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Números en rojo: la crisis económica que quiere revertir Mourelle

Con sus conocimientos académicos y la clara afinidad que mantiene con las autoridades del Ministerio de Economía bonaerense, el nuevo Secretario de Hacienda tiene el desafío de intentar estabilizar las delicadas arcas de la comuna. Un repaso sobre las causas que convirtieron a la cartera, en el principal dolor de cabeza del Gobierno de Carlos Arroyo.

Por Redaccion

sábado 21 de octubre, 2017

El reciente desembarco del nuevo Secretario de Hacienda y Economía de la comuna, Hernán Mourelle, trae un aire fresco y de esperanza al Gobierno de Carlos Arroyo, en esa constante búsqueda por intentar revertir la crisis económica financiera que atraviesa al Municipio de General Pueyrredon pero que, hasta el momento, se vio frustrada.

El tecnicismo y los conocimientos académicos del nuevo funcionario, sumado a la clara afinidad que mantiene con los principales referentes del Ministerio de Economía bonaerense, lo convierten en una de las principales llaves a las que deberá apelar el Ejecutivo para reencauzar el rumbo económico.

Mourelle, que también registra un destacado paso por la intendencia de Lanús, se propone como desafío primordial lograr el anhelado equilibrio presupuestario para el Municipio de General Pueyrredon a través de mejoras en la recaudación, y con ello, salir de la dependencia de ayudas externas y así recuperar la previsibilidad y confianza en el ámbito local.

El Marplatense realiza un repaso sobre las causas que fueron desencadenando que la Secretaría de Hacienda y Economía hoy sea el principal dolor de cabeza para el Estado Municipal.

Apenas asumió el Gobierno del intendente Carlos Arroyo, pero ya con ciertos avisos en campaña, se hizo énfasis sobre la famosa herencia recibida, término que tomó trascendencia por la transición del Gobierno nacional y que tomó su correlato en distintos distritos donde se hace hincapié en las consecuencias de malas gestiones en la era kirchnerista.

En Mar del Plata, desde el arranque de la actual conducción se encargaron de repetir que se recibió “una municipalidad destruida, dinamitada y en ruinas”. En definitivas, en una verdadera bomba a punto de explotar. Un ejemplo de ello, siendo una real primera prueba de fuego, fue el pago de los sueldos a los empleados municipales. Arroyo, que asumió el 10 de diciembre, debió realizar rápidas reuniones para pagar los atrasados salarios con fondos que no había. Iba a terminar siendo ese caso, una continuidad preocupante de una rueda, parecida a una bola de nieve en picada.

El 16 de diciembre, en conferencia de prensa, el por entonces titular de Economía y Hacienda, José Cano, y el secretario de Gobierno, Alejandro Vicente, presentaron la Auditoria realizada para mostrar el estado financiero de la Municipalidad.

Por otro lado, se confirmó que presentaron una denuncia sobre la posible comisión de malversación de fondos de la gestión saliente. A su vez, Cano expresó que por primera vez en la historia del Municipio se encontraron dos cheques rechazados por falta de fondos. Estos cheques pertenecían al ENOSUR por un monto de $ 4.101.000- y el otro es del EMDER, por $340.000”.

Desde la Secretaría de Economía y Hacienda se informó que el gobierno saliente cobró por anticipado tasas municipales por casi 51 millones de pesos de los cuales $27 correspondían cobrar la gestión entrante.

Al mismo tiempo, el titular del área expresó que “la gestión saliente afirmó que las deudas era por la cantidad de obras realizadas, sin embargo, se han realizado –desde EMVIAL y el entonces ENOSUR- obras por 114 millones de pesos, lo cual representa solo el 15 por ciento del déficit actual”.

En tanto, sobre la denuncia judicial por malversación de fondos públicos, el secretario de Gobierno dijo que se iba a presentar una denuncia. En ese sentido, los funcionarios sostuvieron que esos informes ponían “de resalto una serie de hechos y conductas que debían ser analizadas a la luz de las leyes”.

Al respecto, días antes, más precisamente el 11 de diciembre. El contador José Cano había dado algunas de esas precisiones de la auditoria, en particular con los números rojos que habría dejado el Gobierno anterior que encabezaba el intendente Gustavo Pulti.

El fallecido secretario de Hacienda dijo por entonces que “hasta el 30 de noviembre de 2015 el déficit de la Municipalidad, sumado a los entes descentralizados, fue de $ 743 millones de pesos, y una deuda proveniente de los entes descentralizados de $ 636 millones, dando como ejemplo que la deuda equivale prácticamente a dos meses completos de recaudación”. Ante ese asunto, aseguró que el Ejecutivo local estaba 6 veces peor que cuando Pulti asumió.

En otro orden, el Secretario de Hacienda se refirió a la planta de personal municipal y aseveró que en los ocho años de la pasada gestión se sumaron más de tres mil empleados a planta permanente, generando un desproporcionado gasto en sueldos mes a mes.

