Una cuestión familiar

Por Fernando Poó

martes 1 de febrero, 2022

Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los niños. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría.
John Wilmot

John Wilmot es una excusa. Me encontré con él pensando en esta columna. Me llamó la atención esa frase que, a simple vista no parece coincidir con los datos más destacados de su biografía. Fue un noble inglés que vivió durante el siglo XVII. Fue poeta, escritor y militar. Discípulo de Tomas Hobbes y de libertinos franceses, decía de sí mismo que sus únicos principios eran el amor por el placer y una buena predisposición por el gozo extravagante. Sus aventuras con ambos sexos y su gran cantidad de amantes no le impidieron casarse con Elizabeth Malet y tener seis hijos (algunas fuentes difieren en el número), a los que se refiere la frase del epígrafe. La vida de sus hijos fue menos visible, aunque una de ellas, Anne, también fue poeta. No obstante, no es su árbol genealógico el que me interesa. Los hijos de Wilmot pueden haber muerto jóvenes o durante la infancia. Esas muertes eran habituales en aquel entonces. Las condiciones de vida en el siglo diecisiete eran muy distintas a las actuales. Sin embargo, las preocupaciones y las dudas sobre cómo educar a la descendencia ya estaban presentes. Muchas veces, el progreso de la humanidad parece ser sólo tecnológico mientras que los problemas morales giran en círculos.

Cuando Wilmot fue padre, los automóviles estaban a siglos de ser inventados, aunque Leonardo Da Vinci había imaginado un prototipo propulsado por engranajes más de cien años antes. Tres siglos después, los automóviles dominaron el mundo. En la actualidad, la causa principal por la cual una familia puede perder un hijo o una hija que tenga entre 15 y 29 años de edad son los siniestros viales. Participar y acompañar de forma activa a los jóvenes en su iniciación como conductores es una manera de reducir ese riesgo. Las percepciones, valores, prioridades y prácticas respecto de la conducción segura que ocurren en una familia tienen un rol importante en la prevención de choques de tránsito. Todos estos aspectos están incluidos dentro del concepto Clima Familiar en Seguridad Vial. Un aspecto fundamental para definirlo es la percepción que los jóvenes tienen acerca de la manera en que padres y madres conciben la seguridad en el tránsito.

El Clima Familiar de Seguridad Vial incluye varias dimensiones. Una dimensión es un continuo que va de menos a más (o viceversa). Para entender de qué se trata, podemos representarla por una recta con el valor más bajo en el comienzo y el más alto en el final. Una dimensión permite comparar a las personas entre sí, ya sea de forma individual o grupal. Las dos dimensiones más relevantes del Clima Familiar, según investigaciones realizadas en Israel, Bélgica, Estados Unidos, Australia y Argentina, son el Compromiso de los padres y madres y el Monitoreo que realizan sobre el comportamiento de sus hijos e hijas jóvenes. Es decir que, si los progenitores están interesados en los comportamientos viales seguros, se comportan de manera coherente con ese interés, están al tanto de lo que sus hijos e hijas hacen, dan mensajes claros y establecen límites precisos, es menos probables que sus hijos se involucren en situaciones de riesgo vial.

Cómo criar a nuestros hijos es un interrogante muy antiguo para el que vivimos ensayando respuestas. Me atrevo a decir que continuará así durante los siglos por venir. Siempre existirán condiciones que generen nuevas preguntas. Por lo pronto, podemos decirle a John Wilmot que, aunque no tenemos una teoría que sirva para todo, los comportamientos seguros, la coherencia y la cercanía, son buenas opciones para que los jóvenes no mueran en el tránsito.

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