Género, inequidad y transporte

por Fernando Poó

domingo 17 de enero, 2021

Los varones conducen más que las mujeres. Esta afirmación refleja un hecho antes que una opinión. Pero no tenemos que pensar que se debe a una cuestión de preferencias. Existen factores económicos que permiten entender esta diferencia. En primer lugar, las mujeres participan un 20% menos del mercado laboral que los varones debido a que muchas de ellas realizan tareas domésticas y de cuidado que no son remuneradas. Además, las tasas de desempleo y empleo parcial son mayores entre ellas, aun cuando son menos las que buscan trabajo, comparadas con los varones. Por otra parte, los ingresos económicos son desiguales. Los varones ganan, en promedio, un 26% más que las mujeres. En términos generales, cobran más por el mismo trabajo, acceden en mayor proporción a los trabajos mejor remunerados y a puestos directivos, fenómeno conocido como techo de cristal. La suma de estas inequidades hace que sea más probable que los varones, antes que las mujeres, puedan comprar uno o más autos. Un dato que refleja esta situación en Argentina es que tres de cada cuatro licencias de conducir están en manos de varones. A eso debe sumarse que en la mayoría de los casos, cuando el automóvil es de uso familiar, suele ser el varón quien lo utiliza en mayor medida.

Como los varones conducen más, están más expuestos que las mujeres al riesgo de participar en siniestros viales. Sin embargo, ante un choque es más probable que ellas sufran lesiones y que mueran en consecuencia. Esta diferencia puede explicarse por su menor contextura física. El riesgo que enfrentan los varones no puede atribuirse por completo a su mayor exposición. La forma en la que son socializados favorece la búsqueda intencional de riesgo y, por lo tanto, que los varones realicen acciones peligrosas en el contexto vial, como conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas, a alta velocidad, o de manera agresiva.

El menor acceso a la conducción de vehículos por parte de las mujeres es la contracara de su uso más frecuente del transporte público. Son, junto con niños y ancianos, sus principales usuarias. Es habitual que las mujeres viajen con ellos porque suelen ser las encargadas de su cuidado. No obstante, el transporte público no responde bien a sus necesidades, ya sea por las frecuencias de viajes o por las características de los vehículos.
Otro aspecto en el que también es posible encontrar diferencias entre varones y mujeres es en las consecuencias sociales y económicas de los siniestros. Las mujeres tienen mayores tasas de empleo informal, de manera que sus coberturas de salud y seguros de trabajo son pobres o inexistentes, no tienen derecho a licencias prolongadas, o tienen ingresos que no permiten financiar cuidados hogareños de salud. Por otro lado, cuando el varón es el principal sostén del hogar (algo habitual dadas las desigualdades en el ingreso), las lesiones por tránsito (más prevalentes en su caso) pueden afectar negativamente la economía familiar. Las dificultades financieras pueden favorecer el desarrollo de estrés post-traumático y/o de crisis familiares.

A menudo el tránsito, la movilidad y el transporte se reducen a un problema de circulación de vehículos, de embotellamientos y de choques, sin embargo, es un problema social mucho más amplio, con aristas económicas, políticas, y de salud. El colectivo de mujeres recientemente ha comenzado a incluirlo entre sus demandas. Es importante que comprendamos que un sistema vial más equitativo también es un sistema vial más seguro.

Fuentes
Shokida, N. (2018). La desiguadad de género se puede medir. Economía Femini(s)ta. https://economiafeminita.com/la-desigualdad-de-genero-se-puede-medir-3/
World Health Organization (2002). Gender and Road Traffic Injuries. https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/68887/a85576.pdf;jsessionid=9C127FDE4489FEE6E5F15AAB7573F618?sequence=1

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