Sin habilitación y con protocolos: ¿Cómo fue la apertura de los shoppings en Mar del Plata?

Con capacidad reducida, y en formato galería, centros comerciales recibieron este jueves sus primeros clientes luego de un mes cerrados. Indicaron que se trata de una "medida extraordinaria" basada en la necesidad de trabajar. El resto abrirá de cara al fin de semana.

Por Redacción

jueves 1 de octubre, 2020

Por Azul Paci

La rebelión de Mar del Plata, que comenzó a gestarse cuando la Provincia determinó el retroceso de la localidad balnearia a fase tres, llegó a uno de sus puntos máximos esta semana cuando los comerciantes de diferentes rubros procedieron a una serie de aperturas sin habilitaciones enmarcadas en la necesidad de trabajar.

Primero fueron los gastronómicos, sector sumamente castigado por la pandemia del cual depende una gran planta de trabajadores, luego los comercios de indumentaria, los gimnasios, los centros de danza, los estudios de pilates y los natatorios, que se sumarán la próxima semana.

De esta manera, la denominada fase tres "blue" estaba integrada por los sectores protagonistas de los reclamos que fue testigo la ciudad desde el inicio de la pandemia. O al menos así lo era hasta esta mañana, cuando shoppings de Mar del Plata comenzaron a abrir sus puertas, tal como adelantó El Marplatense.

Una apertura perfil bajo, puertas adentro

Poco movimiento afuera. ¿Estará abierto? Parece que nadie se enteró, pero los centros comerciales de General Pueyrredon decidieron este jueves abrir sus puertas y sumarse a las aperturas sin habilitación. Los empleados lo saben y, a los pocos segundos, es posible notar que están preparados.

"Se entra por Sarmiento y se sale por Garay", lo que se escucha mientras un guardia vestido de negro toma la temperatura de los clientes y se prepara para rociar con alcohol las manos de quien quiera entrar al Paseo Aldrey.

A los pocos pasos, una mujer brinda instrucciones. Una cabina. Es muy importante cerrar los ojos porque se trata de un módulo sanitizante que cuenta con sensores y pulverizadores que mezclan y disparan un líquido desinfectante.

Al igual que en todos los espacios públicos, el uso de barbijo es obligatorio. Algunos empleados también llevan guantes. "Movimiento casi no hay. Creo que la gente todavía no se enteró de que estamos abiertos porque no hubo mucha comunicación. Esperamos que se enteren", indicó una trabajadora del local de accesorios Isadora.

No sólo hay pocos clientes, también hay pocos locales abiertos y no todos atienden igual. En su mayoría, aunque trabajan bajo los protocolos que habían sido aprobados en la fase cuatro, solo permiten el ingreso de una o dos personas por vez. Además, todas las tiendas cuentan con alcohol en el ingreso y algunos incluso tienen una correa para limitarlo.

"Fue de un momento para otro la apertura. Hay un montón de negocios cerrados que van a abrir el fin de semana", detalló, mientras ella y otras empleadas acomodaban pañuelos, aros y pulseras que no imaginaban ver la luz después de un mes con las persianas bajas.

Los baños y los cines están inhabilitados, de acuerdo a lo indicado en la normativa que había sido aprobada por la Provincia. En tanto, el patio de comidas sólo funciona bajo la modalidad take away. Otros shoppings, como es el caso de Los Gallegos, también permanecen cerrados, pero se sumarán a la iniciativa de cara al fin de semana por cuestiones operativas, según indicaron.

También hay carteles por todas partes: "Por favor, no olvide higienizar sus manos", "Respete la distancia de seguridad", "Usa barbijo o tapabocas" y en las columnas diferentes banners grafican los protocolos dispuestos para la circulación durante el aislamiento.

"La expectativa es buena. La reapertura, al estilo huelga japonesa surge de la necesidad de trabajar. Es una medida extraordinaria porque no estamos autorizados para abrir", explicó y consideró: "Creo que la actividad puede ser aprobada. El shopping es un lugar seguro, controlan temperatura, los datos, la gente no está amontonada y en las tiendas sanitizamos todo".

Garay. Una señora con una máscara, sin tapabocas, ni barbijo, discute con el guardia de seguridad. En su mano, un contador, como el que utilizaban en la entrada de los boliches. Como en todas partes, la capacidad es limitada, pues el virus gusta de las aglomeraciones. Los protocolos están, la necesidad de trabajar también.

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