Conducción eficiente

por Fernando Poó

domingo 8 de noviembre, 2020

El tránsito está directamente relacionado con la salud. Sin embargo, no es la primera característica que nos viene a la mente cuando hablamos coloquialmente del tema. Podemos señalar dos vertientes de esa relación. Una de ellas son las lesiones fatales y no fatales y las secuelas físicas y psicológicas que sufren las personas como consecuencia de los siniestros.

La otra, quizás menos evidente, está relacionada con la contaminación ambiental producida por el transporte. Con respecto a esta última, políticos y expertos están interesados en desarrollar e implementar intervenciones que permitan reducirla. Una medida de bajo costo es incentivar la conducción eficiente. Se trata de una intervención comportamental que tiene como principal objetivo reducir el uso de energía del vehículo. Una ventaja asociada es que se trata de una forma no agresiva de conducir.

Es importante tener en cuenta que los vehículos producen tres tipos de emisiones contaminantes. Una es la que surge de los caños de escape, y que es el resultado de la combustión de productos derivados del petróleo. Por este medio se liberan a la atmósfera hidrocarburos, monóxido de carbono, dióxido de carbono, y nitrógeno, entre otros gases. Otro tipo de emisiones contaminantes es producida por el desgaste de las ruedas, de los sistemas de frenos y del pavimento, y por la corrosión de distintas partes del vehículo. En este caso, se generan distinto tipo de partículas que quedan en suspensión en el aire y que pueden ingresar en el organismo a través del sistema respiratorio. El tercer tipo de emisiones se producen por la evaporación del combustible, algo que puede ocurrir tanto cuando el vehículo está en marcha como cuando está detenido. De este modo se liberan al ambiente componentes orgánicos altamente volátiles como el benceno o el formaldehído. A la contaminación del aire debe sumarse la polución sonora que es el resultado del ruido de los motores, las bocinas y, en gran medida, de los rodados de los vehículos.

Las emisiones contaminantes reducen la calidad del aire, afectan la capa de ozono, favorecen el calentamiento global, y contribuyen a la acidificación del agua y del suelo. Entre los malestares físicos y enfermedades relacionados con este tipo de contaminación se encuentran algunos problemas respiratorios, alteraciones cardiovasculares y distintos tipos de cáncer, entre otros. Por otro lado, la polución sonora se asocia con diferentes problemas de salud como el estrés, los trastornos de sueño, dificultades de concentración y trastornos cardiovasculares.

Existen distintas formas para reducir el impacto ambiental de los vehículos motorizados. Algunas de ellas, tienen como objetivo reducir su uso, son las que se basan en la restricción de acceso de los vehículos a zonas específicas, la promoción de medios activos de movilidad, la promoción del transporte público, y/o el uso de vehículos eléctricos o híbridos. Una alternativa, teniendo en cuenta que los vehículos a combustión interna no van a desaparecer en el corto plazo, es la conducción eficiente que reduce el uso de combustible, genera un menor desgaste del vehículo, y colabora con un tránsito más seguro. Según algunas estimaciones con esta forma de conducción el ahorro de combustible puede ir desde un 4% hasta un 27%. Por el contrario, la conducción agresiva puede incrementar el gasto de combustible en un 40%.

Conducir de manera eficiente implica: (1) mantener la marcha del vehículo entre las 1500 y las 2500 revoluciones por minuto (rpm), (2) mantener una distancia de circulación adecuada para advertir imprevistos, (3) acelerar de forma ágil y progresiva para circular de manera uniforme sin aceleraciones o frenadas bruscas, (4) utilizar la inercia del motor para realizar desaceleraciones sin bajar de las 1000 rpm, (5) desacelerar utilizando la caja de cambios en lugar de los frenos, (6) no mantener el vehículo encendido cuando está detenido más de 60 segundos, y (7) evitar las aceleraciones en el vacío.

Para conducir de manera eficiente se requiere de un entrenamiento prolongado. Si bien eso implica esfuerzo, y algunas inversiones iniciales en cursos de capacitación, tanto los conductores particulares como las empresas de transporte pueden encontrar un incentivo en la reducción del consumo de combustible, que a largo plazo produce ahorro en el costo de funcionamiento y de mantenimiento de los vehículos. Para el Estado, la motivación no debería residir solamente en el ahorro de energía y de dinero (aunque es un gran incentivo en tiempos de crisis), sino también en mejorar las condiciones ambientales y las condiciones de salud de las personas. Sin duda, ello resultaría, en el mediano y el largo plazo, en la reducción de la incidencia de enfermedades no transmisibles, y por lo tanto, en la mejora de la calidad de vida de todos los habitantes.

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