CULTURA

Los campeones del Mundial de Tango que ganaron bailando en un dos ambientes de San Cristóbal

El titulo en Tango Salón fue para una pareja que representó a Argentina y transformó su departamento en una pista de baile. En el rubro Escenario venció una dupla colombiana de Manizales.

Por Redacción

martes 1 de septiembre, 2020

“¡Marica no lo puedo creer!”, gritó Diana Franco Durango (24 años) y se levantó de la cama. “¿Qué le pasó?”, quiso saber su novio que todavía seguía recostado. Eran casi las seis de la tarde del domingo en Colombia y los dos estaban en la habitación de ella, en una casa de dos pisos en Ciudadela del Norte, la comuna más poblada de Manizales, una ciudad de media montaña andina, a 300 kilómetros por ruta de Bogotá. Con el celular en la mano, Diana miró asustada a su novio y le dio la noticia. Él la abrazó, le dijo que estaba orgulloso y ella salió de la habitación y buscó a sus padres y a sus hermanos. En la pantalla del televisor quedó reproduciéndose la película que habían puesto en Netflix para distraerse y, así, bajar la ansiedad. “Mi reacción al leer mi nombre entre los campeones del Mundial de Tango fue ser grosera -ríe, horas después de haber conseguido el título, en una llamada de WhatsApp con Clarín-. Marica es una expresión de sorpresa -dice, piensa y sigue- es como un ‘la puta madre’ de ustedes, dicho en forma positiva”.

Al otro lado de Manizales, Valentín Arias Delgado (26), su pareja de baile en la competencia, no insultó, pero poco le faltó para volverse loco. Sentado frente a la computadora, pulsó y pulsó la tecla F5 para actualizar la página de Facebook del campeonato, mientras chateaba en forma compulsiva con Diana. “En medio del shock de ver nuestros nombres en una publicación en las redes sociales, hice una captura de la pantalla y envié la foto a Valentín. Él también estaba muy nervioso y al ver la imagen no creyó en lo que estaba pasando. Preguntaba ‘cómo lo vio’, ‘dónde lo vio’. Pensó que era un montaje o una mentira de las redes sociales”, reconstruye Diana. Pero en ese momento y de manera simultánea, en el celular de Valentín entró un mensaje de un colega de baile. Decía felicitaciones y acompañaba el saludo con un link de Youtube. Él entró y entonces sí, creyó.

“Di play y empecé a mirar. Primero anunciaron a los ganadores de los concursos especiales de canto y videoclip. Yo creí que era en vivo y me consumía en nervios hasta que un familiar que estaba a mi lado advirtió que la filmación era grabada y me gritó para que avanzara. Lo hice y por casualidad detuve el video en el punto exacto en el que el señor Fernando Bravo nos declara campeones de la categoría Tango Escenario -la que admite figuras, saltos y trucos-”, dice Valentín, también por llamada de WhatsApp.

Para Diana y Valentín (ganaron con 7.833 votos del público) el domingo había sido en cuenta regresiva y bajo alerta constante frente a cualquier posible interrupción o baja del servicio de Internet. Para ellos, la conexión era vital. Primero necesitaban comunicarse entre sí: el confinamiento decretado en Colombia por la pandemia de coronavirus les impedía compartir bajo un mismo techo la resolución de la final del Mundial. Segundo, precisaban una conectividad estable que sirviese de puente con la Argentina, en forma específica, con la Ciudad de Buenos Aires, donde a las 19.45 -hora local- se conocería la definición del certamen organizado por el Ministerio porteño de Cultura, en su edición más extraña, desde 2003, cuando inició.

Mientras en Manizales el triunfo se propagaba, Louise Junqueira Malucelli (37) y Marcos Esteban Roberts (41) seguían abrazados en su departamento de dos ambientes en San Cristóbal. Un día antes del cierre de las inscripciones, al ver una convocatoria por Instagram, habían decidido anotarse. Bailan juntos desde hace 15 años, el tango los llevó por el mundo, pero jamás habían participado del certamen. En este año alterado, cambiaron de idea y se anotaron.

