Despertar a la industria del fresco: por ahora solo buenas intenciones

El gobierno nacional quiere incrementar las exportaciones en 25 mil millones de dólares en los próximos años y la industria pesquera puede hacer su aporte, aunque se debe fomentar e incentivar el trabajo en tierra por sobre el congelado a bordo y la venta de enteros.

domingo 13 de septiembre, 2020

Por Roberto Garrone

Días pasados la industria pesquera a través de referentes de distintos sectores de la actividad se acopló al Consejo Consultivo Público Privado para la Promoción de las Exportaciones que impulsa el Gabinete de Comercio Exterior de la Cancillería.

Argentina el año pasado generó 65 mil millones de dólares, un 6% menos que el año anterior pese a que en volumen la comercialización de productos al exterior creció un 12,7%. Más carga por menos precio.

La industria pesquera no fue ajena a ese fenómeno. El año pasado se exportaron casi 480 mil toneladas entre pescados, moluscos y mariscos, que generaron 1863 millones de dólares. Las cifras representan una merma del 1,9% en volumen y 13,3% en valor.

El gobierno busca incrementar las exportaciones y mejorar la balanza comercial para hacer frente a la falta de dólares. El objetivo a corto plazo es sumar al menos 25 mil millones de dólares más por año. Para eso deberá generar las condiciones como para que la industria, en este caso la pesquera, pueda subirse al tren del crecimiento.

Particularmente la pesca tuvo en el 2018 su mejor año en cuanto al aporte de divisas, superando por primera vez los 2 mil millones de dólares, a partir de la sobreabundancia del langostino patagónico que esa temporada tuvo desembarques superiores a las 250 mil toneladas.

Este año ha sido el calamar el recurso que mostró una mejor cara, con más de 160 mil toneladas desembarcadas cuando el año pasado no habían superado las 100 mil.

A diferencia del langostino entero y el filet de merluza interfoliado que registran una baja importante en su precio, el calamar ha logrado mantenerlo pese al aumento de la oferta desde este rincón del atlántico sud.

El desafío que enfrente el sector para cumplir con su parte en este programa oficial no es sencillo. Cómo hacer para que Argentina pueda aumentar el valor de las exportaciones pesqueras cuando las capturas no solo no son ilimitadas en nuestro caladero sino que además fluctúan a partir de variables ambientales.

Ante el límite del volumen que genera la naturaleza en el caso del langostino y el calamar y el esquema de cuotas individuales transferibles de captura que tiene la merluza hubbsi, la clave pasa por sumarle más valor a lo que ya se captura.

Y para eso es inevitable revisar el esquema de retenciones que tiene el sector. Si bien se redujeron un par de puntos desde el 9% al que las elevaron a pocos días de asumir funciones, esa diferencia de 2 puntos porcentuales sigue siendo poco estimulante.

Y no alcanza con seguir bajando líneas de crédito. A esta altura casi todas las empresas tienen sus créditos tomados y muy cerca del límite de sus capacidades. Generar subsidios de los ATP para las empresas que generen empleo es una alternativa válida. Pero para incorporar personal tiene que haber rentabilidad. Y eso no abunda en la actualidad del negocio

“Los productos con valor agregado tienen demanda”, sostuvo Oscar Poletti. En su frigorífico “Pampa Fish”, incorporó un segundo turno para pelar y desvenar langostino que llega en camión desde Camarones. Con un giro freezer congela cola del marisco y lo embolsa en bolsas de 800 gramos con un valor de referencia superior a los 9 dólares.

En Pampa Fish también reprocesan merluza que cortan fileteros no registrados bajo convenio sino en cooperativas, pero no la exporta interfoliada en bloques de 20 kilos, sino en filet individuales, rebozados, en bolsas de 400 gramos a un valor de 3500 dólares la tonelada.

Poletti acaba de asumir la presidencia de Cafrexport, la cámara de frigoríficos exportadores que agrupa a más de una docena de frigoríficos y le dan trabajo a más de mil trabajadores. Su objetivo primario coincide con los anuncios del gobierno. Generar empleo en el reproceso de materia prima fresca.

