El Personalismo: una forma clara de autoritarismo

Por Mercedes Giuffré

sábado 6 de marzo, 2021

Más allá de los desafíos de política exterior más inminentes que enfrenta la nueva administración Biden , se vislumbra una macrotendencia que merece atención: el surgimiento de gobiernos autoritarios personalistas de “hombres o mujeres fuertes”.

Los ejemplos clásicos de regímenes personalistas incluyen a Saddam Hussein en Irak, Joseph Stalin de la Unión Soviética y la dinastía Kim en Corea del Norte. Sin embargo, los regímenes autoritarios menos abiertamente represivos están progresando de consolidar el poder dentro de sus fronteras a proyectar el poder más allá de ellas. En Rusia, por ejemplo, la centralización del poder interno bajo Putin ha tenido lugar junto con políticas exteriores aventureras y estrategias militares en Ucrania, el extranjero cercano y en el Medio Oriente. Comprender la dinámica política dentro de sistemas autoritarios como el de Rusia podría ayudarnos a predecir mejor lo que harán en el escenario mundial.

Una Nueva Era de Autoritarismo

Durante la última década, los autoritarios han rechazado el orden democrático imperante en el mundo. Por undécimo año consecutivo, Freedom House anunció una caída generalizada de la libertad en todo el mundo. La mayoría de los países de hoy (55 por ciento) son considerados no libres o parcialmente libres de acuerdo con las libertades civiles y los derechos políticos de los que disfrutan los ciudadanos. Al mismo tiempo, regímenes altamente personalizados están tomando el control de sistemas políticos autocráticos e incluso democráticos.

En comparación con la era de la Guerra Fría, cuando los poderosos partidos comunistas y socialistas presidían la mayoría de las dictaduras, hoy alrededor del 40 por ciento de los gobiernos autocráticos están gobernados por personalidades fuertes. En todas las regiones, el poder consolidado se está asentando en manos de una persona o un pequeño grupo de individuos, que van desde el presidente ruso Vladimir Putin hasta el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el filipino Rodrigo Duterte, Jair Bolsonaro en Brasil, la enorme concentración de poder de Xi Jinping en China, y líderes en Argentina, Bolivia, Venezuela, Hungría y Polonia. .

La clasificación de esta tendencia global es complicada por el hecho de que los gobiernos autoritarios del siglo XXI no se parecen a la Rusia estalinista o la Alemania fascista. En ausencia de ideologías movilizadoras, los líderes autocráticos modernos abusan y corrompen otras fuentes de poder, incluidas aquellas que reconocemos en sistemas democráticos como la competencia política, el sistema de justicia, el estado de derecho, el debate público y el acceso a la información abierta, criticando permanentemente a los medios de comunicación que informan sobre las falencias de sus gobiernos, acusándolos de “prensa que responde a los intereses de la oposición”, cuando su propia prensa oculta, disimula e ignora los errores del poder autoritario de turno. Recordemos, en este caso, la constante pelea de Donald Trump con medios de su país como el New York times, CNN y muchos otros.

Además, los autócratas se han aprovechado de las comunicaciones globalizadas y las tecnologías avanzadas para mantener férreo control sobre sus poblaciones. Los gobiernos tienen herramientas de monitoreo, censura y desinformación más elusivas y poderosas al alcance de su mano, lo que permite a los líderes políticos mover sus instrumentos de persuasión desde el púlpito al espacio digital. Líderes de naciones tan variadas como China, Rusia, Turquía, Filipinas, Corea del Norte y Venezuela han aprovechado las narrativas nacionales populares que destacan cómo sus países han sido explotados por Estados Unidos y Occidente. Estos líderes luego proyectan su capacidad para hacer frente a tal explotación, que resuena dentro de sus poblaciones.

Las implicaciones de Política Exterior de las estructuras de poder nacionales
El gobierno personalista es solo un molde distinto de autocracia. Otros tipos de sistemas autoritarios incluyen los regímenes de partido único (donde una organización partidaria fuerte ejerce cierto poder sobre el líder) y las autocracias militares (en las que uno o varios oficiales militares de alto rango mantienen el control centralizado (Myanmar, Corea del Norte)). En comparación, los regímenes personalistas concentran el poder en manos de un individuo o un pequeño grupo que no rinde cuentas ni a militares ni a un partido institucionalizado. Los líderes personalistas no poseen limitaciones en su capacidad de toma de decisiones, más que su propio delirio personal y se asumen como menos responsables de malos resultados, los cuales niegan. Nombran amigos, parientes, allegados de servicio y compinches para cargos cruciales. Estos “iniciados”, cuidadosamente seleccionados, tienen fuertes incentivos para permanecer leales y jamás son críticos con el o la líder.

Las implicaciones del gobierno autoritario no reconocen límites. Estudios recientes de ciencia política indican la importancia de la dinámica política dentro de los regímenes autoritarios para la política exterior. Entre los regímenes dominados por un solo partido y con fuerte presencia del estamento militar (Myanmar), la investigación muestra que los autoritarios personalistas son los que más probablemente inicien conflictos en el extranjero y apliquen políticas exteriores arriesgadas. Los autoritarios personalistas no solo son más agresivos hacia el extranjero, sino que también suelen ser actores impredecibles. (Corea del Norte, Kim Jong-un), los líderes personalistas son capaces de llevar a cabo políticas volátiles sin aviso.

