Y claro, porque entre los personajes tenías un Gengis Kan, un Don Quijote, Rómulo y Remo, D'Artagnan. Eso jugaba como disparador, los chicos les podían preguntar a los padres y si ellos no los conocían, buscarlos en la enciclopedia. Generaba la inquietud", repasa.

El toque familiar y humorístico, la familiaridad con los luchadores y el apoyo a los buenos tanto como el repudio a los malos, era otra pata del éxito. En eso, Bocacci era clave.

"Creé yo también un personaje, busqué un tono justo del grito sin llegar a ser una cosa desmedida. Le daba a cada luchador una presentación distintiva, encontré esa vuelta y me despegué del estilo de mis comentarios tangueros", explica. Con su voz, arengaba al público a reaccionar ante la llegada de los personajes más queridos y también de los temibles.

Un tango para el campeón del mundo

En ese vaivén de profesiones entre el tango y Titanes en el Ring, una noche de 1978 pudo fusionar los dos mundos a través de Karadagián.

"Martín no era de salir, como buen deportista, era muy difícil sacarlo a reuniones o eventos. Yo trabajaba en una casa de tango en Colombres y San Ignacio, en Boedo, donde todas las noches había show. Un fin de semana que teníamos libre, él aceptó venir con su esposa y su hija Paulina que era muy chiquita. Le pregunté qué tango quería escuchar y me dijo La casita de mis viejos", relata.

Para agasajarlo con toda la pompa, buscó entre los músicos alguien que abriera el show con ese clásico de Cobián y Cadícamo... pero nadie lo tenía ensayado.

Bocacci empezaba a transpirar, hasta que el cantor Alberto Varela se animó, a puro fanatismo. "Yo no la hago, pero si es para Martín la improviso". Y la cantó.

La situación generó una escena que a Bocacci le quedó grabada y aún hoy lo emociona: "En un momento lo miro y le caían las lágrimas, le rodaban por la barba. Martín era un sibarita, un hombre súper pulcro, nunca lo vi distraído con su aspecto, pero ese tango lo desarmó".

Fuente: Clarín

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