Caminantes

Por Fernando Poó

domingo 15 de agosto, 2021

El filósofo Friederich Nietzsche escribió “hay que sentarse lo menos posible: no creer en ningún pensamiento que no haya surgido al aire libre y estando nosotros en movimiento, en ningún pensamiento en cuya génesis no intervengan alegremente también los músculos. Todos los prejuicios proceden de los intestinos. Ya dije en una ocasión que la vida sedentaria constituye el auténtico pecado contra el espíritu”. Dicen que Nietzsche era un gran caminante solitario, que llegaba a caminar hasta ocho horas diarias durante las cuales pensaba y escribía en pequeñas libretas. Fabián Casas, escritor y poeta, sintetizó la actitud de Nietzsche con una hipérbole. Dijo del filósofo: Nietzche desconfiaba de cualquier pensamiento que no hubiese surgido caminando.

Aristóteles enseñaba mientras caminaba. Su escuela filosófica, que existió casi mil años, se conoce con el nombre de escuela peripatética. El término peripatético proviene de una palabra griega (περι-πατητικός) que significa paseo. La polisemia de las palabras también actúa en este caso. Peripatos podría referirse al nombre del jardín del Liceo en el que Aristóteles enseñaba, y no solo a la acción de caminar o pasear. Sea de un modo o de otro, allí las ideas se gestaban y se transmitían en movimiento.

Jean Jaques Rousseau escribió en sus Confesiones “(…) no he viajado a pie más que en mis días hermosos y siempre agradablemente. Pronto los deberes, los negocios, tener que llevar un equipaje, me obligaron a echármelas de caballero y tomar un coche, donde subían conmigo el roedor desasosiego, el engorro y la molestia, y desde entonces, en lugar del placer de andar que antes sentía en mis viajes, sólo he sentido el anhelo de llegar pronto”. Dicen que fue caminando que escribió su Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres.

En inglés existe la expresión jay walking que no tiene una traducción exacta al castellano. Describe la actitud de la persona que camina sin prestar atención al contexto que lo rodea. El jay walker, o caminante descuidado es definido desde afuera, es decir, mediante una operación que convierte caminar en un acto con una finalidad, un acto utilitario. El peatón es el corolario o subproducto del automóvil. El caminante con una finalidad es el peatón. El peatón ya no camina para descubrir, para pensar o para aislarse, camina para llegar. En este punto, caminar se convirtió en el coche de Rousseau pero sin el supuesto ascenso a la categoría de caballero. Insistir, como se hace en muchas campañas de concientización, en que todos somos peatones es desconocer el mandato moderno por diferenciarse de los demás, aún cuando en el siglo de las redes sociales la identidad sea un segmento del mercado. El jay walker, quizás sea uno de los últimos rebeldes. El problema es que pone en riesgo su integridad física. La rebeldía siempre fue un poco como saltar sin red.

El jay walker tiene una mente errante (mind wandering). Es decir que su pensamiento sigue su propia corriente. La psicología de la distracción nos dice que la mente errante es peligrosa para el peatón. Si la mente divaga no atiende a su principal función que es llegar a destino evitando los peligros del tránsito. El peatón debe ser responsable de su seguridad, algo que no podemos discutir en el contexto de una ciudad dominada por los autos. El peatón debe caminar de manera defensiva y abandonar cualquier otra intención al ingresar al tránsito. El día mundial del peatón conmemora la primera muerte de una persona atropellada por un vehículo a motor, la inglesa Bridget Driscoll en 1896. Pienso que tal vez sería más interesante y más potente celebrar el día del caminante. La potencia del acto de caminar se impone a la vulnerabilidad del peatón.

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