Sobre las medidas a tomar, y tras aclarar que la Municipalidad estaba en quiebra, señaló que la sustentabilidad económica del Municipio dependía estrictamente del apoyo de los gobiernos provinciales y nacionales, metodología que finalmente sería permanente, tal como ocurre con los giros en descubiertos con el Banco Provincia que permite al Ejecutivo hacer frente a las obligaciones, pero generando más deuda.

Desde el comienzo, las problemáticas fueron significativas por la cantidad de deudas y por la cantidad de montos a saldar. Sueldos, proveedores, obras sociales, sociedades de fomento, tribunales de cuentas comenzaban a ser los primeros dolores de cabeza al intendente ante una lista que luego se fue tornando interminable. Ahí se empezó a notar las primeras señales de impotencia de Arroyo.

Ahogado por la famosa herencia y obligado a tener que responder en el mientras tanto con los pagos mensuales, el jefe comunal empezó a no poder plasmar su impronta. Las primeras críticas por la falta de gestión comenzaron a propagarse, un cuestionamiento que Arroyo nunca toleró ya que, según él, le dejaron un déficit de mil millones de pesos, provocando que sea imposible de gobernar bajo esas circunstancias donde “había que apagar incendios constantemente”.

Así lo reflejó al mes de gestión, mediante una conferencia de prensa. Un acongojado Arroyo le pidió a los marplatenses “paciencia” y que “ayuden”. Explicó que “en todo el mes que llevó en la administración municipal, no ha podido comprar ni una caja de escarbadientes. De lo contrario, tuvo que recurrir a la ayuda externa para pagar los sueldos”.

En otras frases, Arroyo dijo: “No hemos podido comprar ni una goma y soy el intendente de Mar del Plata, ya más no puedo hacer, por eso lo menos que esperó es que comprendan y colaboren. Hay un estado de abandono generalizado en la ciudad que es inadmisible, Mar del Plata no fue así. Entiendo que la gente se ha hartado de gobiernos malos pero esto ya cambió, volveremos a ser la Mar del Plata del éxito”.

“Vamos a ganar la batalla, yo nunca perdí una y esta tampoco pienso perderla. Estamos haciendo lo imposible. Tienen que tenernos contemplación y lastima si es necesario, sepan perdonar”, concluyó un angustiado arroyo, con lágrimas en los ojos.

En ese marco, el secretario de Hacienda y Economía, José Cano, informó que se declaraba la emergencia económica por 180 días en el partido de General Pueyrredon, aludiendo a distintos motivos ya descriptos, o bien aportando que el Municipio le debía en ese entonces a 816 proveedores.

La iniciativa, que luego fue prolongada en diciembre del año pasado, explicaba en su primer artículo que de aprobar el cuerpo legislativo la emergencia se podía replantear los principales contratos de prestación de servicios y actos administrativos. Sobre este punto se hizo en énfasis que en realizar “tareas de reordenamiento” y “fijar nuevos plazos, quitas y eliminación de costos financieros” que se detecten en la administración.

Desde el Ejecutivo aseguraron en el proyecto que el objetivo de esta ordenanza fue “superar la crisis económica, administrativa y financiera del municipio” y buscar una administración “ordenada y eficaz” que impulse desarrollo de la ciudad pero con “austeridad económica”. Para ello, el Ejecutivo busca modificar distintos de algunos fondos, por ejemplo, tomar dinero de un área para derivarlo a otro que lo necesite más.

En tanto, el proyecto planteó que no se podían otorgar nuevas exenciones de tasas y hasta autoriza a revisar las otorgadas por la gestión anterior, como así también se limitarían los gastos de publicidad, propaganda y las partidas de protocolo del Ejecutivo y del Concejo.
Como las medidas más bizarras, se destacó la suspensión de los celulares y autos pagados por la comuna.

Por otra parte, quitó las horas extras y la productividad, unas de las principales bonificaciones que se brindaban en el Gobierno anterior. Tras meses de conflictos, el Gobierno pudo sostener su medida.

Llegaba, a su vez, el ansiado presupuesto municipal 2016 que daba un total de 5.059 millones de pesos. Parecía ser el inicio del orden en la gestión de Arroyo. Sin embargo, su confección terminó siendo discutida dentro del propio Gabinete, que, en reiteradas ocasiones, cuestionó puertas adentro su distribución. La necesidad del fondo externo fue recurrente mes a mes, lo que generó paros de municipales, de la recolección de residuos, entre otros temas que tomaron trascendencia.

Semanas después, José Cano dejó la Secretaría. Peleado con la mayoría de los funcionarios, e incluso con el propio Arroyo, le dejó lugar a Gustavo Schroeder, quien regresaba al cargo tras su paso en la gestión del ex intendente Daniel Katz.

