El miedo egoísta

Por Fernando Poó

domingo 22 de mayo, 2022

“(…) hacerse hijo de sus propios acontecimientos y, con ello, renacer, volverse a dar un nacimiento, romper con su nacimiento de carne”
G. Deleuze

En el libro El Gen Egoísta, Richard Dawkins sostiene la tesis de que la unidad mínima de supervivencia son los genes. Argumenta que los genes construyeron, a lo largo de la historia evolutiva de las especies, máquinas complejas a través de las cuales pueden perpetuarse. Los cuerpos no sobreviven, pero la información genética sí. El ADN tiene un papel muy importante en este proceso ya que transmite el mensaje genético. Además, el ADN tiene la capacidad de acumular cambios o mutaciones que ocurren al azar. Estos cambios azarosos, en interacción con el ambiente que selecciona características morfológicas, etológicas y comportamentales, pueden incrementar la aptitud evolutiva de un organismo. La aptitud evolutiva no es otra cosa que la capacidad para sobrevivir. Cuando un organismo es más apto evolutivamente que otro de su misma especie, o de una especie competidora, tiene mayor capacidad para reproducirse y transmitir su información genética. Este proceso acumulado a lo largo de miles de millones de años y en interacción con otros procesos como el aislamiento geográfico, el aislamiento sexual, o el aislamiento reproductivo, es el responsable de la especiación, o de la diversidad de la vida.

La conciencia sobre el mundo y la conciencia de sí mismo son logros evolutivos. Hasta donde sabemos, la conciencia de sí mismo es una capacidad humana. No la compartimos con ningún otro animal, ni siquiera con los primates más cercanos a nosotros. No obstante, esta conciencia de segundo grado, sigue siendo un enigma evolutivo. El sentido de la vida y la certeza de la muerte están atados a ella. Aunque existen especies que muestran señales de tristeza cuando muere un miembro de su grupo o despliegan comportamientos que se asemejan a rituales fúnebres como en el caso de los elefantes, los seres humanos hemos desarrollado sistemas de creencias alrededor del misterio de la muerte. Tener miedo a morir es una experiencia casi universal. En el extremo más intenso, está la fobia a la muerte, o tanatofobia. En este caso, el objeto de los pensamientos, preocupaciones y síntomas físicos es la muerte misma. Pero más allá de ella, todas las fobias expresan un miedo irracional a que la vida esté en peligro.

Temerle a una araña, a una serpiente, a un lugar cerrado, a un lugar abierto, a las alturas, o a conducir, se originan en la conciencia de que podemos morir.

El miedo es una respuesta emocional adaptativa. Permite identificar y responder de manera automática a las fuentes de peligro. La amaxofobia es el nombre que tiene el miedo irracional a conducir. Como cualquier fobia se basa en analizar la información proveniente de la realidad y asignarle relevancia de manera idiosincrásica. Es común que las personas destaquen uno o más elementos de la realidad sobre los que construyen su temor y desestimen otros, que podrían disminuirlo. Hay fobias que están relacionadas con el asco, como puede pasar con las arañas, roedores o serpientes; otras pueden estar relacionadas con la ejecución, es decir con la capacidad percibida para realizar la tarea, como en el caso de la fobia a conducir. Este temor extremo implica evitar cualquier posibilidad de participar en una situación de riesgo al conducir. Se hacen presentes, el miedo a chocar, a lastimar a alguien o a lastimarse. Este temor puede surgir luego de experimentar un siniestro o no. El miedo genera respuestas evitativas que llevan, en último término, a dejar de conducir. No obstante, todas las fobias tienen solución. Pueden tratarse con psicoterapia. Los tratamientos tienen por objetivo modificar los pensamientos y los comportamientos que rodean el objeto de temor. La re-estructuración cognitiva, la exposición, la desensibilización sistemática, las técnicas de relajación son herramientas disponibles para los terapeutas y sus pacientes.

No importa la trayectoria que tenga nuestra vida, morir es un destino. Sucederá, no importa lo que hagamos. Integrar la muerte en la vida podría ser una forma de no temerle. Aunque no lo sepamos o no lo hagamos de manera consciente, ya sucede, y ha sucedido desde siempre. Transmitimos nuestra información genética a nuestra descendencia, la compartimos con nuestros familiares, muere nuestro cuerpo, pero no la información que lo construyó. Morimos, pero seguimos vivos. Morimos, pero el ciclo continúa.

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