Un paseo en rickshaw

Por Fernando Poó

domingo 11 de abril, 2021

Borges admiraba la literatura nórdica, a la que llegó a través de su amor por la literatura anglosajona. La exaltación de la valentía, las ciudades, y el valor narrativo de las sagas están en su obra. Entre los nórdicos, el nombre de Snorri Sturlusson, el principal escritor medieval de la literatura islandesa, es familiar para quienes han leído sus libros. Otros nombres e historias, reales o fantásticas remiten a ese mundo. Pienso en Borges porque hace un tiempo me encontré con el nombre de Ole Kassow. Kassow es danés, y Dinamarca es uno de los países nórdicos. En el universo borgeano Kassow podría ser un descendiente de la estirpe de Sturlusson, pero la realidad suele ser mucho menos interesante. No obstante, para quienes vemos a la ciudad cada vez más como un escenario de posibilidades perdidas ante el triunfo del automóvil, los países nórdicos tienen el atractivo que los cuchilleros y las bibliotecas tuvieron para Borges.

En Copenhague, una de las ciudades del mundo con la mayor cantidad de viajes diarios en bicicleta, y con una infraestructura para ciclistas que se encuentra entre las mejores del mundo, existe una organización que se llama Cycling without age. Una traducción más o menos literal de ese nombre, sería “Pedalear sin edad”. Como pasa con todo lo que es interesante, hay una historia para contar al respecto. Ole, como gran parte de los daneses, viajaba diariamente a su trabajo en bicicleta. Cada día se cruzaba con un anciano que descansaba sentado al sol en la puerta de un geríatrico. En uno de tantos viajes, la curiosidad lo llevó a detenerse y conversar con ese hombre que tenía 93 años de edad. Era el año 2012 cuando Ole pensó que ese anciano en su juventud, al igual que él en el presente, habría viajado diariamente en bicicleta a su trabajo. Pensó, también, que la vejez no debería impedir la posibilidad de pedalear, o al menos, de montar en bicicleta. Entonces alquiló un rickshaw, que es una bicicleta liviana para llevar pasajeros, parecida a los famosos bicitaxis de la india. Con el rickshaw fue al geriátrico del anciano a ofrecer un paseo gratis a quien quisiera tomarlo. La primera en aceptar fue una señora llamada Gertrude. Ella, Ole, y una enfermera hicieron un viaje que duró alrededor de una hora. Para sorpresa de Ole, al día siguiente lo contactaron del geriátrico porque los demás ancianos también querían pasear con él. Unos días después, desde el Municipio de Copenhague le ofrecieron cuatro bicicletas para poder realizar los paseos. En ese momento, cuenta él, fue cuando comenzó Cycling without age.

La iniciativa está basada en la colaboración voluntaria. Personas todavía jóvenes se ofrecen para llevar de paseo a otras, ya ancianas. El movimiento no dejó de crecer desde sus comienzos. Según la página web oficial de Cycling without age, la organización está presente en 51 países. Las relatos cuentan que después de los paseos, los ancianos que habían estado en silencio por años volvían a hablar, que los que sufrían demencia dejaban de comportarse de manera agresiva y tenían mejor estado de ánimo, y que los que sufrían de ceguera contaban que andar en bicicleta era oír a los pájaros, oler el aroma de las flores y sentir el aire jugando con el cabello. Ole dice que su iniciativa trata de mejorar la vida y crear nuevas relaciones.

El escenario en el que todo comenzó es importante. La percepción de lo que ocurre en una ciudad cambia como función de la velocidad. Ole pudo ver al anciano que fue su inspiración porque al andar en bicicleta seguía conectado con el mundo que lo rodeaba. Los ruidos, los olores, la velocidad tenían una escala que conservaba su dimensión humana.

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