De las Cuevas de Altamira a las señales viales

Por Fernando Poó

domingo 13 de febrero, 2022

Los seres humanos utilizamos representaciones gráficas para comunicar el mundo que nos rodea desde hace miles de años. Así como usamos el lenguaje verbal como una herramienta para mediar entre nosotros y el mundo, también recurrimos a las imágenes para transmitir información, ideas e historias que le dan sentido a la vorágine de la realidad. Las imágenes tienen la fuerza de la síntesis. A veces, están atadas a su tiempo.

En esos casos, para poder interpretarlas necesitamos de una guía experta, sumergirnos en la historia del arte, o aprender ese lenguaje como si fuese un segundo idioma. Cuando las entendemos, las imágenes cobran espesor y además de provocar nuestras emociones generan razonamientos estéticos complejos. Una de las representaciones pictóricas más antiguas de las que tenemos registro son las pinturas rupestres. Los hallazgos más sobresalientes se hicieron en España, en las cuevas de Altamira, y en Francia, en las cuevas de Chauvet-Pont d'Arc. De ellas se ha dicho que constituyen la primera forma de transmitir conceptos con la intención de que perduraran en el tiempo. Sin embargo, no hay acuerdo sobre cuál era el mensaje transmitido. Algunas teorías destacan que se trata de los principios de una cosmogonía. También se cree que tenían la finalidad de identificar grupos o tribus, marcar un territorio y vincularlo con un animal totémico en rituales que pretendieran el favor de alguna deidad o la buenaventura para la caza. Una función decorativa se considera poco probable, pero se conjetura que a través de esos dibujos la tribu se acercaba a sus ancestros y dejaba su huella en la tierra. En todo caso, el arte rupestre revela la necesidad primitiva de comunicarnos, de representar costumbres y deseos.

Creo que las señales de tránsito tienen una función similar al arte, con menos espacio para la experimentación y el cambio, pero con historia. Entre las señales viales de la actualidad y las cuevas de Altamira y de Chauvet-Pont d’Arc está el desarrollo de la civilización. Se sostiene que las primeras señales viales fueron obra de los romanos que colocaban columnas de piedra tallada al costado del camino con información sobre el nombre del camino, las distancias y los destinos. Esos códigos se mantuvieron durante la Edad Media, aunque a las señales en piedra se le sumaron los carteles en hierro y madera. Los romanos también crearon mapas sobre los 400 caminos del imperio que llegaron a sumar unos 85.000 kilómetros. La Tabla Petuingeriana es uno de esos primeros mapas de los cuales guardamos registro. En Alemania, en el siglo diecinueve, se creó la primera señal de tránsito precursora de las actuales. Una calavera metálica que se iluminaba por las noches significaba que debía detenerse la marcha. Imagino que el miedo sería la principal razón por la que se detendrían los viajantes, aunque algunos, quizás, acelerarían su marcha, presas del terror.

En 1908, en Roma, durante un Congreso Internacional de Carreteras se establecieron los criterios básicos del sistema de señalización moderno. Luego de un año, cuatro símbolos pictóricos fueron adoptadas por los gobiernos europeos de aquel entonces. Indicaban golpe, intersección, curva y paso a nivel de ferrocarril. En 1931 y en 1949 se realizaron en Ginebra dos convenciones para la unificación de señales de tránsito. No deja de llamar la atención que ambas fechas son posteriores a las dos guerras mundiales. En 1968, la necesidad de estandarizar las señales se reflejó en la convención de la Naciones Unidas que se realizó en Viena. Allí se acordaron 250 señales, símbolos y marcas viales. Pero no fue hasta 1978, luego de la revisión de los acuerdos de las tres convenciones, que comenzó a regir la convención de Viena. Este fue el primer paso para la estandarización de las señales viales al interior de Europa, un proceso que se extendió hacia Asia y África. Así nacieron las señales triangulares que son de advertencia; las de prohibición que son redondas y de borde rojo y las informativas de forma rectangular.

En América, Estados Unidos desarrolló su propio proceso de estandarización de señales viales. Pero eso será tema de otra columna.

Los principales hallazgos en materia de pinturas rupestres se dieron entre Francia y España, por ser una región altamente poblada y favorable en aquellas épocas, pero también en Sudáfrica (Ukhahlamba-Drakensberg), Namibia (Twyfelfontein), Argentina (En las Sierras de Córdoba y en San Luis), Perú (Las famosas líneas y geoglifos de Nazca), Malasia (Gua Tambun en Perak), etc

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