El comportamiento vial y su circunstancia

Por Fernando Poó

domingo 31 de enero, 2021

El carácter de todo acto depende de las circunstancias en las que se hace.
Oliver Wendell Holmes

¿Podemos seguir pensando que el comportamiento humano es el principal responsable de los siniestros viales y de sus consecuencias? La respuesta a esta pregunta es negativa. Sin embargo, aunque desde hace un tiempo los enfoques sistémicos acerca del tránsito y la seguridad vial se están extendiendo como forma de comprender y modificar el comportamiento del individuo, tradicionalmente, el punto de vista privilegiado ha sido conocer las fallas del individuo en su rol de conductor, motociclista, o peatón (entre otros). La interacción con el contexto en el que el comportamiento ocurre, aunque importante, fue objeto de menos interés. En todo caso, el problema a resolver consistió en adaptar al individuo al ambiente vial antes que la opción contraria. Como los cambios no ocurren de un día para otro, las formas tradicionales de pensar sostienen su inercia. No obstante, si se consideran las estadísticas de siniestralidad como un indicador de su eficacia, los resultados no son favorables.

Veamos una anécdota para ilustrar cómo el enfoque centrado en el individuo se traduce en la práctica. Un tiempo atrás, me invitaron a asistir a una charla que dictó un especialista en educación vial. El expositor comenzó diciendo que los siniestros viales no dejaron de aumentar en los últimos 20 o 30 años, y que, por lo tanto, deberíamos transformar la educación vial. Me entusiasmé con esa afirmación y supuse que el orador presentaría un enfoque sistémico, entendido como aquél que destaca la interacción entre la persona, su comportamiento, y su ambiente. Sin embargo, no fue eso lo que sucedió. Durante la charla mencionó razones y presentó estrategias para generar cambios en el comportamiento del individuo, o, a lo sumo, en su contexto de interacción inmediata. Me interesa destacar dos de ellos. El primero, fue sobre una experiencia para aumentar los tiempos de descanso de los conductores de camiones. En una primera etapa habían detectado que los conductores dormían poco porque llegaban a sus hogares luego de las 22 hs. y sus esposas los esperaban para cocinar y cenar en familia. Como resultado los choferes se acostaban tarde y debido a que al otro día tenían que madrugar dormían poco. La solución propuesta fue enseñarles a sus esposas sobre la importancia de tener la cena preparada y los hijos dormidos o listos para acostarse cuando los trabajadores llegaban al hogar.

Aquí se pueden hacer varias observaciones a modo de preguntas: (1) ¿Cuál era la duración de la jornada de trabajo? (2) ¿Qué pasó con los conductores que eran solteros o que tenían otros modos de organización familiar? (3) ¿Se contemplaban tiempos suficientes para el descanso entre el final de una jornada de trabajo y el comienzo de la otra? (4) ¿Por qué la solución fue empobrecer la vida familiar y personal para que el conductor estuviera apto para trabajar?, (5) ¿Cómo integramos las necesidades laborales y las necesidades personales para aumentar la seguridad vial?

El segundo ejemplo que me interesa compartir gira en torno a los cruces peatonales. La principal intervención que se propuso durante la charla fue enseñarles a los peatones que es obligatorio cruzar por la senda peatonal. Esto, que es algo bastante obvio y para nada innovador, fue presentado desde el punto de vista de la responsabilidad penal. Desde mi perspectiva, si bien este es un aspecto válido, que puede ser muy importante para el sistema legal, o para las compañías de seguro, no debería ser el eje de la prevención de los siniestros. Por un lado, aun cuando el carácter obligatorio y prioritario de la senda peatonal forma parte de los códigos y leyes de tránsito desde mediados del siglo veinte son muchos los automovilistas que no lo respetan. No debería sorprendernos que la mayoría de las interacciones conflictivas peatón-vehículo ocurren en las bocacalles. Por otra parte, creer que las personas cruzarán siempre por la senda peatonal implica partir del supuesto de que sus decisiones se basan únicamente en evaluaciones racionales y desconoce la existencia de otras motivaciones. Por ejemplo, sabemos que los peatones buscan recorrer el camino más corto. Si la bocacalle no parece ofrecer mayor seguridad ni recompensas que cruzar en cualquier otro lugar, destacar su carácter obligatorio no aumentará por sí solo el uso de las sendas peatonales.

Los enfoques que han girado alrededor del comportamiento individual han sido y son limitados para lograr cambios. Los enfoques sistémicos son una alternativa para superarlos en tanto implican ampliar el rango de factores en estudio, e incluyen simultáneamente varios elementos en juego. Entre ellos podemos mencionar la influencia social, el diseño de los vehículos y de las calles, las normas de tránsito y laborales, la velocidad de respuesta de los sistemas de emergencia médica en caso de siniestros, el control por parte de las autoridades, la cobertura de los medios de comunicación, y la interacción entre todos ellos. Entonces, teniendo en cuenta todo lo mencionado, parece innegable que ninguna intervención será efectiva si no supera el énfasis puesto en el comportamiento del individuo y de su contexto más próximo.

Comentarios