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El día que el ARA San Juan llegó a Argentina, contado por su capitán

Carlos Zavalla se preparó 4 años en Alemania para comandar el submarino en su primera travesía desde Europa hasta la Base Naval de Mar del Plata, a las que arribó un tormentoso 18 de enero de 1986, luego de 29 días de navegación. Lo unen “muchos sentimientos” con el buque, al que cree que “es muy difícil de encontrar”.

Por Redacción

jueves 15 de noviembre, 2018

El Capitán de Navío retirado de la Armada Argentina, Carlos Alberto Zavalla, recuerda con mucha nitidez aquel viaje iniciático del ARA SAN JUAN. Se preparó cuatro años en Alemania para ser el primer comandante del submarino y, relata, en el aniversario de la desaparición del submarino, el día en que arribó, luego de 29 días de navegación, a la Base Naval de Mar del Plata, un jornada tormentosa de verano de 1986.

La construcción del buque fue encargada a Alemania en 1982, apenas antes de que comenzara la Guerra de Malvinas, y fue parte de un proyecto de construcción de 6 de su tipo. Sin embargo, finalmente, solo se hicieron dos: su gemelo es el ARA Santa Cruz, también con asiento en la ciudad. El ARA San Juan fue terminado en 1985 y el 18 de noviembre de ese año se hizo la ceremonia de afirmación del pabellón argentino en su cubierta, en un muelle del astillero Thysen Nordenseewerken, en Emden, Alemania.

“Recibimos el buque a mediados de noviembre del 85. El 18 hicimos la ceremonia de afirmación del pabellón y después una breve navegación de adiestramiento y de comprobación de los equipos. Zarpamos para la Base Naval de Mar del Plata el 20 de diciembre. Navegamos en superficie por el Canal de la Mancha, siempre seguidos por un buque inglés y un helicóptero. Había muy mal tiempo, con fuertes vientos, pasamos por el Puerto de Cherburgo y seguimos hasta el punto de inversión”, narra Zavalla a El Marplatense.

El comandate recuerda que aquellos primeros días de navegación por el Canal de la Mancha fueron de “muy mal tiempo”, en los que el viento golpeaba impiadosamente la vela y el agua entraba por la escotilla. Una vez superada esa primera etapa “con mucho sacrificio”, el submarino continúo su derrotero con una larga travesía de inversión hasta llegar a Mar del Plata el sábado 18 de enero de 1986.

El día que llegamos había un gran temporal en Mar del Plata. Estábamos a unas 50 millas de la costa y el viento ocasionó que se cerrara el Puerto. Tuve la esperanza de que amainara y así fue. Cuando tomamos la enfilación para entrar, salió el sol y fue muy emocionante entrar, pese a la onda que había en la boca del Puerto. En la dársena estaban los familiares y los buques engalanados, tocando las sirenas. Fue reconfortante y muy emotiva esa llegada a nuestra Base, después de tanto tiempo. Yo estuve 4 años fuera del país y mi tripulación, la mitad, estuvo conmigo todo ese tiempo; y la otra mitad, dos años afuera”, rememora, 32 años después, con una emoción palpable en su voz.

Zavalla se recibió de submarinista en 1966 y pasó por distintos tipos de submarinos, en los que acumuló “bastante experiencia” antes de ser el primer comandante del ARA San Juan. “Fui segundo comandante del San Luis cuando desplegamos hacia el sur en el conflicto con Chile y, en el 81, fui comandante del Salta, con el que navegué 120 días en inversión. Después partí para Alemania, donde estuve realizando todos los cursos que se hacen para este tipo de buques y navegué con la flota alemana”, enumera.

Hay diferentes coincidencias que, según Zavalla, lo unen fuertemente con el ARA San Juan. La primera de ellas, que el buque llevara el nombre de su provincia natal. “Fue una casualidad muy agradable para mí que se llamara San Juan. Tuve varias coincidencias. Por ejemplo, el día que votaron el buque fue el cumpleaños de mi mamá, el 20 de junio del 83. Y lo íbamos a recibir el 15 de noviembre, que es el cumpleaños de mi padre, aunque después se demoró unos días esa ceremonia. Y, lamentablemente, se perdió un 15 de noviembre también“, repasa emocionado.

Me ligan muchos sentimientos con el San Juan. Me acuerdo que, cuando hice el escudo del buque, puse la cabeza de un indio huarpe en uno de los cuarteles que lleva el escudo, cuyo contorno coincide, además, con los límites del territorio sanjuanino. Porque los huarpes eran originarios de San Juan. Mi hermano, que vivía allá, me ayudó a diseñarlo y quedó muy lindo”, detalla.

Precisamente, por esa conexión tan especial que lo une al submarino, la noticia de la desaparición de la nave y sus 44 tripulantes fue un golpe muy duro para él, que sigue con atención cada novedad en el operativo de búsqueda. “La noche en la que me enteré de la desaparición fue de mucha angustia, que se prolongó con los días y, realmente, nos duele y nos hace sufrir. Me imagino los familiares. Nos bombardean todos los días con muchas preguntas, quejas, acusaciones, intereses extraños, y, eso, a los familiares no les hace ningún bien. Yo sufro por los familiares, porque me pongo en su lugar, una pérdida tan repentina e inexplicable es muy dolorosa”, expresa.

Dada su experiencia en la navegación de submarinos y en sus profundo conocimiento del ARA San Juan, Zavalla dice estar “convencido de dos cosas” respecto a las incógnitas que rodean a la desaparición de la nave y sus 44 tripulantes.La primera es que fue un accidenteEsta es una profesión de riesgo y los accidentes ocurren, cuando pasa algo o falla algún mecanismo. La otra cosa de la que estoy convencido es que los tripulantes no sufrieron. Con esta explosión o implosión, fue un final rápido, sin sufrimiento y sin agonía. Ese es el único consuelo que nos queda. Eso nos puede ayudar a superar estos momentos de dolor”, sostiene.

Respecto al operativo de búsqueda -que se ha desarrollado por casi un año sin éxito- el también ex Capitán de la Fragata Sarmiento aseguró que “es una tarea muy difícil que la que se está encarando” dadas las complejidades del lecho marino. “La búsqueda nunca se abandonó, siempre hubo buques de la Armada abocados a esa tarea. El esfuerzo que se ha hecho para encontrar al San Juan no tiene parangón en la historia naval”, asevera.

Por último, cree que la contratación de la empresa Ocean Infinity fue un gran acierto porque “cuenta con los mejores medios y la mejor tecnología para la búsqueda”. “Es la búsqueda más profesional que se puede pedir y la más tecnológica. Pero el fondo del mar, en esa zona, es muy complicado. Hay profundos cañadones, con fosas que llegan a los 1500 metros de profundidad. Es muy difícil encontrar el buque“, concluye.

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