El gimnasio del espíritu

Por Fernando Poó

domingo 27 de marzo, 2022

El mundo es el gran gimnasio donde llegamos para hacernos fuertes.
Swami Vivekananda

Usar algunos verbos en su forma infinitiva es moda. Esos verbos se presentan como mensajes en sí mismos, expresiones que se pretenden guías para el buen vivir. Me gusta pensar en ellos como el gimnasio del espíritu. Vivimos épocas demandantes. El filósofo Byun-Chul Han consideró a todos los esfuerzos por moldear el sí mismo, por reinventarlo, por convertirlo en un proyecto en desarrollo, un elemento constitutivo de la sociedad del rendimiento. Algunas veces, el gimnasio del espíritu trabaja por sustracción. Uno de los ejercicios predilectos consiste en soltar lo que sea que nos genere malestar, una versión, quizás dudosa, de la independencia.

Otro ejercicio es salir de la zona de confort. Es decir, ponerse incómodo a propósito, alimentar la insatisfacción y desafiarse a más. El top tres se completa con un mandato que nos invita, a veces, al despojo y, otras, a la fatalidad. En este caso el verbo nos indica aceptar. Aquí es donde la época nos regala sus simetrías y cruces mestizos. En el campo de la tecnología y de las intervenciones sociales existe interés por conocer cuál es la predisposición de las personas para aceptar innovaciones y cambios. Como el tránsito y la movilidad son ámbitos de intervención social el interés por conocer la predisposición de las personas a aceptar cambios está presente.

En muchos casos, aceptar implica abandonar el confort y soltar viejos hábitos. La promesa, como siempre, es que lo mejor está por llegar. La pregunta que resuena es de qué material estará hecho el porvenir

Existen dos términos muy utilizados en los trabajos que se ocupan de averiguar la inclinación de las personas a adoptar un nuevo comportamiento. Uno de ellos es aceptación y, el otro, aceptabilidad.

Muchas veces esas palabras se usan de manera intercambiable. No está de más decir que algunos campos de la ciencia pueden ser ambiguos hasta que se logran los acuerdos necesarios. A fin de cuentas, la ciencia es una empresa democrática y cambiante. La distinción más clara entre ambos términos surge de entender la aceptación como el grado en que una ley, intervención o dispositivo es aceptado y usado durante un plazo de tiempo prolongado. La aceptabilidad, por el contrario, se refiere a la percepción que las personas tienen de una ley, intervención o dispositivo antes de que sea usado. La predisposición y el interés previo son componentes de la aceptabilidad.

Los estudios de aceptabilidad son importantes porque permiten predecir el éxito de una iniciativa. Es decir, si las personas consideran que alguna acción es aceptable entonces estarán más predispuestas a sumarse a ella, a sacrificar parte de su confort, a soltar lo viejo y abrazar lo nuevo. Algunos ejemplos, en el ámbito de la movilidad y el transporte, pueden ser el establecimiento o la modificación de los límites de alcoholemia, la reducción de los límites de velocidad en áreas urbanas e interurbanas, la construcción de carriles exclusivos para el transporte público, la creación de bicisendas y la ampliación de los espacios para peatones. Un aspecto importante de la aceptabilidad es que se puede influir sobre ella. El gimnasio espiritual nunca cierra, las demandas para estar en sintonía con la época nunca cesan. Como en algunas artes marciales, deberíamos usar la fuerza del atacante para sacar provecho de ella.

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