Hay cuatro razones principales por las que los sistemas personalistas inevitablemente, desarrollan políticas más agresivas, impensables para un mandatario democrático, en el total sentido de la palabra.
Primero, las características inherentes de los tipos de individuos que se convierten en gobernantes personalistas — ambiciosos, feroces y divisivos, egocéntricos — los impulsan a perseguir objetivos nacionales e internacionales más aventureros que los líderes de otros tipos de regímenes. En segundo lugar, los líderes personalistas perciben costos más bajos de la lucha, que los líderes de las democracias o los sistemas autocráticos más restringidos porque tienen menos aversiones normativas a la fuerza, no internalizan los costos de la lucha y ven a la fuerza coercitiva (en Argentina Afip, grupos de choque, piqueteros, sindicalistas) como más eficaz que otras herramientas del arte de gobernar. En tercer lugar, los líderes personalistas no temen la derrota en la medida en que lo hacen otros líderes debido a la falta de instituciones fuertes capaces de castigar al líder por sus errores, y además porque tienen un déficit psicológico por el cual creen ser la encarnación de un mandato de la historia y son superiores al resto del estamento político. En cuarto lugar, inevitablemente, los subordinados de los líderes personalistas normalmente no están dispuestos a desafiar los prejuicios personales de un líder, lo que lleva a una profunda "convicción colectiva de pertenencia grupal", habitualmente recompensada con cargos y prebendas, y a una sobreestimación de la probabilidad de victoria.

Aprendiendo de Moscú

Rusia bajo Putin ilustra el vínculo potencial entre el autoritarismo personalista y las políticas exteriores agresivas y arriesgadas. En el sistema político de Rusia, la Asamblea Federal (el parlamento de Rusia) se ha convertido en un sello de goma en las propuestas políticas de Putin. Además, Putin no depende del principal partido político de Rusia, Rusia Unida, como su principal base de poder. Esto significa que puede elevarse por encima de la refriega política y aislar su popularidad personal de la falta de confianza del público en el gobierno y la consternación por la dirección del país. Sin embargo, Putin no está completamente por encima del sistema; hay un aparato de gobierno que lo ancla, aunque no pueda ser considerado un colectivo formal o un partido político.

La reducción de los círculos de toma de decisiones en torno a Putin, un pequeño grupo de leales y asesores de ideas afines, ha eliminado voces en competencia dentro de su régimen y ha creado una dinámica de pensamiento de grupo en la toma de decisiones del Kremlin. Putin es probablemente el líder con menos limitaciones del Kremlin desde Stalin; no hay un Politburó que pueda despedirlo, como lo hizo Nikita Khrushchev en 1964. Como resultado, ha resultado inmensamente difícil predecir los próximos movimientos de Putin hasta después de que se hayan cerrado los tratos. La decisión de Putin de anexar Crimea en 2014 e intervenir en Siria en 2015, o atacar a su opositor político Navalny en 2020 y aprisionarlo en 2021; son ejemplos de cuando la imprevisibilidad del líder ruso dejó a los analistas e incluso a los miembros de su gobierno, absortos.

Mientras que los trolls rusos y las máquinas de propaganda llevan a cabo complejas operaciones de desinformación en Europa y Estados Unidos, el control cada vez más estricto del Kremlin sobre los medios de comunicación nacionales y sobre la oposición, caso Navalny, se aseguran de que el público reciba solo la narrativa oficial de los eventos nacionales y extranjeros, lo mismo sucede en China, donde están bloquedada aplicaciones como Google, Facebook, Twitter y varias más, e igualmente en Corea del Norte, donde sus habitantes adoctrinados no pueden usar Internet, que es reemplazada por una intranet nacional de contenidos manipulados por el gobierno.

Asimismo se puede describir el panorama de la información en Rusia como un espacio donde “Nada es verdad y todo es posible”, y donde es difícil diferenciar entre realidad y ficción. Esto también tiene implicaciones de política exterior. Aprovechar el nacionalismo para movilizar al público en torno a ciertos objetivos internacionales —bélicos o no— es mucho más conveniente en un entorno en el que la definición inherente de hecho es constantemente cuestionada por figuras de autoridad.

Mirando hacia el futuro

Si las ilustraciones transregionales pueden enseñarnos algo, es que los autoritarios, una vez en el cargo, pueden afectar la independencia judicial, las libertades civiles y los controles sobre la extralimitación del poder ejecutivo. Más allá de las repercusiones internas, también sabemos que existen implicaciones para la conducción de la política exterior, particularmente en temas de seguridad nacional, donde el ejecutivo tiene más flexibilidad y influencia sobre otras ramas del gobierno. Las tendencias personalistas también impiden los procesos críticos de toma de decisiones políticas, ya que la impulsividad de los líderes individuales megalomaníacos, no estara restringida por opiniones, instituciones o canales de disenso externos. Finalmente: Los fuertes sistemas personalistas, duran lo que la vida del pseudo líder y solo dejan miseria tras de sí. La Historia es testigo.

Magtr.Mercedes S. Giuffre
Magíster en Filosofía y Ciencias Políticas
Traductora Pública Nacional - Miembro del CARI
Directora del CECCHI:Centro de Estudios de Corea y China
Universidad Nacional De Mar Del Plata
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