Gracias, eternamente gracias Diego

Por Marcelo Marcel

Por Redacción

jueves 26 de noviembre, 2020

-Tome pibe, esto es para sus nietos...

Corría el verano del 94 en Mar del Plata. Yo era un pibe de 22 años y lejos estaba en mi pensar en mis nietos. Pero la frase del jefe de fotografías del diario Crónica tenía un mensaje que comencé a dimensionar cuando vi por segunda y tercera vez la foto. Y hoy, 26 años después, ese recuerdo es orgullo también de mis tres hijas y, obviamente, de mis padres y hermano.

Debo reconocer que mi romance, como todo futbolero, nació mucho antes con Maradona. De chiquito, viéndolo jugar en las tradicionales Copa de Oro, leyendo revistas o con la radio en la oreja, como era la costumbre en los finales del 70 y en los 80.

Mi vocación por el deporte me metieron en el hermoso oficio del periodismo. No había escuelas en Mar del Plata. Apenas unos cursos que venían de la Facultad de Periodismo que hice con algunos muchachos que hoy todavía comparten el mismo trabajo. Y así empezó esta pequeña historia que me ligó a Maradona en episodios que quiero compartirles.

Iniciado ya y con un paso por La Capital que siempre recuerdo, el diario El Atlántico me abrió las puertas en el 92 y fue allí donde tuve el honor de realizar unos encuentros con Diego. Como el matutino era del mismo dueño que Crónica, en los veranos "bajaban" periodistas porteños a cubrir la temporada con staff completo (fotógrafos y chofer incluidos).

Los más jóvenes utilizamos esos momentos para lo que yo llame siempre "hacer la carrera", porque en sí era la mejor enseñanza que se pudiera tener. Saber donde pararte para esperar a un protagonista, cómo presentarte ante él, ejercitar el oficio de la pregunta y la repregunta...en fin miles de cosas que pude incorporar y me sirven aún, porque siempre supe que tenía que tener los oídos limpios y los ojos abiertos en este oficio.

Mar del Plata estuvo ligada en la relación con Diego. Recuerdo la Copa Artemio Franchi, donde me tocó colaborar con unas pocas líneas de esa magnífica final.

Pero en ese verano del 94, llegó con Newell´s Old Boys. Héctor Ricardo García había dispuesto un operativo especial. Un auto de la empresa seguía a Diego a sol y a sombra. Me tocó subirme a ese auto, con el querido "Tano" Franconieri, el periodista de Boca en Crónica (el que tiene bigotes en la foto que acompaña abajo) y "Pitu" Bellani, uno de los jefes de fotografía del matutino porteño, que tenía en sus espaldas mundiales, fotos a presidentes y millones de anécdotas. Todo era escuchar para mi.

Diego se movió en Mar del Plata por esos días en una Mercedes Benz rural de color bordó. Obvio, con vidrios polarizados. Lo acompañaba un amigo de Fiorito que era el chofer y un "oso" de bigotes que oficiaba de "guardaespaldas". Intimidaba. Pero nunca le escuche la voz.

El 23 de enero seguimos ese auto hasta Universitario. Por avenida Luro íbamos detrás de ese auto que en cada semáforo impactaba a quienes en los semáforos lo miraban admirados. No tenían idea de quien iba adentro. Esa sensación para mi fue de las más increíbles de mi vida que me tocó vivir.

Apenas estuvo media hora ese día en la cancha principal. Su asistente le acercó los botines, se los puso (con cordones sueltos), saludó a los compañeros, remató al arco y se fue. Y atrás fuimos nosotros. En el camino los de Crónica iban contando anécdotas, una tras otras, con Diego. Yo escuchaba.

Al día siguiente se realizó una conferencia de prensa, en la sede del club Kimberley. Muy bien organizada, pretendía dar detalles del certamen por el que Vasco Da Gama llegaba a Mar del Plata y promocionar a Diego con la casaca de "la lepra".

Ahí, sin darme cuenta, el fotógrafo me hizo el mejor regalo que pude haber tenido como periodista, en acción de trabajo, cuando me dijo: "pibe, vaya y preséntese, dígale como se llama y para qué medio trabaja...". El Panasonic (regalo de mi abuelo) me temblaba en la mano...me acerqué, coloqué el grabador en la mesa y le hablé. Diego me miró, a los ojos, y extendió su mano. Fueron 5 segundos.

Transcurría el final de la jornada. Las ventanas de la redacción de El Atlántico estaban abiertas de par en par por el calor. Mi lugar estaba muy cerca de la puerta de ingreso, y hasta allí se acercó Bellani, grandote él, en ojotas y bermudas, y me arrojó la foto.

Incrédulo, no sabía qué me daba. La frase sigue retumbando en mis oídos hoy cuando escribo esta nota para El Marplatense que me cobija en este tiempo para mi regreso al periodismo escrito, algo que celebro.

Tenía razón el fotógrafo. Esa foto no solo sirvió para que Canal 10 me homenajeara un 7 de noviembre, enmarcando la foto y entregándomela el genial "Vecchia" en el mismo estudio, sino que está en una de las paredes de la casa de mis padres, en donde mis hijas, aun la más pequeña de 9 años que no lo vio jugar y poco sabe de él, ayer le sacaba una foto para mostrarle a sus amiguitas.

Párrafo aparte de esa venida de Diego a Mar del Plata fue la tarea de hacer la guardia en el Hotel Primacy tras aquel partido en el Super Domo de Peñarol. La familia Guillamón que era la propietaria (quizás lo es todavía) permitió que 7 periodistas pudiéramos quedarnos en los cómodos sillones del hall para esperarlo.

Diego nunca llegó. A las pocas horas todos pudimos saber donde estaba; en una quinta en la localidad de Moreno en una acción que se recordará por su estado en ese momento.

Otro vínculo con Diego me tocó de cerca. En su debut como DT de Racing, en el torneo de verano de 1995, tuve la suerte de hacer una página en el diario. La tarea consistió en sentarme al lado del banco de Racing (previa autorización de la organización) y escribir sobre todo lo que Diego hacía y decía. Lo que empezó con una carilla de la libreta terminó casi ocupándola toda. Fue  un show, al lado de Carlos Fren.

Este miércoles, cuando conocimos la triste noticia, desde la empresa me pidieron que hiciera una nota referida a la foto que tengo en recuerdo a Diego y que pocas veces mostré. Toda la noche pensé en cómo encararla. Y, la verdad, no se si es la mejor nota que pudiera hacer. Creo que la foto habla por sí sola. Gracias Diego. Eternamente gracias.

Comentarios