“Rompan todo”: El rock, el aullido en nuestra lengua

La serie producida por Santaolalla que repertoria el género en la región con cientos de testimonios y un archivo sublime, generó fuertes debates en las redes sociales sobre su contenido.

Por Redacción

sábado 26 de diciembre, 2020

La libertad de pensamiento, la libertad musical, la libertad para denunciar. “Vivir en libertad era el motivo principal de todo”. Lo dice Pappo en uno de los momentos de la serie documental "Rompan todo", sobre el rock en América Latina. La nueva producción de Netflix, dirigida por Picky Talarico, retrata en seis episodios el grito emancipador del rock, razón de ser de este movimiento que cambió la vida de varias generaciones: la de los músicos que lo hicieron y la de los jóvenes que los acompañaron, atravesando la represión, las dictaduras, los cambios culturales, las crisis sociales y económicas del continente.

Desde su estreno, el documental –un recorte sobre los últimos cincuenta años de historia rockera principalmente en la Argentina y México, incorporando en dosis homeopáticas lo que sucedió en Colombia, Chile, Uruguay y Perú–, generó una serie de debates en las redes sociales sobre la inclusión de nombres, eventos históricos y países que formaron parte de la escena. Varias críticas señalaron que se trata de una serie autocelebratoria de Santaolalla; sin dudas, el padre de la criatura como productor y también una suerte de rey Midas del rock latino que produjo los discos de los artistas más importantes de la escena, como el icónico álbum Re de Café Tacuba, y otra veintena de discos fundamentales de Los Prisioneros, Divididos, La Vela Puerca y Bersuit Vergarabat, entre otros.

Otro señalamiento fue la falta de profundidad de los temas, como el abordaje del caso Cromañón sin la mención a las condenas a Chabán y el grupo Callejeros, o la predominancia masculina en esa construcción del rock latino, como lo cuenta la propia Andrea Echeverri de Aterciopelados de Bogotá durante el documental: “En una gira con un equipo de noventa personas, dos solas éramos mujeres. Así fue mi vida”, dice la autora de “Florecita rockera”. Pero las reacciones ante Rompan todo fueron tan variadas como el gusto y criterio de cada observador.

Café Tacuba: su icónico disco "Re" fue producido por Santaolalla.

Lo cierto es que Rompan todo no se trata solo de una historia de parte del rock en América Latina. Con un archivo sublime, se puede ver la transformación paso a paso de un movimiento de rock en castellano que nació contracultural y en el under hasta su conversión a un producto de consumo pop a escala masiva. Y también el trabajoso derrotero para inventar su propio territorio musical, tocando y cantando en su idioma.

Es un documental que traza una historia coral y pone en contexto a la sociedad de cada época a través de la mirada de los músicos que fueron protagonistas: Charly García, Los Prisioneros, Café Tacuba, El Tri, Los Fabulosos Cadillacs, Andrés Calamaro, Julieta Venegas, Celeste Carballo y Fito Páez, entre unos cien testimonios. No hay expertos ni sociólogos. No es un documental para especialistas sino un producto de entretenimiento para grandes audiencias propias de una plataforma digital como Netflix.

En "Badia y companía", Juan Alberto Badía entrevista a Soda Stereo.

El registro es ambicioso y, por momentos, eso se vuelve un problema para el guión que abre y cierra temas con demasiada rapidez. Abarca en lo musical desde aquel influjo inicial de Ritchie Valens con “La bamba” como inspiración del rock en castellano hasta la presencia en pantalla del joven rapero Wos, que tiene una participación más simbólica y generacional.

Además, casi obligado por el contexto, el documental se pregunta sobre el futuro femenino del rock, que aparece tangencialmente en testimonios como el de Hilda Lizarazu, Mavi Díaz, Mon Laferte o Juana Molina y señala episodios de machismo en la cultura rock, aunque no se mencionan los casos de abuso que marcaron agenda local en los últimos años.

Interior del boliche República de Cromañón, incendiado en diciembre de 2004. Dejó 194 víctimas. Foto: Andres D'Elia

Por otro lado, cada capítulo va reflejando los cambios del rock con una mirada política y social. Aparecen las dictaduras de Chile y la Argentina, la represión a los estudiantes en México en el 68, la prohibición y censura en los setenta, la violencia institucional, la corrupción política, la guerra del narcotráfico en Medellín en los ochenta, la rebelión zapatista, y también tragedias como el terremoto de México en 1985 y el mencionado incendio en el boliche de Cromañón en diciembre de 2004, que dejó 194 víctimas.

La serie, que no se limita a la reconstrucción de los orígenes, el desarrollo, la expansión y los procesos de este movimiento musical en América Latina, va más al fondo de la cuestión: cómo los jóvenes pudieron expresarse en sociedades que los reprimieron, los silenciaron o los marginaron. Esa es una de las columnas vertebrales del documental y quizás su mayor acierto. Este enfoque permite construir una línea de tiempo en paralelo que va conectando a las distintas escenas y sus realidades sociales en centros de producción como Buenos Aires, Ciudad de México, Santiago de Chile y en menor medida en Montevideo, Lima y Bogotá.

El desafío del guión fue sintetizar en seis capítulos medio siglo de historia del rock en América Latina con muchas aristas, por momentos demasiadas. La contundencia de las imágenes de archivo y las canciones, además de la reflexión de los artistas sobre diferentes períodos del rock, es lo más interesante del documental. El resultado es un ejercicio de reflexión colectiva, que sobre todo les permite a los protagonistas de esta historia y a su público reencontrarse con buena parte del rock en nuestro continente, ese territorio de libertad que celebraba León Gieco en su canción.

Fuente: Clarín

Comentarios