¿Consumir psicofármacos puede alterar la capacidad para conducir con seguridad?

Por Fernando Poó

domingo 14 de marzo, 2021

Estamos habituados a escuchar que no debemos conducir luego de haber consumido alcohol. La mayoría de las personas saben que el límite permitido de alcoholemia es 0,5 gramos por litro de sangre, aunque es más difícil saber cómo se llega a esa concentración. Conocemos con bastante precisión los efectos que provoca a nivel cognitivo y a nivel motriz. Por ejemplo, sabemos que después de haber bebido respondemos con mayor lentitud, que percibimos peor los estímulos provenientes del tránsito, el ruido ambiente y la luz. Además, sabemos que el alcohol desinhibe y nos hace más propensos a comportarnos de manera peligrosa. Ahora bien, el alcohol no es la única sustancia que las personas consumen y que pueden afectar las condiciones necesarias para conducir. Por el contrario, otras drogas pueden tener efectos perjudiciales, entre ellas, los psicofármacos.

Dentro de este grupo, los más consumidos son los ansiolíticos, específicamente las benzodiazepinas (todas aquellas drogas cuyo nombre finaliza en zolan, y zepam); y los antidepresivos. Los principales motivos por los que se consumen estas drogas son contrarrestar el insomnio, reducir la ansiedad o mejorar el estado de ánimo.

Según un informe de la SEDRONAR (Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina), realizado sobre la población comprendida entre los 12 y los 65 años de edad, publicado en 2017, el 15% de las personas consumió tranquilizantes o ansiolíticos alguna vez en la vida, mientras que el 1,3% consumió estimulantes o antidepresivos. La proyección poblacional indica que tres millones de personas consumen psicofármacos en la Argentina. Estos resultados incluyen tanto a quienes consumieron por prescripción médica como a quienes se automedicaron. Es importante señalar que este informe está basado en la respuesta voluntaria de las personas, pero no en registros objetivos. Es posible que cuando las preguntas son sobre temas delicados las personas se sientan inclinadas a contestar de manera no completamente sincera. Por otra parte, el Sindicato Argentino de Farmaceúticos y Bioquímicos (SAFYB) genera estadísticas anuales sobre la venta de psicofármacos. Esta organización registró en el año 2019 la venta de 132 millones de envases de psicofármacos. El envase típico tiene 30 unidades. El consumo de estas sustancia aumenta año a año.

A comienzos del 2020, sin la pandemia declarada, desde el SAFYB estimaban que se venderían alrededor de cuatro millones de envases más. Es posible que ese número haya sido aún mayor.

En cuanto al efecto de los psicofármacos sobre la conducción es importante señalar que pueden generar disminución de la atención, menor capacidad para concentrarse, fallas en las respuestas motoras, aumento de la fatiga, hipotensión y mareos. Una de las expectativas detrás de la ingesta de ansiolíticos es mejorar el sueño nocturno y reducir la somnolencia diurna que causa el insomnio. Sin embargo, muchos medicamentos hipnóticos pueden extender su acción luego de despertar y disminuir la capacidad de las personas para realizar sus labores cotidianas, incluida la conducción.

Todo esto se traduce en dificultades para estimar distancias en movimiento, y menor capacidad para realizar adecuadamente maniobras básicas como frenado, aceleración y dirección de vehículos, y dificultades para la toma de decisiones en situaciones de emergencia. En cuanto al efecto del consumo de psicofármacos sobre la seguridad vial, las benzodiazepinas y los estimulantes incrementan la probabilidad de participar en siniestros y de ser responsable de ellos.

Hay algunos recaudos a tener en cuenta frente al riesgo que genera el consumo de psicofármacos. El primero es que no todos los organismos reaccionan de la misma manera. De modo que es importante conocer cómo responde cada persona. Esto, entre otros motivos, hacen que deba evitarse la automedicación. También es importante ser prudente los primeros días de tratamiento, comenzar con las dosis más bajas posibles y tomarlos por la noche, antes de ir a dormir. Si esto no fuera posible, es recomendable que el consumo sea luego de iniciada la jornada laboral y cuando la persona no tenga que volver a conducir por un período largo de tiempo. Una opción recomendable es utilizar el transporte público mientras dure el tratamiento.

Otro aspecto que requiere precaución es el policonsumo de sustancias, sean recetadas o no. La interacción entre medicamentos puede generar efectos indeseables. Igualmente peligroso puede ser mezclar alcohol con psicofármacos ya que ambos son depresores del sistema nervioso y pueden afectar la conciencia.

A diferencia del consumo de alcohol, el consumo de psicofármacos no suele ser objeto de controles de tránsito. Los controles deberían funcionar como advertencia ante el riesgo, y como medio de prevención. Es posible que la ausencia de controles no colabore para reconocer el peligro potencial. Si bien no todas las personas que toman medicación ven reducida su capacidad para conducir, es importante prestar atención a cualquier síntoma y consultar con el médico los riesgos que pueden generarse.

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