La misión de Schroeder no era fácil. Lograr una mejor relación con Provincia y Nación para lograr el apoyo financiero que le permita hacer frente a sus pagos mensuales y, además, a mediano plazo obtener un mayor aporte de fondos para las aspiraciones del Gobierno. El otro desafío era recobrar la confianza del Banco Provincia. El uso del descubierto bancario fue un taboo que terminó Schroeder. El uso de dinero externo para pagar los sueldos nunca puso colorado al reemplazante de Cano, quien dejó en claro que sin ese recurso, no había viabilidad suficiente. Para ello, aclaró que toda acción relacionada con ello iba ser autorizada por el Concejo Deliberante. Esa modalidad generó criticas por parte de Acción Marplatense, ya que el ex intendente Gustavo Pulti fue denunciado por su reiterado uso durante el 2015.

Así pasó un 2016 que lejos estuvo de cumplir con las expectativas. Fue un año que se recordó el paso de la Red de Innovación Local (RIL), aquella organización no gubernamental con especialistas en “asuntos municipales” que había desembarcado en el pasado mes de mayo al Municipio para coordinar un plan de gestión en conjunto con la administración del Intendente Carlos Arroyo. ¿Se acuerdan? En fin.

Al no obtener una buena recaudación, producto de un año donde la población estuvo atenta al aumento de las tarifas esenciales y sin considerar así a la tasa municipal, el Municipio tuvo que lidiar con otro escollo. Sus arcas se encontraban con claros índices de morosidad y las campañas para ponerse al día no cambiaron la tónica. La ecuación era simple. Viajar a La Plata casi semana a semana, algo que lentamente Arroyo comenzó a entender, pese a su resistencia inicial.

Mientras tanto, en la vía judicial, la causa que investigaba los delitos de malversación de caudales públicos e incumplimiento de deberes de funcionario público prosiguieron contra el ex intendente Gustavo Pulti y otros funcionarios de su gestión. La fiscalía de delitos económicos solicitó elevar la causa a juicio oral. Al respecto, Pulti rompió el silencio en dialogó con Radio Mitre Mar del Plata.

Por otra parte, y luego de varias prorrogas, a comienzos de año el Ejecutivo local presentó el Presupuesto Municipal 2017 en el Concejo Deliberante. El monto del Presupuesto elevado para el análisis de los concejales alcanzó los $6.600 millones de pesos, es decir un aumento del casi 30% si se lo compara con el presupuesto del 2016.

La Tasa de Servicios Urbanos (TSU), sufrió incrementos que promediaron el 30 y el 40%. Lo relevante es que se retornó al sistema progresivo, teniendo en este sentido mayores subas aquellas cuentas con mayor poder contributivo.

Entre los principales gastos que asume la Municipalidad se encontraba el contrato con la empresa que brinda el servicio de recolección de basura, el cual alcanzará los 744 millones de pesos, una inversión presupuestaria tan elevada que iguala las partidas asignadas a Cultura, Turismo, Producción y Seguridad en conjunto. A su vez, quedaba demostrado que no habría obras nuevas.

En este presupuesto, el Gobierno solicitó autorización para el uso de descubierto bancario por unos 300 millones de pesos, una cifra claramente superior al de años anteriores. Es decir, que el municipio puede recurrir a fondos del Banco Provincia para seguir haciendo frente a diversos compromisos, por citar un ejemplo, con financiaciones que deberán negociarse en base a los intereses ya vigentes.

En tanto, se destacaron también otros dos puntos. Uno es que el Presupuesto podrá hacer uso transitorio de fondos afectados. Es decir que fondos previstos para turismo, Educación o para arreglar calles, por mencionar simples casos, podrían utilizarse para otros fines, como el pago de sueldos.

A su vez, hay otra curiosa posibilidad que año tras año se repite y desvirtúa el sentido de un presupuesto. Hay transferencias de partidas entre diferentes estructuras programáticas. Esto, en la práctica, quiere decir que el Ejecutivo tendrá la posibilidad de disponer las partidas presupuestarias en forma diferente a las acordadas por el Honorable Concejo Deliberante, ósea que los montos ya descriptos podrían ser sólo números y no establecerse en la realidad.

Con menos conflictos, Arroyo tuvo mayor aire para encarar su gestión. Sin embargo, eso no permitió que tenga autonomía. Lejos de su idea, Schroeder y otros funcionarios debieron viajar mes a mes para conseguir fondos del Tesoro Nacional o del Banco Provincia para cumplir con las necesidades que tuvo el Ejecutivo, en reuniones, llamados telefónicos y depósitos a contrarreloj.

Sumergido en ese contexto, Arroyo ahora recibe a Hernán Mourelle, un funcionario que, para Arroyo, promete aceitar las relaciones con Provincia y Nación para pensar que la sustentabilidad de Mar del Plata es posible y no una utopía.

El arribo de un profesional de características más técnicas que políticas, junto a su estrecho vínculo con el Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires, permitirá el aporte de una óptica novedosa que buscará salidas distintas para revertir la presente crisis.

El Gobierno confía en que los primeros pasos del contador logren optimizar una economía local que permanece en coma, ante una enfermedad que podría transformarse en crónica. La autosustentabilidad, está claro, es el remedio. Y de Hernán Mourelle dependerá la receta para llegar a ese objetivo.

 


 

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