“Hay familias del conventillo que mientras duermen, las paredes se mueven”

Hay más de 25 familias que optan por seguir viviendo en la estructura destruida por el fuego a comienzos de marzo. Se encuentra en peligro de derrumbe, pero aseguran que hasta que no haya terrenos para ellos, no se irán. Ya hay niños enfermos producto de vivir en malas condiciones. Un repaso de un asentamiento ocupado, donde se convive con riegos y la precariedad minuto a minuto.

Por Redacción

domingo 2 de abril, 2017

A casi un mes del incendio que destruyó el conventillo ubicado en Chile entre Bolívar y Moreno, las más de 25 familias que allí vivían, lo siguen haciendo. “Hay casas donde parece que cayó una bomba”, comentó a El Marplatense un grupo de madres consultadas. Pese al gráfico ejemplo, siguen viviendo en el lugar, remarcando “que no tienen donde ir”.

Las consecuencias estructurales generadas en aquella noche del 7 de marzo permanecen. Salvo algunos casos particulares, los habitantes del conventillo, que en su mayoría perdieron “todo” en la oportunidad, intentan reconstruir sus casas a la espera de alguna noticia del Ejecutivo local, principalmente sobre la obtención de algún terreno fiscal para reconstruir, una posibilidad concreta pero sin plazos. Mientras tanto, reparan sus casas entre escombros.

Se observan paredes reparadas precariamente , algunos techos nuevamente hechos de madera y un estilo de vida que trata asimilarse al de antes. Recorriendo los extensos pero angostos pasillos es moneda corriente ver a decenas de chicos, algunos jugando entre los ladrillos y otros en la sucia calle Chile, aún cerrada por motivos poco claros. “Acá vino Baragiola (Titular de Desarrollo Social) a explicar que la calle iba a seguir cerrada para que los chicos puedan jugar”, dijo un comerciante, cuyo local está a pocos metros. Desde aquel incendio, para él también fue un antes y un después. “Ya no viene nadie, cortaron hasta la vereda. Es muy triste, es muy difícil seguir adelante así”, agregó.

Para los vecinos del conventillo resulta difícil ver un futuro a largo plazo. Sin plata, sin pertenencias y casi sin casa. Pese a ello, muchos trabajan a lo largo del día en busca de ir paliando la situación. Otros miran el futuro con resignación, se quedan largas horas en las viejas sillas de playa que se encuentran en el frente del conventillo, dejando pasar el tiempo a la espera de alguna noticia.

Las paredes siguen iguales: Totalmente dañadas, con grietas que solo esperan el envión del viento para caerse. Otras directamente permanecen en el piso. “Hay familias del conventillo que mientras duermen, las paredes se mueven”, reconoció una de las madres consultadas.

Las familias que viven el día a día se les hace más difícil porque la gente está cada vez más susceptible. Con el tema de los alimentos, de la limpieza, del estar hacinados todos durmiendo en un solo lugar”, explicó.

Siguen durmiendo, se siguen quedando, ponen los colchones y duermen. Pero no es vida. Duermen bajo techo, pero todos juntos. Se juntan unas cuantas familias en una habitación. Estamos habitando dos. Son 28 familias”, precisó y siguió: “Lo van manejando con las donaciones, tratando de reconstruir sus casas, hasta que salga lo de los terrenos y puedan tener lo suyo”.

Sobre el dinero que gestionó la Municipalidad, dedicadas especialmente para el alquiler de alguna pensión, indicaron: “Las becas de alquiler las empezaron a pagar hoy y son 1500 pesos por persona. Sólo dos beneficiarios por grupo familiar. Yo creo que 3000 pesos para alquilar no alcanza para nadie”. “El dinero es bienvenido porque ayuda para tratar de reconstruir, porque para alquilar no alcanza, hasta que salgan los terrenos. Alquiler no se puede, lo usamos para tratar de comprar lo que nos falta, alimento, medicación, para esas cosas… ahora la plata no es nada”, comentaron.

Acerca de los terrenos fiscales, afirmaron que ha cambiado la opinión colectiva de los vecinos con respecto a su permanencia en el lugar: “Por el tema de los terrenos fiscales, Baragiola se está ocupando y mucho, por suerte, desde el primer día está a la par de nosotros haciendo por nosotros. Muchísimos se quieren ir y construir en otro lado”.

Al igual que la humedad, las enfermedades rodean a las familias: “Se complica porque hay criaturas y las enfermedades están a la orden del día. Una nena estuvo con vómitos diarreas, hay un nene oncológico. Es complicado”.

En el lugar donde estamos hay peligro de derrumbe. Las paredes están flojas, se mueven, hay chapas colgando. Con chicos en el medio, porque de alguna forma nos tenemos que acomodar. Hay familias que se acuestan a dormir y las paredes se mueven, pero si no, ¿dónde vamos a dormir?  No tenemos donde, hay lugares donde estamos habitando ahora que no tienen ventanas”, expresó angustiada la encargada del comedor, a cargo de un movimiento social, cuya sede está lindero al conventillo.

“Estamos tratando de hacer lo que se puede, llegaron un par de donaciones de puertas y todo. Pero somos 28 familias, muchas veces hasta no sabemos cómo repartir las cosas, porque estamos todas las familias en la calle. Hay nada más que dos viviendas, en cada una están durmiendo siete familias. Hay 45 chicos, más o menos, que los tenemos acá, en la vereda y a la noche nos acomodamos como sea para dormir”, añadió.

“A medida que va pasando el tiempo, uno trata de confiar. Confiamos, si no llegamos  a tener respuesta, ahí vamos a tomar otras medidas, que creo que nadie va a querer que tomemos”, advirtió.

“Se tomó conocimiento de la gravedad de las instalaciones?”, se les preguntó. “Sí, pero no hay otra posibilidad. Tenemos que sobrevivir, estamos pasando un momento malísimo. Llovía y los nenes están comiendo en un gazebo en la vereda.  No sabemos qué hacer”, reconocieron.

Ante un posible desalojo, mediante una orden judicial, contestaron: “No se va a poder, porque somos muchos los vecinos que no vamos a dejar que pase. No tienen otra posibilidad, van a estar acá y muchos vecinos se van a sumar, porque no pueden ir a la calle con las criaturas. Es lo único que tienen por ahora, entonces se tienen que quedar acá”.

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