Violencia en Mar del Plata: "La ciudad está partida en dos"

Federico Lorenc Valcarce, director del Grupo de Estudios sobre Violencia, Justicia y Derechos de la Facultad de Humanidades de Mar del Plata, advirtió un "creciente proceso de división social", en el marco de los últimos conflictos violentos que tuvieron lugar en la ciudad.

Por Redacción

sábado 13 de mayo, 2017

La violencia, como modo de resolver problemas interpersonales o conflictos de todo tipo, aparece como un síntoma que se presenta de una manera cada vez más frecuente y preocupante en la realidad cotidiana de nuestro país.

Los salvajes enfrentamientos que a principios de esta semana tomaron como epicentro a los barrios Pueyrredon y El Martillo y, en las últimas horas, el linchamiento vecinal contra un hombre presuntamente involucrado en un caso de abuso sexual en el barrio Belgrano, exponen el grado de conflictividad social que también azota y se reconoce en Mar del Plata.

En un mano a mano con El Marplatense, el director del Grupo de Estudios sobre Violencia, Justicia y Derechos de la Facultad de Humanidades, Federico Lorenc Valcarce, se refirió a la problemática social en el escenario local y advirtió, en primera instancia, un "creciente proceso de división social".

Al profundizar sobre su concepto, el sociólogo, que se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata, aseguró que la ciudad está "partida en dos" realidades. "Hay una zona interior de prosperidad protegida, mientras que del otro lado de Champagnat o Juan B. Justo hay un mundo de pobreza y marginalidad", sentenció.

-¿Qué expresan estos últimos casos de 'Justicia por mano propia' que hubo en la ciudad?

-Por un lado, hay que decir que hay un marco general de violencia que hace que sea posible golpear a alguien, o prenderlo fuego o destruirle la casa, porque se entiende que eso está dentro del horizonte de lo que se puede hacer. Hay falta de regulación o de impedimentos que hagan que las personas sepan que eso no es posible. Y por otro lado, hay en nuestra sociedad una desconfianza en las instituciones que tienen que mediar en estos conflictos. En particular, pasa con la policía y con la Justicia.

Si la idea es que la policía no resuelve estos problemas, que minimiza los problemas y que deja hacer a quienes son definidos como víctimas, y del otro lado la Justicia no actúa en consecuencia, las personas sienten que están autorizadas a recurrir a sus propios medios. Y esto lo digo con independencia de si la policía o la Justicia actúan de ese modo, porque tampoco hay pruebas de eso. Pero es importante que si las personas sienten que no pueden tener confianza en las instituciones, recurran a medios que están directamente a mano.

Hay también un fenómeno que es el tema de la violencia colectiva, cuando personas juntas son capaces de incurrir en comportamientos que a titulo individual no realizarían. Que un grupo de vecinos le prenda fuego la casa a alguien a quien acusan de haber abusado de una persona, ¿Qué tiene de parecido con que le rompan la cabeza a botellazos a un muchacho en una discoteca? ¿O que tiene en común con que en un estadio de fútbol tiren a un supuesto hincha de Talleres de Córdoba desde una tribuna para matarlo? ¿Bajo qué condiciones las personas pueden ejercer violencia, sintiendo que están haciendo algo que es correcto o que tiene alguna justificación? Por eso digo que es un fenómeno que tiene algunos elementos en común con otros fenómenos, pero también tiene las singularidades que acabo de marcar.

-Pero la violencia parece estar cada vez más instalada en lo cotidiano, sea cual sea el estrato social…

-Lo de los linchamientos es mucho más común en barriadas populares. No es solamente que en las clases populares hay más violencia porque las personas tienen una disposición a la violencia para resolver sus conflictos, sino que también ahí hay una relación más desconfiada con la policía o con las instituciones en general. Entonces, si la policía o las instituciones aparecen como algo amenazante, ¿Por qué voy a recurrir a ellos para resolver problemas? Entonces los problemas se resuelven de maneras más tradicionales, que son muy comunes en otros países de América Latina o en el norte de Argentina, donde los conflictos tienden aún hoy a resolverse de esta manera.

-¿Hay entonces una mayor frecuencia de este tipo de enfrentamientos?

-Lo que sucede es que hay ciertos sectores del mercado ilegal de tráfico de drogas que están más expuestos a la violencia, a recibirla y utilizarla, y esto tiene que ver con que se trata de un mercado ilegal, donde no se pueden establecer regulaciones civilizadas y donde todo se resuelve a través de la violencia o a través de la corrupción policial. ¿Quiénes son las víctimas de este mercado ilegal regulado por la policía y la violencia? Sobre todo los pibes jóvenes de barrios populares. Porque el señor que maneja los negocios de la droga desde su piso en la costa o de su chalet en un barrio residencial, lógicamente no se expone a la violencia.

Entonces, los linchamientos o las disputas entre narcos, tienen como escenario a los barrios populares, como en general la violencia interpersonal que lleva al homicidio. Si se miran los mapas del homicidio en Mar del Plata, están concentrados en la zona sur o sudoeste de la ciudad, donde se concentran los barrios más populares. ¿Esto tiene que ver con que estas poblaciones son más violentas? No, tiene que ver con que en ellas, la sociedad despliega prácticas violentas que prefiere no aplicar en otros barrios.

-¿Hay un retroceso de la sociedad a partir de esta mayor frecuencia de las prácticas violencias?

- El tema de los linchamientos o de la justicia por mano propia, se pueden traer ejemplos de la época de la colonia. Y el tema de los enfrentamientos entre bandas, que pueden ser narcos que andan en BMW o que pueden ser pibes que no tienen zapatillas y andan con camiseta de Colón, como pasa en Santa Fe. O sea, pueden ser personas que están matándose y muriéndose en el marco de la resolución de disputas interpersonales, yahora se metió el narcotráfico en su nivel más rudimentario y frágil. En ese sentido, sí hay fenómenos nuevos.

Pero lo que también hay, a partir de estos linchamientos o los enfrentamientos narcos o la violencia de género que no es otro tema menor, es que creo que saludablemente como sociedad nos estamos empezando a preocupar más por estas cosas. Había hechos que hasta hace 10 o 15 años que pasaban mucho más desapercibidos que hoy, y no es que antes había menos homicidios. Había igual o más.

-¿Y qué aspecto preocupante reconoce con respecto a la violencia en Mar del Plata?

-Lo que yo veo en Mar del Plata, que es un poco lo que ves en otras ciudades de la Argentina, es un proceso creciente de división social. Es decir, una ciudad partida en dos. Es una ciudad que tiene una zona costera, donde se vive como se vivía hace 30 o 40 años y hay un relativo bienestar y prosperidad, y otro cordón semiurbano de marginalidad y de violencia.

Lo paradójico es que esos dos mundos no se tocan necesariamente, o al menos no se tocan tanto como a veces las poblaciones atemorizadas del centro piensan. La violencia está concentrada en ese cordón semi urbano, y la fragmentación socio espacial hace que estas poblaciones no se toquen. La pregunta es: ¿Qué tipo de sociedad es esta donde vivimos en una especie de zona de prosperidad protegida, mientras que del otro lado de Champagnat o Juan B. Justo hay otro mundo en el que no tenemos relación?

En ciudades como Mar del Plata, Santa Fe, Villa María, San Nicolás, uno tiende a ver este tipo de esquema dual. Por ahí en ciudades más grandes como Córdoba, Buenos Aires o Rosario está todo bastante entremezclado. Esta división en dos es característica de Mar del Plata tanto en términos socioeconómicos como de violencia.

 

 


 

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