“Todo surgió espontáneo y acá, en el living de nuestro departamento”, dice Marcos por teléfono, con el audio en altavoz. A su lado, Louise -o Lu, como la llaman- agrega: “Solitos festejamos. La sensación es de alegría y extrañeza. Nos eligió la gente -esta edición a diferencia de las anteriores consagró a los ganadores a través de una votación popular y no por decisión de un jurado- y para nosotros el premio es un incentivo en un momento crítico para el mundo y para el sector del tango. Aún encerrados, queremos seguir bailando”. Los votaron 6.310 personas.

La pandemia de Covid-19 los agarró de gira por Europa, en Londres. El 15 de marzo, cuando debían volver a la Argentina, la aerolínea canceló los vuelos por el cierre de fronteras. Sin opciones para regresar al país, optaron por viajar a Brasil y aterrizar en Curitiba, de donde Louise es oriunda y tiene familiares. Ahí estuvieron hasta hace un mes y una semana, cuando regresaron a Buenos Aires en un vuelo de repatriación.

En cuarentena se dedicaron a pintar el departamento. En los descansos y en la cocina, bailaban tangos y programaban clases virtuales por Zoom. Así fue hasta el día en que cerraban las inscripciones y decidieron participar.

Levantaron un sillón, corrieron la mesa, sacaron un espejo y convirtieron el living en una pista. “El espacio es tan chiquito que primero medimos el plano con el celular, no nos alcanzaba. Así que recurrimos a una cámara de fotos que filma y tratamos de ubicarla en el punto más lejano del living. En el reglamento decía que se tenían que ver bien las piernas y tratamos que así fuera”, dice Louise.

La sincronía de grabar y activar el sonido también fue doméstica. Marcos se puso del otro lado de la cámara, apretó grabar y de inmediato le dio play a la música que salía de su celular. Después caminó hacia Louise y se dejaron llevar por Pacienciade Juan D'Arienzo. En esa caminata y en ese abrazo en movimiento calificaron para la categoría Pista, la del baile más tradicional, la que se caracteriza por la improvisación.

Con un poco más de margen en los tiempos de competición, Diana y Valentín interpretaron Nochero soy de la Orquesta Típica Rascacielos. “Pedimos permiso al Club Manizales, un centro de danza muy prestigioso de la ciudad, donde soy entrenador de baile”, dice Valentín y sigue: “Al dueño del espacio le contamos el para qué y nos dejó con mucho gusto, siempre que cumpliéramos con los protocolos de higiene. Así fue que tuvimos que pasar la prueba del termómetro, permanecer con barbijo hasta la grabación y desinfectarnos con alcohol antes de la posición inicial”.

La estructura y los tiempos de Nochero soy no les eran ajenos. Con ese mismo tango, en la edición 2019, deslumbraron en la final del Mundial y fueron elegidos como favoritos del público. La decisión de los espectadores no coincidió con la del jurado, que los ubicó en el 5º puesto de la tabla de posiciones. Este año era la revancha y el viaje a Buenos Aires estaba decidido hasta que el coronavirus cambió los planes.

“Nos dio muy duro. No fuimos tan limpios ni prolijos como el año pasado. Nuestro tango perdió agilidad. Por el confinamiento llevábamos casi cinco meses sin bailar pero lo sacamos y lo esencial persiste porque lo vieron quienes nos votaron”, dice Valentín. En su infancia lo capturaron los tangos de la orquesta de Enrique Rodríguez, cantados por Armando Moreno, quien además de ser reconocido en la Argentina es muy escuchado en Colombia, donde se radicó y murió.

“El amor por el tango surge de mi mamá, ella es una apasionada de la melodía argentina. Ella de joven bailaba y cuando era niño me metió a una escuelita de baile. Recuerdo que no me gustaba porque decía que era una música para viejitos -ríe- pero ese pensamiento me fue cambiando a medida que fui creciendo y que le fui agarrando tanto amor a este ritmo, que ya no puedo vivir sin él”.

Para Valentín, para Diana, para Marcos y para Louise la alegría es plena: entraron a la historia del tango en un contexto único. Pero mientras aseguran que el futuro es incierto y que el coronavirus los obliga a vivir en tiempo presente continuo, algo proyectan. Y ese algo es volver en la próxima edición del Festival y Mundial, y alzar la Copa en el Luna Park, sin barbijos, ni alcoholes en gel, videos por zoom y llamadas de larga distancia.

Fuente: Clarín

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