El espacio de las ausencias

Por Fernando Poó

domingo 4 de julio, 2021

Era el tigre de esa mañana, en Palermo, y el tigre del Oriente y el tigre de Blake y de Hugo y Shere Khan, y los tigres que fueron y que serán y asimismo el tigre arquetipo, ya que el individuo, en su caso, es toda la especie.

Un siniestro vial es como El Tigre de Borges, que es a la vez todos los tigres. Es el de esta mañana, el de la noche que vendrá, el de la ruta o el del cruce peatonal. Es el que creímos evitar, el que vimos, el que recordamos alguna vez, el que se multiplica y se repite. La repetición hace al arquetipo, al modelo que a su vez será replicado. Entre sus efectos, sin embargo, no está la belleza, sino la insensibilidad. Para la mayoría de las personas, las víctimas de los siniestros viales se vuelven números en una cuenta que no parece tener significado. Una noticia distante que no cambia nada. Sin embargo, en cada muerte hay una historia que contar. Hay una madre, un padre, un hermano, un hijo, o un amigo. Y no se trata solamente de la persona que muere, se trata también de los que quedan, de cómo afrontar la pérdida y de cómo reorganizar la vida. Las personas cercanas, quienes presencian el evento, y, en algunos casos, hasta los victimarios, que no siempre actúan con negligencia o dolo eventual, tienen que enfrentar las consecuencias psicológicas del trauma, y las consecuencias prácticas que tiene sobre sus vidas.

Cuando yo era adolescente un amigo falleció luego de ser atropellado por un camión a pocas cuadras de su casa. Según creemos, el conductor no lo vio cuando dobló en una bocacalle. Martín, que conducía una moto, falleció casi en el acto. Mi hermano estaba con él, pero, de algún modo que no podemos explicar, consiguió saltar y salvarse. Además de ser amigos vivíamos en el mismo barrio. Al poco tiempo su papá vendió la casa. Eventualmente dejamos de verlo. Creo que unos años después se fue de la ciudad. Nuestro grupo de amigos se deshizo. La muerte de Martín pudo haber tenido algo que ver con ese desenlace, o tal vez no. No todos los grupos de la adolescencia duran para siempre. En la casa de mis padres hubo durante muchos años un portarretratos con una foto suya, la única que teníamos. Nunca hablamos mucho del tema, ni con mis padres, ni entre mi hermano y yo.

Muchos años pasaron y puedo analizar la muerte de Martín más allá del dolor. Como él conducía una moto era un usuario vulnerable del tránsito. Esa denominación no existía por ese entonces, o yo no la conocía en absoluto. En Mar del Plata no era necesario tener registro para usar motos y nadie controlaba si usabas casco o no. Martín no tenía ningún tipo de protección contra el impacto que se produjo en la colisión, como suele suceder con la mayoría de los motociclistas. Las lesiones que condujeron a su muerte se produjeron por la transmisión de energía mecánica del vehículo hacia la persona. Por la misma calle circulaban sin separación, ni protección, dos vehículos de distinto porte, tal como ocurre hoy en día.

Hasta donde recuerdo, la velocidad de circulación era baja. No puedo decir nada sobre las condiciones psicofísicas del conductor del camión. Mi hermano y Martín volvían de practicar deporte, un poco antes de la hora de la merienda.

Existen muchos cambios posibles para mejorar la seguridad vial. Algunos de ellos se basan en una serie de principios que se denominan Seguridad Sistemática que se sostienen en considerar que el ser humano es propenso al error, aún cuando puede estar educado y ser consciente de los riesgos que enfrenta. Por lo tanto, debe reducirse la probabilidad de que sus errores tengan consecuencias negativas. Desde esta perspectiva, el sistema vial siempre debe proteger al usuario más vulnerable. Para ello es necesario rediseñar las funciones y el uso de las vías. El objetivo debe ser separar los vehículos y usuarios por porte y por función. De ese modo se pueden evitar colisiones de alto riesgo. Esos cambios sostenidos en el tiempo reducen las lesiones, y las muertes. También reducen el gasto público que generan, que según la OMS, en países de ingresos medios como Argentina, es equivalente al 3% del PBI. Para tener una idea comparativa, la inversión del país en el sector de ciencia y técnica es del 0,25%.

En el poema El oro de los tigres, Borges, ya ciego, escribió: Con los años fueron dejándome / los otros hermosos colores / y ahora solo me quedan / la vaga luz, la inextricable sombra / y el oro del principio. Esa nostalgia es la que habita el espacio de las ausencias.

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