Muchos ya lo hacen pero si hubiese un marco laboral claro, podrían incrementarlo. El Anexo PyME del SOIP contempla la figura del eventual. Contrato laboral con fecha de inicio y finalización. Pero muchos temen utilizarlo porque la fecha de corte se diluye y no siempre sobra pescado. Los socios de la cámara cortan raya, pescadilla, clasifican corvina entera para Africa y otros hacen filet de merluza para mercado interno y exportación..

Exportar langostino entero en cajas de dos kilos tiene un valor de poco más que la mitad: 5 dólares por kilo. Si el gobierno redujera los aranceles a los productos que demandan trabajo en tierra y suman valor agregado compensaría esa reducción con un aumento del volumen.

Y en el medio de la ecuación se pueden generar empleos calificados y bien remunerados. Los obreros del pescado reconvertidos en peladores y desvenadores perciben más de 30 mil pesos por quincena. En Mar del Plata ya hay más de 10 frigoríficos que trocaron la merluza por el langostino y en plena temporada del marisco en aguas nacionales, son más de 700 obreros ocupados de lunes a sábados.

El filet de merluza interfoliada vive su momento más crítico. Brasil, el principal destino de este producto, bajó las compras y solo demanda si los vendedores están dispuestos a cobrar 2300 dólares la tonelada. Pero el costo de producción supera los 2700 dólares.

El año pasado entre enero y agosto se habían desembarcado en Mar del Plata unas 205 mil toneladas de merluza hubbsi. Este año apenas 120 mil. Es cierto que el calamar ocupó parte de la bodega de los barcos fresqueros en el primer semestre del año y luego muchos fueron a pescar langostino al sur, pero también es una verdad innegable que a nadie le interesa la hubbsi. O solo es un modelo económico rentable para la flota congeladora.

Si el gobierno desea sumar valor de las exportaciones pesqueras indefectiblemente debería mirar lo que pasa con el calamar. En el primer semestre el illex marca al predominio y maquilla los números de un contexto pandémico.

Entre enero y junio se exportaron 251 mil toneladas que generaron 844 millones de dólares. Los números representan un incremento en volumen del 4% y una caída del 4,4% en valor. Lo mismo que el año pasado. Más volumen por menos dólares.

De ese total exportado, 112 mil toneladas fue calamar congelado que representó ingresos por 322 millones de dólares. Poniendo la lupa sobre el molusco se advierte que 103 mil toneladas fue calamar entero, es decir, sin ningún tipo de valor agregado. Así como se pescó y clasificó a bordo, se comercializó, principalmente a China y España.

Ese calamar entero generó 270 millones de dólares, a un valor promedio de 2606 dólares. Un buen precio, un 12% mejor que el año pasado cuando las capturas habían sido muy inferiores. Vainas de calamar, lo que acá conocemos como el tubo, la materia prima de las rabas, se exportaron 5389 toneladas. Muchas elaboradas a bordo de los propios barcos poteros. Por este subproducto se generaron 22,4 millones de dólares, a un valor promedio de 4170 dólares.

Más de la mitad de la flota potera tiene permisos de pesca que compromete a los armadores a reprocesar una porción de sus capturas en tierra. Ese porcentaje varía entre más del 20% y más del 10%.

Ese compromiso no es nuevo y en los últimos años se computaba como reproceso en tierra la venta del calamar para destinarlo al mercado interno. Como muchos armadores generaban ventas ficticias del producto a partir de este año ya no pueden hacerlo más. Debieron descargar el calamar en tierra y tienen tiempo para reprocesarlo hasta el 28 de febrero de 2021.

La estadística oficial de la Subsecretaría de Pesca no refleja el agregado de valor al calamar que promueve la misma autoridad de aplicación.

Si la industria ya tiene herramientas para generar trabajo y aumentar el valor de las exportaciones pero pocos cumplen con ese compromiso y nadie es sancionado, brota poco optimismo en que surjan nuevos incentivos para una industria del fresco que necesita de estímulos para despertar.

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