Un día de furia

Por Fernando Poó

domingo 18 de julio, 2021

En 1993 se estrenó la película Un día de furia. La escena inicial transcurre en un atasco de tránsito debajo de un puente, un día de calor. La tensión se acumula con el humo de los caños de escape, gritos de niños en un transporte escolar, gritos de otros conductores, bocinas, el calor siempre más intenso dentro de los autos, el aire acondicionado que no funciona, la ventanilla que no baja, los mosquitos, el sudor. El conductor, irritado, abre la puerta de su auto; baja desconcertado, duda, pero decide irse. El auto queda atrás. Comienza, a partir de ahí, una sucesión de hechos violentos. En 2020 se estrenó una película que tiene al menos dos títulos distintos en castellano: Salvaje y Fuera de Control. En la primera escena, también en una intersección colapsada de vehículos, una mujer toca la bocina de su auto con enojo e intensidad ante una camioneta que no arranca cuando el semáforo se pone en verde. Luego acelera e insulta al conductor cuando lo rebasa. En la escena siguiente, el conductor ubica su camioneta al lado del auto de la mujer, que está con su hijo adolescente, y comienza a hablarles de una manera que parece amable, pero que refleja una amenaza. Quiere que ella se disculpe, pero ella cree que no tiene por qué hacerlo y se lo grita en la cara.

El hombre, entonces, comienza a perseguirla con la finalidad de hacerle daño. La película es una sucesión de hechos violentos, algunos en la calle, otros no.

Estas películas condensan y exageran (hasta cierto punto) escenas urbanas de agresión y violencia que son habituales. La conducción agresiva es cualquier comportamiento de un conductor que, de manera deliberada, genera una situación de peligro físico, psicológico, o ambos, para otro usuario del espacio urbano. La violencia vial es una forma extrema de conducción agresiva que implica la intención deliberada de causar lesiones, incluso de matar a la otra persona. Los comportamientos agresivos en el tránsito son variados: conducir muy por encima del límite de velocidad, cambiar repentinamente de dirección o de carril, realizar acciones intimidatorias como reducir demasiado la distancia entre vehículos, tocar bocina, meter la trompa del auto, hacer gestos amenazantes o insultar, y/o atacar físicamente a otros, ya sea por medio del auto, con golpes o mediante el uso de armas. Existen distintos factores que permiten entender por qué ocurren estos comportamientos. Entre las psicológicas y personales están la edad, la personalidad agresiva, la hostilidad, o la búsqueda de estimulación.

Entre las psicosociales, la influencia social y el género. También hay temporales, como la hora del día o la presión horaria, y ambientales, como el estado de la calle, la densidad de tráfico, o el clima.

Si bien varones y mujeres no se diferencian en su inclinación a comportarse de manera agresiva, los actos de violencia son más habituales entre los varones. Los jóvenes protagonizan siniestros viales como resultado de la conducción agresiva más a menudo que los conductores de mayor edad. La percepción de falta de tiempo genera estrés que, a su vez, puede favorecer la expresión de comportamientos agresivos. Esto puede ser más marcado en ciertos momentos del día, como las horas pico. En términos ambientales, algunas condiciones climáticas, como las altas temperaturas, incrementan la agresividad de los conductores. Por último, el mal estado de la infraestructura vial puede provocar reacciones de ira, que se traducen fácilmente en comportamientos agresivos.

La conducción agresiva puede ser el resultado de la experiencia de ira, es decir, de una reacción emocional provocada por algún estímulo interno o externo. Cuando es así, exterioriza el malestar emocional experimentado. Pero esa no es la única razón para comportarse de manera agresiva en el tránsito. Cuando el objetivo es obtener alguna ventaja relativa sobre otros, pero sin ninguna experiencia emocional asociada, se trata de un uso instrumental de la agresión. En este caso, es un medio para un fin. El resultado de una acción razonada.

Entender y explicar no es igual a justificar. ¿Se atenúa la responsabilidad de alguien que conduce de manera agresiva o de manera violenta porque existen factores que condicionan su comportamiento? ¿Por qué el incumplimiento de las normas viales suele parecernos más aceptable que otras transgresiones, sobre todo cuando lo hacemos nosotros y no otros?

¿Cómo debemos actuar frente a alguien que, aún conociendo las consecuencias de sus actos, se comporta en el tránsito de manera tal que puede dañar a otras personas? ¿Cómo influye en el comportamiento de los conductores la interacción entre el espacio privado del auto, sus expectativas, y el espacio público de la calle?

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